AMOR INOLVIDABLE

Poeta sugerido: Alicia Aza

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Tú, amor inolvidable, amor sincero
di ¿dónde estás, en dónde te has metido?
mi sed quiero saciar, abrevadero,
obviando desengaños que he sufrido.

Permite que te diga que aun te quiero,
tu imagen nunca al aire se ha perdido,
cada instante que pasa yo aun te espero,
como nadie queriendo te ha querido.

Que así tú me recuerdes altanero
cansado estoy, maltrecho y malherido,
y solo junto a ti sueño el parnaso.

Que sigo ansiando ser tu bandolero.
Si nunca has de volver por donde has ido
morir prefiero, amor, al cielo raso.

Y firmo este estrambote por si acaso
este aviso es vanal e inconsistente,
en prueba que el que escribe esto no miente.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Alicia Aza

Alicia Aza

CIPRESES CUSTODIOS

Como árboles nacemos y morimos
sin que medien preguntas habitamos
la libertad ausente, sombra frágil.
Pequeño ciprés fúnebre, lamento
de muerte que cautiva siempre llega.
Lloramos a los lares derrumbados
antiguas plañideras empujadas
velan la voz divina de Caronte.
Tegumento de vacuos despertares
belleza de mujer con larga vida
de astillas aromáticas, madera
resistente que lanza a un largo viaje,
flota que se aventura hacia la nada.
Entre sombras efímeras rozarte
eclipsada con ramas silenciosas
espinas en las lápidas hoy lloran
en agonía de otras vidas muertas.

LA GOLONDRINA MERODEA ENTRE EL MAGNOLIO

En la penumbra de los días
se desvanece lo vivido
en los misteriosos susurros
lento marchitar de las flores.
Tus labios, sépalos robustos
que dulcifican la sonrisa
de un cáliz poseedor de néctar,
se condensan en mi memoria.
Mientras me esfuerzo en ser corola
alentadora de suspiros
muestro los colores de un ave
cuyo nombre tú me enseñaste.
Negro, azul, blanco, trilogía
de la noche aterida y mansa
cuando sólo es una mañana
apaciguada de domingo.

EL SILENCIO DE LAS CIGARRAS

(T.W. Higgison llega de visita a Amherst)

Dejaron de cantar nuestras cigarras
y acudí a rescatarte por otoño
al lugar de las tierras arcillosas
donde sembré cosechas de esperanza.

Un recuerdo se esconde persistente
tras las hojas revueltas en los prados
que cansadas esperan a ser humus
alimento de tristes recompensas.

Fuiste sueño inflamado con los días
insomnio recurrente en las penumbras
sendero melancólico de estrellas
partícula de sabia retardada.

Hoy he vuelto a por la siembra madura
de los sueños ocultos y exiliados
y sólo el polvo guarda tu memoria
en la tierra cubierta por el fango.

EL SONIDO DE LOS ABEDULES

(El sueño de Katherine Whitmore)

No puedo prescindir de ti ni apagar estas voces
que siguen viajando por arquitecturas remotas
y al regresar contemplan la mesa donde una vez
dejamos de extrañarnos
para cuando ya no sean necesarios
los mensajes ni la letra teñida
con los colores de la bandera que nos reviste
no tenga que moverme de tu lado
y tú sigas hablándome con tu voz liberada.

LAS VENTANAS DEL ALMA

Me pierde la amplitud de tu palabra
nadie acude vencido a rescatarme
ni siquiera el amor que siempre guardas.
Perdido surcaré por el mar roto
de tus días y tus noches solitarias
tus ausencias y los tristes silencios.
Y velaré de tu sueño expectante
por si el destino un día estremecido
me permitiera ver la clara bruma
de la ventana de tu alma cautiva
preludio de los pasos que dirijo
a la casa que espera mi regreso.

CARTOGRAFÍA DEL TIEMPO

Somos viajeros libres de la vida
nómadas con maletas de inquietudes
por la senda que llora bajo el cielo
engalanado de promesas nobles.
En la eternidad de tus ojos grises
despiertas en la noche sin embozo
y arrastras los deseos inconclusos
brújula de una cueva de pasiones.
Recorro tu mirada empedernida
por el mapa que tú misma construyes
y busco ese lugar de arquitecturas
que sólo lleve el nombre de tu tiempo.
Somos esclavos fieles de la muerte
que llega sedentaria del remanso
y difumina las heladas horas
en los inviernos de la verdad blanca.

ESTALAGMITAS EN EL JARDÍN DE INVIERNO

No sentirás más frío
tras la excelsa vianda
ni palparás los huesos
de los frutos cortados
siervos de tu deleite.
Se extinguirán las rutas
de la gélida niña
con los brazos que roban
en el jardín de invierno.
Quedará una violeta
rival de tu vigilia
puñal de tus temores.
Y perderás el brillo
de las lágrimas ciegas
estalagmitas tristes
de la flor de febrero.

LOS LÍMITES HELADOS DE TU AUSENCIA

Cuando no duermes a mi lado quiebra
nuestra esencia y licuada se derrama,
malvado sedimento de inquietudes
que envejecen mis ojos aturdidos.
La noche se subleva caprichosa
extendiendo su mano por el cráter
que tu cuerpo, la escolta de mi vida,
ha dejado en los límites helados.
Los minutos se vuelven balaustrada
de los reproches que se desvanecen
al paso de los sueños que titilan
con zumbido constante por tu ausencia.
Cuando no duermes a mi lado todo
alrededor se vuelve pesadumbre
y mis costumbres son desconocidas;
lo que construimos es como el destello
de un ritual que me arrulla persistente.

Cuando mate al mosquito con mis labios
pronunciaré palabras de esperanza.

PALABRAS DE ESCARCHA

Eres sol retenido en el crepúsculo
del invierno de tus días descalzos
que hicieron prisioneras tus mañanas
de ciegos despertares a la vida.
Tus ojos te mendigan amapolas
que recuerdan la infancia sin consuelo
poseedora de tu dicha distante.
Hoy sólo te mantienen los zumbidos
de los recuerdos de tus pies mojados
en agua que se vierte por la escarcha
en la orilla de las palabras tenues.
Pronto llegará la noche serena
y el cielo teñirá cromado tono
de soledad velada con tu gesto.

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