BYE, BYE, AMOR

»El Poeta sugerido: Sabrina Usach

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Sentí el impacto del puñal certero
a el corazón abriéndome una herida
al tiempo que anunciaste tu partida
diciéndome al final “ya no te quiero”.

Raudos los fantasmas invadieron
tan débil mi esperanza dolorida,
una vez más, otra ocasión perdida,
¡por qué es que a mi lo dioses no me oyeron!

Juré, una y mil veces juré y juré,
al cielo clamé execrando tal desgracia
¡qué ingenuo de mi oyendo tu falacia
durante el breve tiempo que te amé!

Triste, infeliz vagué como alma en pena,
la tristeza se adueñó de mi vivir,
¡largo el suplicio, presente en mi sufrir
hasta poder librar de esta condena!

Llegó el otoño y las hojas al pasar
vi como de los álamos caían,
a la primavera tuve que esperar
para caer en la cuenta y observar
de nuevo como mi alma sonreía.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Sabrina Usach

Sabrina Usach

Telar

a la hora de la penumbra cuando solo se escucha
un lejano ladrido de perro incansable retomo
el aparato bendito que me deja oler la lana
y su fragancia a chamiri a jarilla a retortuño
a mullaca -sí tejer es construir el pasado yendo
hacia adelante- corre por la piel un sordo rumiar
de animales andinos en vez de hierba parecen
alimentados a fuerza de silencio miran estoicos
la inmensidad avanzan de a poco dispares
son como cardones con múltiples espinas raídas
por el viento algo de esa aspereza refulge
en cada movimiento de urdimbre a urdimbre
-me hago la idea de sus ofrendas para contrarrestar
la culpa de los cueros esquilados y a la intemperie
abrigándose en infinita espera tibetana- intuyo:
han asumido el sacrificio sin queja para decir
la trama de un lenguaje milenario creo verlo apenas
más allá de este texto en las manos estoy tejiendo
mi amuleto con la desnudez de los redentores

Araña

hago un nudo una cadena enlazo engancho y saco
ojalá este ovillo tenga el poder necesario para arrastrarme
por los rincones de la casa que nunca fue mía y rescatar
a la mujercita analfabeta aprendiz de locuras
enlazo engancho y saco
¿en qué momento del otoño de mil novecientos noventa y siete
ya no supe si eran sus manos o las mías las que recogían
el hilo como un niño desnudo y frágil al que abrigar
con el tramado de una lengua desconocida para nosotras?
enlazo engancho y saco
eso de inventarse puntos y enseñármelos bajo la luz tenue
colada a través de la parra bordó a medio deshojar fue la manera
de enredarse en su pedacito de mundo cada vez más ajeno
enlazo engancho y saco
si supiera que hoy mientras ensayo ser insecto se me figura
manipulando saliva -tácita- yendo y viniendo en la red
donde esperó disecarse lentamente
enlazo engancho y saco
no hizo falta guardarla en una cajita de fósforos
porque el único museo que conservo es la aguja
con la que me unió a las palabras que aún intento descifrar
enlazo engancho y saco
si al menos me hubiera dicho en qué vuelta debía torcer los hilos
para que nazca esta breve extensión de mí -invisible pichón-
y terminar ¿debo torcer los hilos? ¿quiero terminar?

Lithops

te recuerdo niña:
desde que nos engendraron como peñascos
cincelados por la fuerza monstruosa de la vida
tirábamos roquitas al agua les dábamos un nombre
porque nos parecía cruel desprenderlas del suelo
y cambiar sus destinos seguramente ahora
que sólo te importa hablar con tus plantas a media mañana
o pasarte horas urdiendo el i ching para hallarte
te olvidaste de la intuición por la que elegiste
aquella piedra ovalada color azulado entre las sombras
de una noche extraña la acunaste jugando a la mamá
y dijiste no sé si llamarla raíz o sangre

¿tu necesidad de nombrarla habrá sido la urgencia
por encontrar el origen de la especie escrita?
sin querer remordíamos antepasados para modular
por primera vez el sentido de estar juntas
con los pies desnudos mojados a la orilla de aquel lago
ocupadas en ablandar con una sola palabra
lo que otros llamaron lava mineral tierra

memoria niña:
de pronto te nacerán huesos y deberás tallar
las cuerdas vocales para definir las manos
que te arrojarán al embalse de tus vibraciones ocultas

