MÁS QUE AMIGOS

»Mi Poeta aquí sugerido: Andrea López Kosak

MI POEMA… de medio pelo Lee otros poemas de AMOR

 

Anoche soñé contigo
y vi que me sonreías,
y aún recuerdo me decías
que querías ser mi amigo.
A Dios pongo por testigo,
que aquí yo no me lo invento,
no repitas que fue un cuento
que eso no es digno de ti,
que es mucho lo que sentí
para que lo lleve el viento.

Si me quieres, no me quieres,
si conmigo quieres algo
has de ver si yo lo valgo
si a los otros me prefieres.
Pues que en esto de quereres
no tiene nada que hacer
el dudar, que es menester,
y no valen medias tintas
ni se ayuda con las fintas,
que el amor pueda crecer.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Andrea López Kosak

Andrea López Kosak

LIMA

Siempre había parejas jugando al tenis
en las canchas que veíamos desde arriba
por entre alambres electrificados
cuando bajábamos a la playa sin conocernos
mostrándonos cada vez
todo lo que cabía
en ese trecho, entre la puerta del club
donde un cartel
prohibía la entrada con armas de fuego,
y las olas del Pacífico rompiendo
en hilera
trajes de neoprenne colgados
como piel de foca, ella dijo.

Estamos en la edad en la que ya podemos

imaginarnos viejas, por la avenida Camino Real
en taxi, llegando tarde al teatro
estiro la mano al medio del asiento
siento los dedos de Ana sobre mis dedos,
el auto rodea el monumento del Angel Miguel
a la luz de carteles de cines
y centros comerciales, las caras cambian de color
el taxista mira por el retrovisor las manos
apretadas como las de dos nenas con vértigo.

HUANCHACO

Como Alma y Elizabeth corriendo entre las piedras
de una playa en blanco y negro, frías
y hermosas a la vez nos desconocimos
impactadas en el fondo
de la otra que reía, no de contenta,
haciendo ademanes en espejo
las olas dejaban huevos de tiburón
en la orilla: también nosotras fuimos
lejos de lo respirable
gritando vos tu nombre, yo el mío
secándonos bajo el graznido de un ave guanera
de las que no hay en Suecia, observamos.

Una nena llora sobre su tarea

atrás de la cortina que separa
la cocina en la peluquería Lo de Flor.
Flor depila a una extranjera
después de la cachetada
a la nena del otro lado de la cortina
donde una vieja troza maíz para la chicha
otra rumorea avemarías como en trance.
Se tiene hijos nomás pa’ odiarlos
decía la madre de esa película
haciéndole a la hija
un aborto con una percha.

MEDELLÍN

Esos días tiradas en la cama de un apartamento en el Poblado
metiéndonos todo lo que conseguíamos en el aeropuerto
quemando opio en papel de aluminio
mirando por el balcón lluvia y motos de reparto
desconcertando a los porteros
que nos veían de la mano
las pocas veces que salíamos, volvíamos con bolsas de Éxito
aprovechábamos la voluntad que nos quedaba
encerradas en el sexto
tomando jugos con ron.

BUENOS AIRES

Me quedé ciega en la pista de Amerika.
Bailaba con un mejicano
que había rebotado mi amigo
antes de irse con uno que le hizo la billetera.
Este es el final, pensé, a oscuras
mi destino. En la enfermería
tomé un poco de Sprite.
Las voces alrededor decían crisis
hipoglucémica y mi cerebro revelaba
ante el sonido de la esdrújula
una mancha luminosa.
Lo primero que vi fue a uno de seguridad.
Me filmaba como parte
de la no sé qué reglamentaria,
la enfermera preguntaba
cuánto tiempo había pasado
desde el último sólido ingerido.
Salí sola, en el kiosco de enfrente
compré un Guaymallén de fruta.
Después, viajando en el 129 pensé en vos
por un papel que encontré en el bolsillo:
ahí me di cuenta que había perdido las llaves.
Y que iba a tener que llamarte
de madrugada, como esa vez
que me era imposible sacar el pie de la bota.

Decís que hoy huelo a swetercito de Shetland sin estrenar.

A tienda donde las empleadas
embolsan y desembolsan
sin parar, por orden del dueño judío.
Las tardes atrás del mostrador de Océano
sin saber cómo pararte
mirando a través de la vidriera la vereda de Lavalle,
con la compañera evangélica que dice:
Dios va a perdonarte aunque no creas,
y de fondo ruido de bolsas
para que en el local se vea movimiento,
vos creyendo hay que dejar de gastar el sueldo en merca
venderles ropa a las putas del privado de Junín
donde te enamoraste de Elizabeth, la jujeña
a la que una noche le corregiste la media
con esmalte incoloro.

CATAMARCA

Ayudame con el glande, dice Ana,
es lo que menos me acuerdo.
Está sentada en la cama de la habitación 129
haciendo pijitas de crealina
para portasahumerios.
La ventana da a un patio que lleno de colillas.
La familiaridad de los otros nos excluye.
Es sábado
y anuncian por megáfono
la llegada de un circo a la ciudad.

TAGANGA

Esta es la escena, dijo.
La luz era perfecta.
Como si nos hubiésemos extraído
una a la otra las vértebras
nos transformamos en una masa blanda.
Y había en el fondo verde de la ventana
unas ramas que parecieron graciosas.
Y había de fondo otra cosa.
La implícita caducidad que da la gracia.
Nos incluye al todo en tono de tragedia personal.

CARTAGENA

Una cruz con la uña sobre la picadura.
Práctica que asegura el fin de la picazón.
El loro repite un silbido
en el árbol de un patio a mitad de manzana.
Cuelgan medias negras
de un alambre en la terraza
atrás de los tanques, la bahía
se desgarra entre un avión y un barco.
La chica rubia de la Colombo Alemana
se lleva las medias antes de la tormenta.
Un mosquito zumba alrededor del móvil
que sobre nuestra cama dice Good Luck
y ahora siento como una señal de desastre.

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