DE GUÍAS A PARARRAYOS

»Mi Poeta aquí sugerido: Vicente Riva Palacio

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Los padres de mis padres esos padres,
los que antes fueron padres y hoy ya abuelos,
extienden sus fatigas, sus desvelos
y sufren de los nietos sus desmadres
tomando lo que sueltan por los suelos.

Los padres de mis padres, mis amigos,
los mismos, los que a cambio nada piden
-sabido es que su esfuerzo no lo miden-
de todas las trastadas son testigos,
debiendo de aguantar mientras los cuiden.

Que hay hijos que a sus hijos los traspasan
o dan en temporales adopciones.
Los niños tomarán sus biberones
de padres que la música repasan
y aun dudan si han de darles pelargones*.

Se muestran por demás muy dadivosos
haciendo de repadres con sus nietos.
Los niños que no pueden estar quietos
a fuerza de malajes, de mocosos
les muestran con cariño sus respetos.

Los padres de mis padres, ¿qué sería
de quienes tienen niños sin los yayos?.
Aquellos que hoy ejercen de lacayos
antaño al espigar fueron su guía
y hoy son, ya sin dudar, sus pararrayos.
©donaciano bueno

*Pelargón fue la primera leche infantil disponible en España en pleno período de posguerra, fue producida por Nestlé a partir de 1944. Tanta importancia llegó a adquirir que aún hoy se habla de la Generación del pelargón.

MI POETA SUGERIDO: Vicente Riva Palacio

Vicente Riva Palacio

LA NOCHE EN EL ESCORIAL

La noche envuelve con su sombra fría
El claustro, los salones, la portada,
Y vacila la lámpara agitada
De la iglesia bóveda sombría.

Como triste presagio de agonía
Gime el viento en la lúgubre morada,
Y ondulando la yerba desecada
Vago rumor entre la noche envía.

De Felipe segundo, misterioso
Se alza el espectro del marmóreo suelo
Y vaga en el convento silencioso,

Y se le escucha en infernal desvelo
Crujiendo por el claustro pavoroso
La seda de su negro ferreruelo.

LA VEJEZ

Mienten los que nos dicen que la vida
Es la copa dorada y engañosa
Que si de dulce néctar se rebosa
Ponzoña de dolor guarda escondida.

Que es en la juventud senda florida
Y en la vejez, pendiente que escabrosa
Va recorriendo el alma congojosa,
Sin fe, sin esperanza y desvalida.

¡Mienten! Si a la virtud sus homenajes
el corazón rindió con sus querellas
no contesta del tiempo a los ultrajes;

que tiene la vejez horas tan bellas
como tiene la tarde sus celajes,
como tiene la noche sus estrellas.

LA MUERTE DEL TIRANO

Herido está de muerte, vacilante
Y con el paso torpe y mal seguro
Apoyo busca en el cercano muro
Pero antes se desploma palpitante.

El que en rico palacio deslumbrante
Manchó el ambiente con su aliento impuro,
De ajeno hogar en el recinto oscuro
La negra eternidad mira delante.

Se extiende sin calor la corrompida
Y negra sangre que en el seno vierte
de sus cárdenos labios la ancha herida,

y el mundo dice al contemplarte inerte:
“Escarnio a la virtud era su vida:
vindicta del derecho fue su muerte”.

EN EL ESCORIAL

Resuena el marmóreo pavimento
del medroso viajero la pisada,
y repite la bóveda elevada
el gemido tristísimo del viento.

En la historia se lanza el pensamiento,
vive la vida de la edad pasada,
y se agita en el alma conturbada
supersticioso y vago sentimiento.

Palpita allí el recuerdo, que allí en vano
contra su propia hiel buscó un abrigo,
esclavo de sí mismo, un soberano
que la vida cruzó sin un amigo;
águila que vivió como un gusano,
monarca que murió como un mendigo.

AL VIENTO

Cuando era niño, con pavor te oía
en las puertas gemir de mi aposento;
doloroso, tristísimo lamento
de misteriosos seres te creía.

Cuando era joven, tu rumor decía
frases que adivino mi pensamiento,
y cruzando después el campamento,
“Patria”, tu ronca voz me repetía.

Hoy te siento azotando, en las oscuras
noches, de mi prisión las fuertes rejas;
pero hánme dicho ya mis desventuras

que eres viento, no más, cuando te quejas,
eres viento si ruges o murmuras,
viento si llegas, viento si te alejas.

A MI MADRE

¡Oh, cuán lejos están aquellos días
en que cantando alegre y placentera,
jugando con mi negra cabellera,
en tu blando regazo me dormías!

¡Con qué grato embeleso recogías
la balbuciente frase pasajera
que, por ser de mis labios la primera,
con maternal orgullo repetías!

Hoy que de la vejez con el quebranto
mi barba se desata en blanco armiño,
y contemplo la vida sin encanto,

el recordar tu celestial cariño,
de mis cansados ojos brota el llanto,
porque pensando en ti me siento niño.

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