EL CIELO ERES TÚ

Mi Poeta sugerido: »Rafael Gutiérrez

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¿Qué es el cielo, mi amor?, me preguntabas,
echándote en mis brazos, vida mía.
Contrario al desamor, es la alegría
de escuchar de tus labios que me amabas.

Tan simple que añorar lo que soñabas
descubriendo que al fin lo conseguías.
Escuchar con placer las melodías
donde muchas personas no oyen nada.

Ceñidos junto al río en la ladera
en un día de abril por la mañana,
las flores floreciendo en la pradera,

viendo al tímido sol que aparecía,
mirándote a los ojos cara a cara,
el cielo, dije, eres tú. Y sonreías.
©donaciano bueno

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POETA SUGERIDO: Rafael Gutiérrez

Rafael Gutiérrez

Epigramas a Angélica (Cuatro epigramas)

MANUSCRITO ENCONTRADO EN EL
   MONTE PÚBICO DE ANGÉLICA

‘No te lamentes ni rezongues, Angélica,
que en este diario heroísmo
de empuñar entre tus piernas
esta brava y testaruda espada mía
nada ha cambiado
desde aquel primer combate
en que dos pieles desanudaron, temblorosas, su traje
de barro detrás de una higuera:
yo soy tan sólo el paria suicida que acude gozoso a 
                       (la agonía de su propio degollamiento
tú sigues siendo, aunque a veces herida, la más temible,
                       (inderrotada gladiadora del amor’

ANGÉLICA VERSUS POESÍA

Entre 
escribir
apasionados poemas de amor en verso libre
o
vivirlos contigo
en carne viva
he
decidido esto último angélica.
Jamás, óyeme bien, mi pasión por la libertad
del verso amoroso
podrá ser comparable
a tu beso amoroso que da libertad a mi pasión.

ANGÉLICA EXPLORADORA

En la búsqueda de un corazón
de cinco pétalos
no ha habido lecho lunar o terrestre, Angélica,
que nuestras pieles no hayan hollado.

Nocturnos y diurnos,
varón y hembra,
somos dos guerreros asidos a un mismo escudo amoroso:
en las fauces del tigre afilamos el fuego
en las dunas del alba derramamos espuma.

ANGÉLICA EN LA NOCHE DE LAS LUCIÉRNAGAS

¿Recuerdas Angélica la luciérnaga
que amorosa alumbró nuestros desnudos cuerpos aquella lejana noche?

Ágil, traviesa, ávida, la vimos trazar luminosos círculos concéntricos
en medio de la oscuridad del cuarto.
Después, con la timidez de un cervatillo sediento
bebió mi saliva posándose sobre tu seno aún recién lamido.

¿Comprendes Angélica la metáfora de su vuelo
ahora que la estación de las luciérnagas se ha ido
y que nuestro amor ya no volverá a brillar otra vez?

Angélica contempla su obra

Oh AngélicAngélica
a dónde
me has conducido
en este caliente y voraz embrollo de amor.

Mírame. Pálpame.

Acaso en este moreno fideo que soy,
resbalando desnudo allí frente a la cama,
de tronco casi invisible y tambaleante,
reconoces al espumoso búfalo aquél
que
          entró
                    un
                              día
astillando las puertas de tu vida?

La pregunta

¿En dónde
y en qué altar de la noche o del día
me fue
          concedido
          este pájaro escarlata
que me habita y me enceguece?

¿Por qué a mí este canto
              esta inmerecida espina
              este encendido delirio en la sangre?

¿De dónde o de quién
este oficio
que me  deslumbra y desgasta al escribir sobre la página
               como el fósforo
               al ser frotado contra la caja?

Mientras alguien responde,
yo escribo
                en
                    una grada,
bajo un barranco o sobre una llaga.

Me levanto en la noche
y aprendo, justo a eso de las doce,
el buen arte de conversar
con el gentío de espíritus
quedándome
                    estrepitosamente
callado.

I
Me llamo Ezequiel
y soy / como ve /
este péndulo oscilando agrio frente a usted:
ayer ebrio / hoy ebrio.
Ni izquierda ni derecha / advierto / sino centro:
el punto exacto donde caigo
después de tanta volandera diaria.

Lo siento / joven.
Sé que mi aliento le ofende:
marchita las flores
de su corbata tan elegante y sobria
enturbia el claro porvenir
que titila en la piedra de su anillo
de bachiller.

Mire / pues / allí enfrente /
otra mosca
que
cae
bajo el fogonazo de mi certero infierno líquido.
Cazador de moscas soy / antorcha humana /
dueño del estrépito de mil venados embravecidos.

Me llamo Ezequiel Martínez Urízar

Me llamo Ezequiel /
Ezequiel martínez urízar para servirle a usted
y soy / como ve /
este tronco viejo
arrasado por un cotidiano remolino
de alcohol / humo y desesperanza
este fantasma con una tupida zopilotera
revoloteando encima de su cabeza.
Viejo cabrón / bolo de mierda / dirá usted.
Lo sé. Usted me conoce a mí / violentando un poco la semántica /
como la Bala perdida.

Yo soy / es cierto /
disparo que no cuajó / en su hora /
en el ojo de la tiniebla.

Pero usted
es también / al igual que yo /
habitante predilecto de este muro donde sólo llueve sombras.

Ambos: hijo y nieto
de una única fecha paridora.

El rayo de tus furiosas libertades

Oh simón, andariego dios andino ¿por qué no soltás
De una vez el rayo de tus furiosas libertades
Sobre esta voraz mala yerba que pudre tus
Amadas praderas de américa?

Vos, el infatuado, el incansable,
El sembrador de huracanes, único y verdadero rostro
Del fuego aquí en nuestro fuego, el perseguido y
Perseguidor del buitre criollo, decime ¿cómo no ibas
A irrumpir cabalgando impertérrito con tus épicas hogueras
Errantes caballerías en un libro
Donde se dicen libertades?

Vos, simón bolívar

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