AL AMOR, A SECAS

Juan Sánchez Peláez (poeta sugerido)

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A ese amor que no se encuentra,
el mismo, al que se ha perdido,
al que sabes nunca ha sido,
que su amor no trae a cuenta.

Al que al alma la revienta
pues quisiste y no te quiso,
a aquel que surgió remiso
y al amor no representa.

Al que alguno se lo inventa
o que fue dubitativo,
al que huyó, o al fugitivo
que te cantó las cuarenta.

A ese amor que no fue amor,
no pasó de un pasatiempo,
pues surgió en un mal momento
sin dejarte un mal dolor.

A ese malo, retorcido,
el que tú no te mereces,
que empezó con sus sandeces
y acabó dando un ladrido.

Al suave, ese delicado
que en tus labios, tus mejillas
se colgaba, maravillas
y al final ya te ha olvidado.

A ese amor tan impreciso
que surgió como una estrella
tan radiante luz, tan bella
la que sólo fue un inciso.

A ese amor empedernido,
el que nunca se atraganta,
se hace un nudo en la garganta
pues que nunca está dormido.

A ese que no te gustaba
y en tu cama se metió
con su sexo engatusó
y por siempre te atrapaba.

A ese que nunca alcanzaste
con el cual siempre has soñado,
el único que ha quedado
el más fiel, que no fue al traste.

A todos sin distinción
por sus motivos diversos
aquí dedico estos versos
y a todos pido perdón.

Pues se sabe, el corazón
a sufrir no se acomoda,
y así fuera éste rapsoda
nunca él hace una excepción.

©donaciano bueno

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Juan Sánchez Peláez

En la noche dúctil con un gladiolo en tu casa

En la noche dúctil con un gladiolo en tu casa
En la noche, escucha,
Oh frágil vanidad en los brazos,
Y tu sueño pesa viviente como ráfaga del río.

Más allá en los vergeles
Prueba, verifica mi debilidad y mi fuerza.
Mi camino que ignoro hasta encontrar tu paso, tu huella
Tibia en la tierra,
El nacimiento del nuevo día.

El cuerpo suicida

Rosa invisible rasgo puro
Venas subyugantes como lámparas de nieve
y mi espejo en su lecho fratricida
Iba hacia ti
Desde la negra edad de mis orígenes
Iba hacia ti
Cuando la luna ondea en mis sienes desatadas
Caías de rodillas con un racimo de frutas.

Los perversos ojos del cielo recubren tu llama
La espiga vigilante adentro
En las zonas del silencio donde la luz no llega.

Yo veía un niño agonizando en los jardines
El que arrojaba uvas delirantes a las duras bahías
Y los cuerpos ahogados en la noche
Cuando arden cenizas en la magia de Dios.

Yo he visto alfombras proteger sus rebaños
de ignorancia
Altares y arcos
Los senos, bases de fuego fascinante
El perfecto hábito del semen
Joya de abismo, taciturno enigma.

Diálogo y recuerdo

Este apasionante encuentro con la doncella subterránea
No fue ovacionado con trompetas de corales.

Encumbrado a ti,

¿El relámpago de mi respiración?
¿El vuelo marítimo de un cisne o un zamuro?

¿Qué signo mío Te iba a despertar?

¿Los buscadores de oro?
¿La campana salobre mecida por el huracán?

Dejadme la pureza del estío y el canto del manantial
sobre los pinos en una hora alta
de paz y alegría.

Huérfano, y sin trompeta, y la mujer que abre su entrecejo
y es una potestad engañosa y el día que es una nube
efímera, y tú que vienes en el Fasto, Es lo natural,
Simplemente reposas o desvarías.

Desde el instante mío:
El que tañe en la raíz del húmedo fósforo
El de pulposo corazón, El que dilapida con
Ojos de ironía la escritura visible,

El de la parodia chirle, El de batir las
palmas, El supliciado, El que huye y tropieza
Con la máscara y el atavío,
El que amaina en la médula,

En algún lugar del camino, con ese regusto anticipado
del pueblo en que ibas a poner pie,

En la ruta, a remolque; nulo, A
Tiro de fusil.

Belleza

Interrumpida mi plática, vuelvo a hablar contigo de la partida y el regreso.
Todo sucedió a vuelo de pájaro, belleza: a la
vez mundo compacto, cerrado y libre. Al abrir los ojos en la
llama fría, era un lorito ufano; te busqué de verdad, lamía en
la sombra tus huesos, santa perra. Aunque me ausentara de
ti, aunque me cubriera el ridículo, aunque estuvieras más
allá del resplandor que me envuelve; quizás cercana a la
bahía, en pleno mar de verano, en medio de las palmas reales.

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