A UN BANCO AMIGO DE LA INFANCIA

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Hoy he vuelto a sentarme en ese asiento
el mismo en que lo hacía cuando niño
y he visto reflejado su cariño,
pareciera que estaba muy contento
y hasta pude observar me hacía un guiño.

Así fuera que el tiempo haya pasado
él se encuentra fornido, consistente
-le he pasado la mano por la frente-
que hoy he vuelto a ser niño aquí a su lado
con el ardor de un ser efervescente.

Él estaba asentado y yo en su asiento,
ambos dos, viejos tiempos recordando,
él me habló de su vida, yo de cuando
le hacía travesuras. No les miento
si digo cuánto anduve disfrutando.

Tal fue así que sin más se echó la noche
nos dimos con afecto un gran abrazo,
él se quedó algo triste en su regazo
y yo cerrando ando aquí ahora el broche
probando a restañarme el arañazo.
©donaciano bueno

Húmedo está, bajo el laurel, el banco
de verdinosa piedra;
lavó la lluvia, sobre el muro blanco,
las empolvadas hojas de la hiedra.
Del viento del otoño el tibio aliento
los céspedes undula, y la alameda
conversa con el viento…
¡el viento de la tarde en la arboleda!
Mientras el sol en el ocaso esplende
que los racimos de la vid orea,
y el buen burgués, en su balcón enciende
la estoica pipa en que el tabaco humea,
voy recordando versos juveniles…
¿Qué fue de aquel mi corazón sonoro?
¿Será cierto que os vais, sombras gentiles,
huyendo entre los árboles de oro?

¿Te atreves a opinar ? ¡Anda, hazme un favor! Gracias

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