ME GUSTA QUITO

»El Poeta sugerido: Liliana Díaz Mindurry

 

¡Quito es tan chiquito!
Quito es un pueblito
muy coqueto y pequeñito,
en sus calles se desliza despacito
o se sube directo al infinito.
¡Quito es un rinconcito rebonito!

Quito sabe a lima, mango y a papaya,
a frutillas del bosque y a guayaba,
a sabores tropicales sabe Quito,
Quito es un cóctel de frutas exquisito.

Quito baila al ritmo de un pasillo*,
suena estribillo y se impregna de emociones,
de tristeza y de paz los corazones,
mientras observa, paciente, el Panecillo**.

En Quito la espiritualidad se palma,
y aflora en sus poros la esencia de su alma,
místicos recuerdos de sus antepasados,
todas las sensaciones se perciben en su halo.

Quito vive y siente como vive la gente,
amable, dicharachera y siempre sonriente,
en todos los rincones el arte está presente,
su futuro es claro cual agua de la fuente.

Quito al perfume huele en sus iglesias
haciendo bailar los incensarios
al ritmo que repican las campanas
de sus innumerables campanarios.

Quito es un trocito
del paraíso terrenal,
para vivir, para pasear, para soñar
Quito es mi sitio favorito.
¡Cómo me gustas, Quito!
©donaciano bueno

*El pasillo es un género musical y danza folclórico autóctono de Colombia y Ecuador, donde es considerado un símbolo musical de nacionalidad. **El Panecillo es una elevación natural de 3.000 metros sobre el nivel del mar, enclavada en el corazón mismo de la ciudad de Quito (Ecuador). Por su ubicación se ha convertido en el más importante mirador natural de la ciudad, desde el que se puede apreciar la disposición urbana de la capital ecuatoriana, desde su centro histórico y hacia los extremos norte y sur. El Panecillo está coronado por una escultura gigante de aluminio de la «Virgen de Quito», creada por el español Agustín de la Herrán Matorras, el cual se basó en la obra compuesta por Bernardo de Legarda, uno de los más importantes representantes de la Escuela quiteña.

POETA SUGERIDO: Liliana Díaz Mindurry

Liliana Díaz Mindurry

Pensamiento afantasmado

Y si eso fuera todo,
dirá la mujer del quinqué expulsada por el fuego,
y si eso fuera todo,
lo dirá porque aún no ha tomado en serio su tarea de difunta,
es decir,
de ser inmóvil, de no tener ni siquiera
pensamientos,
y si la nada es lo único que una puede guardar
en eso
llamado
corazón,
y si es eso de lo que no se habla,
o es de la injusticia
que llueve
como lluvia
finita
persistente.
(De Guernica)

Subida al techo

Lástima el que sube
y desde el ojo se le baja el dolor en forma de agua
o se congela.
Y abajo del hielo duermen los antepasados,
las contradicciones adentro de la casa.

Lástima el que sube
y no sabe qué quieren decir las cosas
y advierte
que le han mentido.

Un mundo erróneo. Lástima
la confusión del frío y esas palabras
endurecidas
que lo miran.

Lástima el que sube a ese lugar donde lo sagrado
brilla por su ausencia.
(De Cazadores en la nieve, 2014)
Liliana Díaz Mindurry (Buenos Aires, 1953)

Poema cero

Porque no hay quien entienda,
cantan
las moscas.
Ni aunque se piense en reinas sin corazón nacidas en países de
torpes maravillas,
o reyes que sueñan el mundo
sin despertarse.
Cantan las moscas. Porque no hay. Por eso.
Y alguien puede dejar los ojos en el Reina Sofía
de Madrid
frente a un cuadro.
Y es posible que uno se tiente
con verdades a medias
o con párpados
en cuarto menguante. Es Guernica
del treinta y siete. O son habitaciones
abiertas,
sorprendidas
en corredores
inhóspitos,
deshabitados,
solos
Las moscas cantan en el hospital. No hay quien entienda.
Los perros del ansia se comen el sol de esa tarde en Guernica
o salen los pájaros disparados
en el limpio
vacío
del mundo.
(Y uno piensa en las sílabas, repetirlas
o decir bajito los nombres de la muerte,
pero mejor
dejar
todo
así).

Un toro que viene

El toro está listo, dicen. El toro dice que está listo. O alguien dice:
“ha caído un toro del cielo”.
Las palabras son oscuras: sobretodo si dicen toro, minotauro,
hombre
con cabeza de toro. Minotauro de Creta o de Guernica,
es lo mismo,
siempre hay una corte de perros
detrás del toro. Y en los vasos con agua se bebe el dolor de
siempre,
y cuando viene el toro, las casas se salen de sí,
se salen de sus raíces de casas
o se derrumban. Los hombres y mujeres caen despacito y no
vuelven
a respirar,
se salen de sí como las casas
porque es un esfuerzo enorme vivir cada día
con la demencia
cerca
respirando
con el toro muy cerca.
(El sol tiene olor fuerte
a vacío)
El deseo de un loco, de un toro, de un Minotauro
es que nadie lo entienda.
Los hombres y mujeres muertos de Guernica no saben que están
muertos
como cuando duermen no saben que duermen.
Del ojo bajan todas las tristezas:
los alambres de púas
están listos.

Dos toros sin luz

El sol tiene olor fuerte
a vacío.
Hay toros adentro y afuera
como adentro del ojo que duerme
vive lo oscuro
y cuando el ojo despierta
sigue viviendo lo oscuro
como si el ojo
fuera
ciego.

Tres
Ningún toro

Si rompen la puerta es que nadie hay detrás,
si rompen el techo tampoco,
ni las ventanas
o el cielo.
Nadie, nadie.
Los toros han salido a pastar a la calle
tranquilamente.
Algunos huyen.
(No se sabe qué hay detrás de la materia
después de tanta gente dormida)
De los ojos se baja la tristeza
y se guarda en el cuerpo.

Cuatro
Más toros

Han caído dos toros más del cielo
o es el mismo
Minotauro de Creta o de Guernica.
Alguien abre la boca para decir algo
y se calla de súbito. Es el sol insoportable
de la siesta o el del atardecer,
es lo mismo.
El gusto del agua contenida en los vasos es como un gato que ha
caído de otra galaxia,
o un perro que se fue del universo
o una mujer
o un hombre
ya salidos
del mundo.

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