AMOR FINGIDO

»El Poeta sugerido: Manuel Felipe Rugeles

 

¡Quién conoce mejor lo que es amor, quien lo ha vivido
que sor Juana Inés de la Cruz, poeta en el convento!
¡Quién mejor ha conseguido expresar el sentimiento
que se tiene por la ausencia y penar del ser querido!

Ese amor espiritual, quizás carnal o amor de amigo,
da igual, sentido que nunca desfallece al desaliento,
la naturaleza, a todo lo que es vivo, amor cautivo,
inseparable anudándose al placer y al sufrimiento.

Amor al fin y al cabo, que no dejamos al olvido,
que a veces, voluble, viene y va según le sople el viento,
profundo sentir del alma, feliz o amor herido.

¡Cómo te busco, amor, en dónde, indica, te has metido!
Pasión, adoración, cariño, afecto, mi ansiado ungüento,
quisiera hoy encontrar, más huye ya de mí, si amor fingido.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Manuel Felipe Rugeles

Manuel Felipe Rugeles

Por mi corazón adentro

Soy montañés y lo digo
porque montañés me siento.
Madre: mirando uno el mar
de cerca se sueña lejos.
Parece que el agua tiene
la luz de todos los puertos.
Y en cada puerto hay un barco
que nos lleva a mares nuevos.
¡Cuánta nostalgia de ti
y de la aldea yo tengo!
Nostalgia de ver azul
de colinas en invierno.
De mirar verde en los valles
y mirar niebla en los cerros.
De beber agua en cascadas.
De cortar el maíz tierno.
De seguir con los rebaños.
De ver nacer los luceros.
Madre: los pájaros llaman
a la puerta de mi sueño.
Madre: la aldea camina
por mi corazón adentro.

La Aldea

En mi aldea
cuando niño
nunca creí en otra aldea,
nunca soñé en otra tierra.
Recortaba sus crepúsculos
y apacentaba sus nieblas.
Cristales me daba el río,
pájaros me dio la huerta.
Con un caracol de monte
vida tuvo una flor nueva.
Preso entre cuatro horizontes
pasé mi niñez entera.
Después descubrí un camino
Nacido al pie de mi aldea.

Cántaro.

Vamos a entrar cantando
hasta encontrar la hebra
del primer trino en algún árbol.
Vamos a entrar despacio
hasta el follaje denso
donde el sol llega apenas en jirones
dorando la tierra y las raíces de los cedros.

Tu presencia y la mía
en el bosque la esperan hace tiempo los pájaros.
Tu presencia y la mía

Oración para clamar por los oprimidos.

El agua,
el aire,
el sol
y el pájaro del alba,
desde la sombra
aman tu presencia
en la tierra.

Es tu poema.
Gracias damos a Ti porque en él dejas
la armonía y la luz de tus palabras:
el agua,
el aire,
el sol
y el pájaro en el alba.

Dorada estación.

Y aquel Antonio Machado,
de soledades lejanas.
El clavel de los domingos
siempre abierto en la montaña.
Y la plaza con un sol
y la niña en la ventana.
Las violetas de la Ermita
que adornaban tu solapa,
y el agua dulce del río
que hoy no alegra tu garganta

Errante melodía.

Este hombre es el mismo que conocen los siglos.
Vencedor o vencido, filósofo o esclavo,
justo o impenitente, conforme o vengativo.

Este hombre es el mismo
que ha tirado el guijarro o ha asomado la venda,
que ha escondido el puñal o ha cortado la rosa,
que ha erigido el patíbulo o ha apagado la hoguera.

El que avivó la ira o prendió la alegría;
el que vistió la púrpura o el que anduvo desnudo
o lloró frente al mar o atizó la tormenta.

Memoria de la tierra.

Es ésta ciudad
de los muertos. Los muertos no llorados.
No recogidos. No enterrados. Muertos
que se pudrieron en la sombra, junto
a la casa y al árbol y a la fuente
de piedra milenaria. Sólo muertos
que de un límite a otro de la tierra
quedaron a su hora abandonados
como estiércol regado entre la yerba,
entre la paja seca, sin rocío,
quemada por el ala del arcángel
rebelde, sin piedad, bajo los cielos.
Elegía a una ciudad muerta.

¡Canta Pirulero!

Luz de la mañana y verde
mansedumbre en todo el campo.
Luz de la mañana y verde
mansedumbre en todo el campo.
Suelta la vieja copla
sobre los lentos rebaños.

¡Ay, la vaquita de ordeño
tan mansa, tan silenciosa!
¡Cómo lame al becerrito
y como mueve la cola!

Panzuda y con esos ojos
claros que el cielo retratan
¡ay, cómo todas las tardes
vuelve del campo a la casa!

¡Ay, la vaquita e ordeño
con las dos orejas blancas
y un lucerito en la frente!
¡Parda piel y negras manchas!

¡Ay, la vaquita de ordeño!

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