Hiedra

un gajo desprendido de la planta madre bastó
para saber que desde mi ventana colgaría
una pequeña selva con el golpe de frescura necesario
para mi cabeza en los últimos días del verano
de dos mil diecinueve olí el follaje un mediodía
y desperté en mi cuerpo fui trepando
por sitios desconocidos coros de vocecitas
acompañaban el vértigo de enredarme nervadura
a nervadura fue cierto lo que dijeron las magas
patología diagnóstico extirpar son palabras
que deberías deglutir hacia el fin de la estación
no voy a contar lo duro que fue ver partir río abajo
a las serpientes luminosas -ellas me protegieron
del intruso hasta asfixiarlo con otras palabras
como tejido anticuerpos obstrucción- en su lugar
eché raíces tiernas como esas hilachas rojizas
que nos raspan los pies al andar por zanjones agrestes
y sirven de nido a microanimales que quieren desovar
ya no puedo salir de mí habito el sistema natural
que me une al mundo y crezco de acuerdo a la luz

Visión

dos horas cuesta arriba para llegar
desde acá observo de un lado el mar absoluto
del otro una vieja cordillera hoy de un verde
semejante al jardín que queremos tener
se mueve algo reconozco la sensación
de lo que está por venir: un picaflor vuela
y se sostiene delante mirándome tu cuerpo
viene del desierto surgido entre dos masas de inmensidad
de tus manos cuelga el penacho que sostiene la cabeza trofeo
rodó hasta vos por minúsculas patrias ungidas de polvo
hablarás con tus espíritus nadadores alados y terrestres
sobre tu cicatriz está marcado el surco por el que regresarán
los cantos del pueblo muerto en estos acantilados
el avecita se pierde entre matorrales oscuros
la persona que amo repara en mi postura fetal y me abraza
la tierra se expande hacia la costa bruta demencial
parece el deseo de una divinidad que quiere salvarse.

tránsfuga

vuelvo a pasar por el baúl voy
de reverso me achico hasta ser
la guacha insurrecta o la mínima
recapituladora de inocencia
busco la otra lengua en lo oscuro
allá en el fondo soy carnadura
de sangre balcánica venida
a otra piedra con esta aguja
magnética en la espalda
entre mezcolanzas de voces
encuentro la mía de pioja andariega
no mera mueca esta que echo a hablar
acá adentro donde huele a barco
es la luz el juego para agigantarme y salir.

bicicleta

gira el pedal avanzo
hay algo quizá
estos nubarrones
que me hacen sentir
como el mecanismo
aletargado de un reloj
—quiero deshacer la cadena del tiempo
ser uno de los cuadros de dalí—
un grito llega de lejos:
es la orden de pedalear
¿será mi hermana
o el piñón que chilla?
trastabilla la mujercita:
huele la nube de polvo
disfruta de tener el manubrio
sin frenos y las ruedas
tembleques a punto de estallar
acomodo el recuerdo
los movimientos se adelantan
los ejes gruñen los primeros truenos
—tengo guardabarros—
llueve.

guachas

me estás mirando ha dicho
la voz del daguerrotipo
quién habla si no es un espejo
—esa voz viene de años—
encontré la imagen
en un cajón de madera
y cuando la toco dice
me estás mirando no sé
de quién es esa voz de mujer
pero creo escucharla desde
algún pueblo abandonado para venir:
la siento llorar en un barco
hacinada entre hombres y paquetes
veo que se acerca al campo
a trabajar la tierra a ser esclava
siento que avanza parturienta
parto tras parto: me llegan los gritos
de los hombres que parió
susurra perdones
viaja a la ciudad
alguien le dio poder:
ahora vota y elige
estudia y enseña
se rebela se divorcia
teje: me cuenta su historia
me acuesto a su lado duermo
me estás mirando
vuelve a decir y despierto
los ojos o la voz que tengo
en las manos se silencian:
me miro al espejo
miro la foto en sepia:
tengo sus ojos
tengo su sexo y su voz.

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