AMIGO, TE ADMIRO

»El Poeta sugerido: Benito Pérez Galdós

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Quiero saber, amigo, si así puedo llamarte,
si puedo tutearte pues que aún no te conozco,
sólo sé de tus versos donde admiro tu arte
lo mucho que disfruto y aquí lo reconozco.

Han pasado unos días y parecen mil años
desde que por fortuna subí hasta tus altares
y me quede abducido dentro de tus rebaños
y hoy ya sé que hay tormenta y está lloviendo a mares.

No me pongas excusas, no digas que el adviento
ha jugado sus tretas y ha llamado a tu puerta,
no he de creer a nadie, no he de creer, lo siento.

Y así logres huir te seguiré buscando
de puerta en cada casa y hasta en la sombra incierta
para que nunca olvides que te sigo admirando.
©donaciano bueno

Es un entrañable compañero de páginas de poesía que me han llegado noticias que está atravesando por momentos difíciles con el deseo de que se restablezca pronto y podamos volver a gozar de su arte e ingenio.

POETA SUGERIDO: Benito Pérez Galdós

Benito Pérez Galdós

LA EMILIANADA

Un ruido sordo en el recinto suena
y los valientes de pavor transidos
contemplen todo con horrible pena
sus furores en miedo convertidos.
La herrada puerta entre sus goznes gira
y en el dintel don Lucas se abalanza
bañado el rostro, que terror inspira,
con la sonrisa cruel de la venganza.
Con ojos de Satán la turba mira,
cual tigre se apresta a la matanza,
cual hambriento cóndor que ve delante
rojo montón de carne palpitante.
Disperso corre el engreído bando
a la vista del jefe furibundo,
con vergüenza y despecho deseando
que se lo trague el ámbito profundo.
¡Esclavo sin razón!, ¿por qué combates?
Humíllate al poder de los magnates.

EL TEATRO NUEVO

En una noche lóbrega,
se cierne sobre el ámbito
de la ciudad pacífica
siniestro ser fantástico.
Es el espectro fúnebre
de aquel poeta extático
que a mártires y vírgenes
y apóstoles seráficos
colores dio poéticos
con sus serenos cánticos;
de aquel cuyos volúmenes,
que algunos llaman fárragos,
contienen más esdrújulos
que gotas el Atlántico.
Al ver la chata cúspide
del coliseo náutico,
una sonrisa lúgubre
bulló en sus labios cárdenos,
y con expresión hórrida
exclama contemplándolo
¿Quién fue el patriota estúpido,
quién fue el patriota vándalo,
que imaginó las bóvedas
de ese teatro acuático?
¡Por vida de san Críspulo!
Que a genio tan lunático
merece coronársele
con ruda y con espárragos
para que el tiempo próximo
en los anales clásicos
le aclame por cuadrúpedo
con eternal escándalo.
Así dijera y súbito,
su rostro seco y pálido
tiñóse con la púrpura
del encendido gánigo,
y en los espacios célicos
corrió con vuelo rápido,
pronunciando los últimos
esdrújulos tiránicos,
que en el espacio cóncavo
repite el eco lánguido,
diciendo en voz lacónica
¡Qué bárbaros, qué bárbaros!

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