EL SUEÑO POR NACER/

Alfredo Pérez Alencart (poeta sugerido)

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El sueño por nacer. Hoy el terreno
cansado de esperar está baldío,
repleto de rastrojos, y hace frío,
que sembrar no se puede ni centeno.

A la espera de ese nuevo amanecer
en que el sol y la lluvia se aproximen,
las hojas de los árboles se animen,
germine la semilla y vea nacer.

Que hoy testigo en mi celda prisionero
sólo espero salir y ver el agua,
su empuje sin igual y su aguacero,
o el fuego que se avive de mi fragua.

Del cielo que aparezca el resplandor
encumbrándose al color del arcoíris
y refleje en el centro de mis iris
ese impulso que dicen que es amor.
©donaciano bueno

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Alfredo Pérez Alencart

Uno

No es azar que este viento de tormenta derive hacia mi rostro:
ya acompañó al amado galileo en la colina de las calaveras,
al Che Guevara en la quebrada del Yuro
o al César cuando recibió viles puñaladas.
Desde muy atrás
se pronuncia el viento porque pisa cielos en carne viva
y nunca pierde el llavero de los aposentos
donde sabe dejar constancia de su mordedura.

Cada caricia, cada zarpazo: formas de un reencuentro
después de éxodos inevitables. Un pulso del viento con el hombre;
una visita sin gota de cansancio a quienes
lo esperan o se desesperan con su largo aliento.

Cada viento vuela sobre el paisaje que más adeuda,
sobre las cumbres donde solemnemente traza la ruta
de sus peregrinaciones.

Me cubre un viento de tormenta,
un viento negro como salido del fondo de la noche
para presidir el tribunal de los espantos.
¿Por qué se demoran los ingratos? ¿Acaso sus puñales
no están suficientemente afilados?
A estas alturas tengo los ojos abiertos a mi falaz condena.
A esta realidad el viento me trae noticia de vergonzantes asambleas.
A esta memoria no hay cascotes que la silencien.

¿Adónde pretendes marcharte, viento de tormenta, si aquí,
en mi cuerpo, tienes piel y huesos para no saciarte jamás?

Dos

Husmea el viento,
acecha por los rincones hermosos de la primavera,
se torna dócil entre tus manos porque parece pertenecerte.
En vano le convidas amor hasta en los sueños. ¿No ves
que el viento está hecho de lejanías? ¿No comprendes
que repentino se torna el viento salido del vientre de los mares?

Una copa puedes derramar entre tantos presagios,
un brindis por el viento legado por milenios de probar mundo,
una oración para que bellos pájaros se suban a su hombro
y contentos canten
al pasar por nubes llenas de agua, guitarreando
cara al cielo, de espaldas a la lluvia
parturienta de vida.

Después te descuelgas del pendiente de las adivinas,
posándote en la nada, en el emborrachado aletazo del viento
que todo lo destapa porque no se acuerda de su sombra
cobijada en el pasado, contrabandista
de sueños inútilmente vivos, de raíces de infinito
alimentando múltiples eternidades.
¿Qué come el viento si no partículas de polen vagabundo?
Así hace germinar sus venas,
así se desparrama para no apagarse nunca,
así va en blanca caravana junto a infinitas golondrinas.

Lo encontrarás luego de cualquier desalojo,
pisando cenizas por si obtiene pálido vino que libará
en ardorosos ceremoniales, bailoteando
con bulla jubilosa o marcando el paso
en la alta cúpula de los cipreses.

Cuando ya estés quieto, mira los ocasos cayendo asustadizos
al fondo de la meseta, más allá de las montañas,
yéndose con el viento
para volver mañana con el almíbar del día.

Recuéstate en la hierba,
recuenta lunas extraviadas y embalsama tu vida
con la brisa del amor que invade los sentimientos.

Tres

A veces el viento se quema bajo el espíritu del mediodía.
Entonces no gruñe ni regala su danza de direcciones distintas:
ya no nos pasa por encima, ya no examina de pronto
nuestras vidas.

Y blasfema, y culpa de su fijeza
al sol anaranjado y al negro abrazo de algún imán.
Suda el viento como sudan los hombres
que no pueden descansar en el privilegiado lugar del paraíso.

