CUÉNTAME

»El Poeta sugerido: Ada Salas

EL POEMA Lee otros poemas de AMOR

 

Cuéntame tus sueños. No me cuentes,
di cómo percibes el futuro.
Háblame de ti, de lo que sientes
cuando observas del río las corrientes
y en su espejo reflejan sonrientes
aquel nuestro conjuro.

Habla, no me digas que no sabes
que el cielo sigue aun de un gris plomizo
por culpa de recelos y deslaves
que hundieron sin permiso nuestras naves
y obligaron a cambiar las claves
de nuestro compromiso.

Habla, por favor, dime algo, espero
que la ansiada un día primavera
haga florecer al limonero.
Dime, ya que sabes que te quiero,
cómo ansío verte en el florero
¡mi, juventud primera!

Y mañana, si ha de haber mañana,
haremos un hueco en nuestra pira
fundiendo en el fuego la desgana,
la hiel que atormenta el alma humana
y morder de nuevo la manzana
quemando nuestra ira.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Ada Salas

Ada Salas

HAY LIBROS QUE SE ESCRIBEN SOBRE LA CARNE MISMA…

Hay libros que se escriben sobre la carne misma.
Son esas cicatrices que nos hablan
y sangran
cuando el tiempo se rinde a su derrota
un puñado de signos que apenas
comprendemos

y eran el beso intacto de la vida.
La sed, 1997.

NO LIMPIAN LAS PALABRAS…

No limpian las palabras.
Alumbran una isla en el lugar
del miedo y extienden una rama
al paso de los pájaros. Acogen
cuanto nace del hambre de las cosas
y mueren en silencio.
Pero su amor no limpia.

Como no limpia el llanto el rastro
de estar vivos.
La sed, 1997.

FUE CANTO ESTE DOLOR…

Fue canto este dolor.
Tiene cuerpo

y caído

lo que fuera el poema. Oscura
vocación de profecía.

La sed, 1997.

LAS PALABRAS QUE DIJE YA NO…

Las palabras que dije ya no
me significan. No sabía que a todo
le sucede lo mismo
y que mueren de tiempo
también
las palabras. O seré yo
tal vez. O seremos lo mismo.

Un oscuro temblor donde resuena
lejos

lo vivido.
Lugar de la derrota, 2003.

POEMA Nº 1

No conocer el nombre de los pájaros
pero
reconocer en ellos
a aquellos que anunciaban el verano. Exactamente
ellos. La misma
inexpresable
soledad. La finísima hoja
azul de la promesa –un pan de oro
limpio
sobre el cielo–. Ese canto abre un túnel
estás
exactamente allí: el níspero
la higuera los rosales –su corona
de luz–
el lilo las celindas
el jazmín
la minúscula flor
del cinamomo.
El melocotonero. No conoces el nombre
de los pájaros
te dicen: lo que esperabas
fue. Aún esa profunda
desesperación
aún
esa belleza.

POEMA Nº 2

Y cuánto horror no cabe
en
la confluencia.
Vengo todo lo traigo
para ti. Un poco más
allá -en una
floración imparable- el mundo
se bifurca el tiempo
se desgaja -ahora
uno es dos
y luego
dos es uno
y luego. Sin parar de nacerse una muerte
tras otra y luego otra
en este huir
de sí
es esta insistencia en la
constante impermanencia de la muerte.

 – – –

A qué región me llegaré a buscarte
ahora que reposas a mi lado
en forma de deseo
hombre
cuya belleza apenas
conocía. Cada día me ciñe
su cilicio de ausencia.
Me has herido de vida desde toda
tu muerte

y no hay sueño bastante a tu vacío.
– – –
Hay libros que se escriben sobre la carne misma.
Son esas cicatrices que nos hablan
y sangran
cuando el tiempo se rinde a su derrota
un puñado de signos que apenas
comprendemos

y eran el beso intacto de la vida.
– – –
La casa que abrigó tu corazón
será una ruina. Furtivos
en la noche
la habéis abandonado.
Oscura en el jardín la tierra removida.
Quise
decir traición

y dije llanto.
– – –
Te has ido como el sol.
Una boca de tierra
te había comulgado. Luego sólo la llama enmudecida.
– – –
No hay nadie

ya lo ves
no hay nada
y sin embargo
esto no es el silencio.
– – –
Y para qué esta herida

esta abertura umbilical
por donde entra y sale
la claridad del mundo

si no me quedan nombres
ya

de tanta transparencia.
– – –
No duerme el animal que busca
su alimento. Huele
y está tan lejos todavia
el aire de su presa.
Y vagara en la noche.
Con la sola certeza de su hambre.
Ciego

porque una vez ya supo

de ese breve temblor
bajo su zarpa.
– – –
Tiene la tarde un gesto de caballo

sorprendido en carrera. La estacion
se descalza y ofrece
tulipanes abiertos
rojas resurrecciones efimeras.

Deber ser esto el tiempo:
el azar o la huida.
– – –
Ya no será la paz.

Han besado
mis ojos

tu terrible desnudo.

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