AMORES QUE SE VAN

»El Poeta sugerido: Pedro de Oña

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Amores hay que se van,
amores que ya se han ido,
los amores que ahora están
posiblemente se irán
por donde antes han venido.

Amores que son dolores,
amores de compromiso,
¿quisiera saber, señores,
por qué hay algunos amores
que marchan sin previo aviso?

¡Quién te ha dicho a ti mujer,
quién te ha contado ese cuento
de aquel principito fiel
que encontraste en tu anaquel
que no se lo llevó el viento!

El amor es esperanza,
es un sueño, una ilusión
¿una celda, una prisión?
es un juego, es una danza
que termina en posesión.

¡El amor es fantasía,
el amor es la locura!
Espero que alguien un día
me explique con valentía
cómo el desamor se cura.

Cada quién es cada cual,
para el gusto los colores,
¿qué es el amor sin rival?
le faltaría la sal
a ese cóctel de sabores.

El amor es racional
-comprendo que no es correcto-
más no llegará al final
si al efluvio emocional
no aplicas el intelecto.

Concluyo esta exposición
afirmando ¡es mi lamento!
que ya la pasión no siento,
más lanzo a cual sea el viento
que ¡al fin disfruto el amor!
Y con esto me contento.
©donaciano bueno

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POETA SUGERIDO: Pedro de Oña

Pedro de Oña

El arauco domado (canto XI – fragmentos)

Así volvió rabiando nuestra gente
y ardiéndose en coraje de corrida
por verse de los bárbaros corrida
a vista de su ejército potente,
el cual, como el contrario ve de frente,
entrársele con furia esmedida,
movió su fuerza toda a recibillo
habiéndolo mandado su caudillo.

Mas el furor y estrépito era tanto
con que el poder incrédulo venía
que, salvo el valor de don Garcia,
en otro cualesquier causara espanto.
Estuvo por los suyos puesto a canto
de peligrar su crédito aquel día,
por solo haber tenido tal desorden
a no le hallar los bárbaros el orden.
……….
Como las ondas temidas que vienen
sus vientres más que hidrópicos alzando
y el trono celestial amenazado
en dando con las peñas se detienen;
y como allí les hacen que se enfrenen
en su dureza el ímpetu quebrando
se ven así quebrar las Indas olas,
llagadas a las peñas españolas.

Mas bien, como esas ondas no pudiendo
romper por las barreras peñascosas,
revientan de coraje y espumosas
están, aún siendo frígidas, hirviendo,
así los enemigos no rompiendo
las contrapuestas armas poderosas
comienzan a hervir con nueva rabia
subiendo ya su cólera a la gabia.

Revuélvense con los campos en un punto
el poderoso Arauca y fuerte España,
cuya mezclada sangre al suelo baña,
nadando en ella el vivo y el difunto.
El humo, el fuego, el polvo todo junto
al sol, al cielo, al aire a la campaña
ofusca, ciega, turba y oscurece
y el mar de tanto golpe se ensordece.

CAUPOLICÁN

Deja el arco y las flechas,
Hermosa Fresia mía,
Mientras el sol con cintas de oro borda
Torres de nubes hechas,
Y declinando el día,
Con los umbrales de la noche aborda.
A la mar, siempre sorda,
Camina el agua mansa
De aquesta hermosa fuente,
Hasta que su corriente
En sus saladas márgenes descansa:
[p. 203] Aquí bañarte puedes
Tú, que a sus vidrios en blancura excedes.
Desnuda el cuerpo hermoso,
Dando a la luna envidia,
Y quejaráse el agua por tenerte;
Baña el pie caloroso
Si el tiempo te fastidia;
Vendrán las flores a enjugarte y verte,
Los arboles a hacerte
Sombra con verdes hojas,
Las aves armonía,
Y de la fuente fría
La agradecida arena, si el pie mojas,
A hacer con mil enredos
Sortijas de diamantes a tus dedos.
De todo lo que miras
Eres, Fresia, señora:
Ya no es de Carlos ni Filipe Chile;
Ya vencimos las iras
Del español que llora
(Por más que contra Arauco el hierro afile)
El ver que aun hoy destile
Sangre esta roja arena,
En que Valdivia yace.
Del polo en que el sol nace,
Adonde sus caballos desenfrena,
No hay poder que me asombre:
Yo soy el dios de Arauco, no soy hombre.
Pídeme, Fresia hermosa,
No conchas, no crisoles
De perlas para alfombras, sino dime:
«Caupolicán, enlosa
De cascos de españoles
Todo este mar, que por tragarlos gime;
La fuerte maza esgrime;
Hazme reina del mundo;
Pásame, dando asombros,
Sobre tus fuertes hombros
Desotra parte deste mar profundo;
Y adonde Carlos reina,
Di que de Chile soy y Arauco reina.»

FRESIA

Querido esposo mío,
A quien estas montañas
Humillan las cabezas presurosas,
por quien de aqueste río,
Que en verdes espadañas
Se acuesta, coronándose de rosas,
Las ninfas amorosas
Envidian mi ventura:
¿Qué fuente, qué suaves
Sombras, que voces de aves,
Qué mar, qué imperio, qué oro o plata pura,
Como ver que me quieras,
Tú que eres el señor de hombres y fieras?
No quiero mayor gloria
Que haber rendido un pecho
A quien se rinde España, coronada
De la mayor victoria…
Ya la española espada,
El arcabuz temido,
Que truena contra el cielo,
Y rayos tira al suelo;
Y el caballo arrogante en que, subido
El hombre, parecía
Monstruosa fiera que seis pies tenía,
No causarán espanto
Al indio que rebelas,
Cuya libre cerviz del yugo sacas
Del español, que tanto
Le oprimió con cautelas,
Cuya ambición de plata y oro aplacas;
Ya en tejidas hamacas
De tronco a tronco asidas
De estos árboles altos,
De inquieta guerra faltos,
Dormiremos en paz, y nuestras vidas
Llegarán prolongadas
A aquel dichoso fin que las pasadas.

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