Cuatro

De niño vi cómo el viento hacia volar a Marilyn Monroe.
Ella asomaba desde la hoja de un calendario que el viento
había arrancado del desvencijado taller
donde arreglaban la moto Honda chacarera de mi padre.

Vi volar a Marilyn regalando su blanca piel a los aires
y al imaginario de un ser despertando al alboroto de la carne.
Todavía hoy me froto los ojos
y ella aparece ondeando clarísima sobre el aire,
regresando sobre mí, volando conmigo entre árboles y luciérnagas,
entre lloviznas e infancias que no se arrugan
con el paso de los años.

Marilyn tanteaba mis cabellos y con sus labios llenos de carmín
parecía desearme buena suerte.

Voy creciendo
pero sigo esperando aquel mismo viento.

Cinco

El surazo ventea su frío a la amazonía y la acatarra
y pone triste por unos días.

No baja de mentira dicho viento asustante.
Apenas lame y ya se instalan los escalofríos, las chompas,
las frazadas.

La selva calurosa conoce en agosto a un visitante
que baja drásticamente su temperatura.

Boca abajo el surazo hace estremecer a mis paisanos.
Boca arriba también anda el aire agarrotando el vuelo
de los gavilanes.

Pasa un viento helado para aquietar a la gente.
Pasa una sombra de cuero
y todos se meten a la cama para no morirse de pena.

Seis

Avanza y avanza el viento solar hacia la órbita de la Tierra.
Viene de esa casa vecina para acostumbrarnos
al zumbido del Universo.
Tiene un calor más alto que las llamas.
Tiene una velocidad rebosando los kilómetros, los segundos.
Tiene protones y electrones que van libres
abriendo las distancias.

El viento solar levanta auroras boreales
y coloca a nuestra vista la cola del cometa Halley.

Vigilemos su vigilia
para que no nos incendie por dentro.

Siete

¿Caminar viento en popa,
moverse uno a todos los vientos,
ir contra viento y marea,
echarse el viento,
arrimarse a buen viento
o dejar atrás los vientos?

Ocho

Venían a buscarme los vientos para interrogarme por el pasado y el porvenir. Yo demoraba mi respuesta, les ponía vendas para que se extraviaran por las lindes del planeta. Ah con la insistencia de los vientos que no tienen moradas. Horneaba mis palabras a fuego lento, las ponía en un cofre y después perdía la llave. Pero los vientos probaban mi alma susurrándome elegías o nombres de personas queridas. Pero los vientos pedían socorro en todas partes. Tomé pulso a la noche del mundo e hice sentar a los vientos bajo la perfecta sombra de un frondoso tamarindo. Allí coloqué sandalias a cada uno, les embadurné de azogue y di cierto alivio a sus ansias de saberlo todo. Ah, con los vientos que mientras viajan van trazando la cartografía de las revelaciones.

Nueve

En Portugal también los vientos tienen códigos indescifrables,
genealogías volando en alas de la nostalgia,
prolijas costumbres de ataviarse conforme a las estaciones.
Yo tomé sus medidas más allá de la frontera,
arriba del castillo de Lisboa o en una solitaria playa
de la península de Troia.

Diez

Piadosos vientos
traen silabarios
para confidencias
luego del bautismo.

Descansa el alma
si oye al profeta
purificándole
con agua de vida.

Nacen parábolas
para oferentes
orando al Señor
pleno de misterios.

Las ceremonias
son al interior
porque sólo la fe
ventea más amor.

Once

Ahora que llega agosto agradezco el viento fresco que viene hasta mi piso de Tejares, el aire refrescante que escala a la habitación compartida con la dueña que me enseña a amar el amor. Tengo al río Tormes corriendo al costado y es la propiedad del agua quien destierra el calor invasor de la meseta. Ahora que llega agosto, el viento fresco toca puntualmente el timbre de mi casa: dejo que entre y siga su rumbo hasta la mesa donde escribo —o leo— las siempre veneradas Palabras.

Doce

Bajo un soplo de viento recé mi amor a Cristo.
Al final del versículo volviste a aparecer tú, Jacqueline,
para que prosiga la creación.

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