Mi octava maravilla

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No sé si existes pero te imagino,
libélula dorada, luz que brilla,
por la gracia de dios ¡qué maravilla!
la imagen que esperaba y que no vino.

Un castillo de amor, eras de arena,
una ilusión, un soplo de ternura,
una fuente sin fin de un agua pura,
sutil realidad de alma serena.

Blanco eras de algodón almidonada
que aparece diluida en la mirilla
para esfumarse asi sin decir nada.

El tallo que agradece a la semilla
su presencia feliz de enamorada.
Eras, en fin, mi octava maravilla.

©donaciano bueno

 

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