LA VENTOLERA

Elidio La Torre Lagares (poeta sugerido)

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La ventolera, la ventolera,
si tú me quieres yo te quisiera.

Yo te prometo, cariño mío
cuando tú quieras soy tu marío,
el que te cuida y el que te adora,
que siempre mima, quien te enamora.

La ventolera, la ventolera
si no me quieres yo te quisiera.

Yo te recuerdo cuando la brisa
me llega al cuello de mi camisa,
cuando en la playa donde te miro
mi alma se arruga dando un suspiro.

La ventolera, la ventolera
si no me quieres yo te quisiera.

Cuando algún día tú te decidas
y sin dudarlo mi amor me pidas,
veré cumplidas mis esperanzas
las que alguien dice que nunca alcanzas.

La ventolera, la ventolera,
te querré siempre ya hasta que muera.
©donaciano bueno

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Elidio La Torre Lagares

LOS HUESOS DE MI PADRE

Todas las formas de la tristeza
venidas en el rostro de mi padre
la tibia aspereza de su barba
decantada en los juegos de sombra
el terror de los años soflamados
en los capilares de sus ojos
mientras me mira,
con piedad, pavor y perdón,
como quien sabe
que los latidos recesan
y abandonan el cuerpo
para llenar otro espacio
un luto en su aliento
predica la tarde fría
donde el cielo se ennegrece
como un hormiguero
mi padre duerme
hecho huesos,
o puentes caídos,
y su voz,
azorada,
se pierde
como cenizas
de una luz.

BIOGRAFIA
[mabón]

Flamboyán de ceniza, eco del fuego,
leso misterio de la despedida::
flama boyante del viento que es viejo::
simetría inválida de mi cuerpo::
lacra mutuante del agua pasada::
la impedancia entre el entorno y el alma::
el fuego encrestado encora el canto
y en mi piel se apagan viejos luceros::
aquí se acaba la carne; se acaba,
pero la voz se criba entre los versos
avejigada en las grutas del tiempo::
el maná falaz desecho en mi boca
como mentiras de azúcar y hojaldre
se imposibilita entre las estrellas//

las constelaciones son jedas vacas::
las constelaciones, mi verbo en gueto::
piedra de ílice, alúmina y flúor;
amarillo alfeñique del mismo sol::
baile ritualista por los desiertos
de las palabras pronunciadas muertas
y arrojadas con estolidez fatal
para estiomenar el centro del pecho
como un responso clavado al aliento::
los días se ensanchan hasta reventar
como muertos solos a la intemperie,
el bilioso amargo de la imperfección::
el tiempo geminado en noche y día,
su gas desgastado en el largo viaje//

el mar embiste y desgasta la isla::
la isla se encoge, degusta el espacio::
el espacio se reduce y te ahoga::
la fe de despertar sostiene al hueso::
la niebla fecunda la curiosidad
y de pronto el corazón tiene alas::
mañanas irisadas por la ilusión,
como la blanca ceguera en los ojos//
por los fines y confines del sinfín
por donde se encenaga un hambre buena,
la misma hambre de las rosas//
el camino es largo y no, no se acaba::
pasos y versos, marcha y poema::
me levanto de un recuerdo, emerjo::

innominable encuentro con mi sombra::
bajo una ingente lucerna de cos,
por donde pasea el otoño vago
mientras deshija la mansa arboleda,
como quitarle el vestido a una mujer
inoculada con tersas palabras,
a quien se le versan dulces encantos
para regalarle el temblor glorioso//
mi rostro intrágico no desfigura
sólo busca la serpiente de agua::
mi mirada navicular se arrastra::
la luna equinoccial se pluraliza::
la fiesta del maíz y el vino empieza::
revivo en la ánfora de una musa.

Dédalo, róbalo,
atardecer índigo-
la lluvia aplasta el rumor tácito
de las penas sin péndulo
vestidas de sándalo-
la soledad se ha puesto tu traje
y me hace un mendigo-
pétalo ácido-
vuelta sin círculo-
que a veces me besas
y a veces me salas-
me complicas en un páramo
dedal de ortigas-
veneno íntimo-
bésame a veces
cuando no, también-
¿quién campanea en tu crisálida? –
mi mar se muere a tu puerta-
lamiente libélua-
crápula y lívida-
esta tarde tísica
se fuga por un ojal-
tálamo pútrido-
tornasol vértigo-
has de mi risa un rosal de razones-
encuentra mi sombra
junto al árbol de ceniza-
soy el esqueleto
que en espera de tu verbo,
se quedó sin carne-
soy la fe de parafina-
soy la ostia mustia
y un arco iris asesina mi corazón.

