A BURGOS

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Burgos yace en el silencio. Sus vetustos torreones
negruzcos y enmohecidos, ya no elevan sus canciones,
ya no dan la bienvenida al gentil visitador,
ya no narran las historias de sus héroes sin cuento,
que vencidos en la lucha no quedaron ni un momento
tan valientes y tan bravos como el Cid Campeador.

Y el Arlanza silencioso gime y llora sin consuelo,
Ya no se oyen de los monjes las pisadas por el suelo
al cruzar por los pasillos de la rustica mansión,
Mas aun veo sus figuras con las velas encendidas
a las doce de la noche por los claustros en dos filas
con sus hábitos parduzcos musitando una oración.

Burgos duerme. Sólo se oye el rozar de dulce brisa.
Mas ya aclara, el ángel bueno nos envía una sonrisa
y el primero en quien se plasma es en la hermosa catedral
Y al chocar con sus paredes de oro y plata le deslumbra.
Recibidle burgaleses, es el sol que nos alumbra,
contemplarlo y disfrutarlo, que es belleza sin igual.
©donaciano bueno

“…Yo era un niño del extrarradio, que creció en los barrios industriales. Cuando me acercaba al corazón de la ciudad, ésta aparecía en el horizonte como un espejismo: rodeada de árboles, inverosímilmente hermosa, con sus agujas góticas erguidas como las lanzas de los caballeros medievales. Burgos parecía el escenario de la más simpática y aventurera de las obras teatrales. Edmundo de Amicis tuvo la misma sensación y comparó Burgos con un teatro de marionetas. ¿Se puede vivir en un lugar más alegre, más divertido? Cualquier niño diría que no. …” Óscar Esquivias, La ciudad de los príncipes y los dragones.

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