ABRAZOS A CODAZOS/

Vicente Rosales y Rosales (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Engáñate si quieres, tú te engañas,
aquello que era tuyo ya no es, era,
que fueron convirtiéndose en patrañas
sacándote la sangre cual pirañas,
no quieres admitir hoy tu ceguera

No insistas en mirar hacia otro lado
ni al calcetín dar vuelta y convencerme,
quisieras que estuviera equivocado,
que soy un mal amigo, un mal pensado,
que lo hago con maldad y odies ya verme.

No puedes admitir lo que ha pasado,
comprendo para ti se hizo de noche,
de lágrimas tu charco se ha inundado,
las rosas del jardín ya se han secado
en un día sin nombre y sin reproche.

Pues los odios no adornan a una vida
y no debe partirse en mil pedazos
es preciso poner firme a la herida
e iniciar nuevo punto de partida
sembrándola de abrazos a codazos.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Vicente Rosales y Rosales

Vicente Rosales y Rosales

EL RÍO

En las márgenes plácidas y quietas
del río en cuyos bordes me recreo,
el agua entre las piedras del paseo
va formando remansos y facetas.

Rompiéndose en puñados de saetas
del horizonte alcanza el aleteo
con el último y trémulo gorjeo
que se oye del caudal entre las grietas.

En los rumores que en el curso deja
produce el lecho un musical acento
y el cauce hace de tul una madeja.

Sentado en la esmeralda de una peña
yo me mojo los pies y, oído atento,
sigo y repito la canción risueña.

LUCIÉRNAGAS

Relámpagos de un cielo de Saturno,
luciérnagas que pasan por la casa
y logran alumbrar con luz escasa
el aire familiar y taciturno.

Relámpagos juglares de un nocturno
y diminuto mundo que, en el asa
a veces de la lámpara, sin brasa,
por raras circunstancias hacen turno.

O regiones tal vez desconocidas
del hogar en las ánimas dormidas
a medianoche exploran en la sombra.

desde donde encendidas o apagadas
adviértense caer o por la alfombra
rodar cual finas gemas encantadas.

GOLONDRINAS

Dame tu corazón: nido de golondrinas,
de donde salen locas tus pupilas endrinas.

Dame tu corazón: yo te daré las ruinas
de mis noches lunares y mis tristes retinas.

De golondrinas tristes y pupilas divinas
haremos muchas cosas claras y matutinas.

MARIPOSAS

Florecen y son tales. Qué amorosas
Las mariposas del jardín, Dichosas!
Revientan en el aire y de las rosas
tienen ese desdén de su blancura,
y un perfume de inocencia pura
se desprende del alma de las cosas,
son sensitivas, tal las mariposas.

Cuando sueña el espíritu y la duda
se apodera del alma y del ensueño,
qué tierno en su perfume y qué risueño
y qué casta su anímula desnuda.

Noches de luna, de las mariposas
inmaterial como las ilusiones
se entrelaza el suspiro de las rosas
y de las mariposas vaporosas
se embriagan nuestros propios corazones.
(Fragmento)

La canción sin palmas

Un ritmo dócil, una emoción sedeña
En qué vaciar el oro de una canción humana,
Que tenga esa fragancia de la novia risueña
Que deja los corpiños olientes a manzana.

Unos vocablos tristes que hagan melancolía.
Y puntos suspensivos que dan tanto temblar,
Se fugen en un largo suspiro de agonía
¡Despertando un recóndito deseo de llorar!

Dame una gorga, Alondra. Yo cantaré contigo,
Ya que inquieto de celos, como tú ?todo amor—,
Bien me acostumbraría a comer granos de trigo
Y a beberme el rocío que amanece en una flor.

Oculta entre la rama, cubriendo a vientre el nido
Y el ojo redondo todo el oro del sol,
Dar mi trino más diáfano que engañar al oído
De una perla que rueda dentro de un caracol.

Una sílaba larga, larga, larga, muy larga,
En que se fuera toda la musicalidad
Inédita del alma, que se me ha puesto amarga
De succionar el gajo de la Sensualidad.
¡Una sílaba larga! Tan larga que midiera
Mis elasticidades. Y un modo de sentir
Que hiriera alma, silencio, corazón y quimera,
Como sobre una cuerda dulcísimo en que hubiera
Tendido largamente mi ansiedad de morir.

Unos ojos de humilde diafanidad celeste,
Unos labios floridos, sabrosos a panal,
Unas manos perlíferas y un suspirar agreste
¿No serían el claro motivo de cristal?

¡Oh! Canción sin palabras… Amor, novia trigueña,
¡Cielo azul que te acercas a la hora temprana,
A poner tu dulzura personal y risueña
En la paz inefable de mi abierta ventana!

Entonces y además – Blas de Otero

Cuando el llanto, partido en dos mitades,
Cuelga, sombríamente, de las manos,
Y el viento, vengador, viene y va, estira
El corazón, ensancha el desamparo.

Cuando el llanto, tendido como un llanto
Silencioso, se arrastra por las calles
Solitarias, se enreda entre los pies,
Y luego suavemente se deshace.

Cuando morir es ir donde no hay nadie,
Nadie, nadie; caer, no llegar nunca,
Nunca, nunca; morirse y no poder
Hablar, gritar, hacer la gran pregunta.

Cuando besar una mujer desnuda
Sabe a ceniza, a bajamar, a broza,
Y el abrazo final es esa franja
Sucia que deja, en bajamar, la ola.

Entonces, y también cuando se toca
Las dos manos el vacío, el hueco,
Y no hay donde apoyarse, no hay columnas
Que no sean de sombra y de silencio.

Entonces, y además cuando da miedo
Ser hombre, y estar solo es estar solo,
Nada más que estar solo, sorprenderse
De ser hombre, ajenarse: ahogarse sólo.

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