Fragmento

VI.
La noche giraba como un vasto domo
sobre mi cabeza
donde la luna irradiaba como
un osario de platino.
Sombras poblaban las calles
cual fantasmas viajeros
por esta ciudad
de caricatura en carboncillo.

A final,
mi cáliz espera
una
vaga lepra del alma.

Una mujer pasó por mi lado
pero sus ojos estaban perdidos
en la enajenación de la soledad.
Su traje parecía flotar
sobre la acera.
Llevaba flores en las manos
que no despedían aroma.

Ella no me miró.
O no me vio.
No supe quién era el muerto.

Llanto para una alegría | Poema del 2 de agosto de 2019

A las cinco de la tarde.

Eran las cinco en punto de la tarde.

Un niño trajo la bandera negra
a las cinco de la tarde.

Una cabeza en una bandeja cromada
a las cinco de la tarde.

Lo demás era miseria y sólo miseria
a las cinco de la tarde.

La lluvia mojó consignas y canciones
a las cinco de la tarde.

La incertidumbre en algodón de azúcar
a las cinco de la tarde.

Ya luchan el tiburón y el fariseo
a las cinco de la tarde.

Y un cuerpo desangrado a la espera
a las cinco de la tarde.

Suenan los redobles de pandero
a las cinco de la tarde.

Las trompetas de fuego y de furia
a las cinco de la tarde

En la Calle Fortaleza a son de gritos
a las cinco de la tarde.

La bestia brama pulmón abierto
a las cinco de la tarde.

Los cuerpos en aceite y sudando
a las cinco de la tarde,

cuando San Juan burló el lodo
a las cinco de la tarde,

la ira desovó sus voces de azufre
a las cinco de la tarde.

A las cinco de la tarde un viernes.
A las cinco en punto de la tarde.

Un hombre con serpientes por tripas
a las cinco de la tarde.

Los ojos lloraban la rabia
a las cinco de la tarde.

La muerte vino de lino blanco
a las cinco de la tarde.

La calle en sahumerio de dolor
a las cinco de la tarde.

En el beso libre el tumor agoniza
a las cinco de la tarde.

Las manos tiemblan con piel dolida
a las cinco de la tarde.

La historia azuza el espejo dormido
a las cinco de la tarde

A las cinco de la tarde.

¡La cogida mortal a las cinco de la tarde!
¡A las cinco en todos los relojes!
¡Fue a las cinco el encuentro con la sombra!

(Reescritura de ‘Llanto por Ignacio Sánchez Mejías’ de F. García Lorca)

en Roma con Byron en el Bukowski’s Bar.

Entiéndeme. No soy como un mundo ordinario. Tengo mi locura, vivo en otra
dimensión y no tengo tiempo para cosas que no tienen alma.
-Charles Bukowski

, no tengo tiempo para cosas
que no tienen alma, una palabra
que es motivo de discusión,
ya que es la savia de Lord Byron
para la ciudad que él y yo amamos
como huérfanos del corazón

sentados en el Bar Bukowski, bebiendo a
las lindas chicas italianas. y el vino
a los pies de la Ciudad del Vaticano,
un acto involuntario pero voluntariamente
de blasfemias de dos lobos
que han chupado la leche materna
de esa loba por el Tíber

Roma es vigor, dice Lord Byron
y uno de nosotros tendrá que matar al otro

mundo es tan frágil como nuestra arcilla,
respondo. Byron me dice que podría
haber escrito que

me ne frego, Le digo a Byron

que me desea búhos y arrogancia sobre
escalones de piedras rotas
y templos

, dejamos el bar borracho
mientras las mujeres, atacadas
por las cenizas de Shelley, se besan y cuentan que
hablar de Caecila Metella
con el fantasma de John Keats

es el amor, de hecho , un perro del infierno

Roma nos mira
con sus cien mil ojos
de recuerdos como un sílfide palimpsesto
aerosolado en graffiti

que contiene Childe Harold

nosotros, muy enfermos, en el corazón

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Cuatro casas de adobe, cuatro gatosy en la puerta olvidada la gatera,los labriegos fisgando en sus retratos,y aldabones y pernios a la espera.
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