SENCILLAMENTE AMAR

»Mi Poeta aquí sugerido: Lauri García Dueñas

MI POEMA… de medio pelo Leer otros poemas de AMOR
 

 

Amar, pero ¿a qué, a quién amar, amar,
a ese dios que te puso en su camino
y hoy observas le importas un comino,
y reniegas queriéndole olvidar?.

¿A ese amigo de farra, parrandero,
el que expuesto a una prueba te traiciona
pues desea ponerse tu corona
solamente de su ego pordiosero?.

¿Al afín que te mira desde arriba
y se ríe, se mofa y te desprecia,
y te incita a sufrir si el frío arrecia
y deja abandonado a la deriva?.

¿Al que dice este mundo es podredumbre
rebelado ante el mismo y su injusticia
y está lleno de cieno y de avaricia
negando una pavesa de su lumbre?.

¿Al mismo que presume de ternura
y ante el niño su baba se deshace
y te trata cual fueras de desguace
esperando tirarte a la basura?.

Amar, amar, buscando otro mejor,
al que nada te pide y te reclama,
el que siempre calienta con su llama,
sencillamente amar, amando, amor.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Lauri García Dueñas

Lauri García Dueñas

“Y el resto del trayecto se llevó a cabo en la deliciosa sociedad de mi propio cuerpo”,
Virginia Woolf.

Virginia y el pensamiento

Virginia no ha muerto
su boca es la hoja de un almendro rojo y redondo
su mano es el árbol aberrando tus pupilas
su lengua es el orden y el caos
la prisa el ojal del tiempo
una perdición-epifanía
nada siestas tragaluces
un grito táctil.

Nosotras, Virginia, no moriremos
la bruma habrá de cincelarnos la sien
hasta hacernos gritar las vísceras.?

Crujirá la locura cuando miremos abajo
hacia una superficie transparente y blanca
llena de gusanos.?

Tu pensamiento
mi pensamiento
no dependerá
jamás
del mundo y sus hombres.

La madre habrá tomado para sí toda la leche materna.

La mujer llorará las lágrimas nocturnas de sus hijos,
y de pronto, la luz que nos hará desaparecer a todos
dejará el mundo intacto y estaremos muertas
al lado de las hermanas Brontë
en un páramo salado.

Y seremos eternas, Virginia,
y de nosotras será la victoria.

Virginia y la infancia

Volvamos, Virginia,
a los días en que pasear por el campo nos hacía dóciles
y el paisaje, algo de nosotras
vistas, huellas en senderos únicos
saltamontes con los intestinos de fuera hablaban de la suerte
como un lugar inexpugnable de la conciencia
(la conciencia nunca alcanza
a extinguir la gama de posibilidades)
la realidad no existe
no la necesitamos.

Fuimos niñas,
hay de peces,
hay de hormigas rojas entre arenas lejanas.
Los canales de agua se enturbian.
¿Trajineras?

La gente nos habla de cómo fuimos
el paisaje escogido
campesinos
barcos detrás
hay de peces
garzas, recuerdos.

¿Y la muerte, Virginia?
Un día, la muerte.

Virginia y la suerte

A estas horas, Virginia,
todos nuestros hombres están muertos
o son reminiscencias de nosotras.

Los naipes descansan en la mesa redonda
esperando que la mañana los desplace
con su voz de platos
y el primer sorbo de las bocas.

La gente contará los números que desconoce
y creerá que la suma es la tenencia
pero no.
No tenemos nada que nos represente
sólo somos un espacio de escritura
un quiero decirte más
pero no puedo
no me corresponde.
El verano se vaciará lentamente
en los gritos de los pescadores
las sardinas saltarán en nuestros ojos
caminaremos por veredas deshabitadas,
y cuando alguien diga que el presente es insatisfactorio,
asentiremos.
Creeremos fervientemente en el síntoma,
en los apagones de luz como un conjuro,
en la sombra de nuestros hermanos,
en las pesadillas.
Y un día, despertaremos.
La suerte, Virginia, somos nosotras,
la atadura que nos une con este tiempo indescifrable.

Virginia y la oscuridad

Luna de medio rostro encendido
y ella tanta oscuridad.

Como algo intangible
bocas
siluetas adormecidas en el salón
los mesoneros viéndola tambalearse
en su húmeda cavidad de olor y textura
tuyas
expresión de lo no visto
de lo nunca imaginado por los dedos
en puntas
algo violento en el afuera
nombrar es ocurrir
es una masa en bruma
turbulencias
¿una mano?
gritos
un campo a tientas
1904
ella abre el rumbo
camina, bambolea
pero las cosas han cobrado otro orden
el orden de las cosas no existe
la escritura desaparece, se desdibuja
este podría ser el año de mi nacimiento
o del nacimiento de otros niños
o de millones de hombres desvaneciéndose
en la ausencia.

Cómo es tu noche a estas horas
impronta, el vocativo
babea por mi boca el borde satelital de la luna
ganas de irse y asaltar la mudanza
¿el tiempo permanecerá?
¿marrón?
asir las últimas volutas de polvo
cuando ella tampoco existe y es
una marea confusa
intervalos
lágrimas que aún no lo son
en el borde (ese borde)
mientras las sombras recogen la basura de todos
y el plástico rechina en mis ojos,
tú, Virginia, me estás mirando.

Al otro lado de la calle,
apagas la última luz.

por la perdición

el mundo guarda su ruido para sí
su pregón metálico y de sirenas
aún así, el cielo de hoy es un pálpito
que mella las cavidades convulsionadas de la ausencia

afuera y muy lejos
cerca del mar
Martina ha colgado sus bragas chorreantes al sol
y las gotas de agua fresca que caen
provocan el deseo de Ulises
como un gusto salado en la parte superior del paladar

el joven tiene empañadas las gafas
y un nudo de odas griegas en el sudor de las manos

el sol
hace crujir la arena y el pavimento

el sueño se convierte en dolor de párpados

de la otra noche, no recuerdo exactamente tus contornos
supe menos de tu silencio y un poco más del transcurrir circular de tus ojos
así, en la lucha que hacen de noche los gigantes cuando saben que el tiempo es también el enemigo, volví a ver el hueco del túnel que conocimos juntos

empiezo a reconocer las manchas de tu cuerpo, el tono pálido de tu piel,
pero el olor irreconocible de tu aliento
hace colar las gotas
en el piso de madera
causando un profundo estupor
en la estructura ósea de la realidad

guardo varias preguntas como Ulises en el paladar

tengo ganas de ser ola golpeando el musgo cavernoso de tu cuello
de comerte a dentelladas galeónicas
tener una soga prendida de mis velas
y volver a caer en el deseo agitado de los mares

de la perdición augurada, recobrar el brillo
clavarte estacas en los poros abiertos
agarrarme con mis rodillas de tu abdomen
como el amor se aferra a la vida
más allá de las tragedias cotidianas

y en el cielo enverdecido, entre el ruido de los coches y los barcos,
empezar a reconocer tus contornos
dejándote ir cada vez que sea necesario
destruir el apego, esclavitud tardía de los hombres
dibujar un eterno silencio
y apagar las luces que nos mezclan con los demás

Martina deja secar sus bragas en el patio
Ulises ve chorrear las gotas de los encajes como mira los erizos de mar y se los come
el viento hace grietas en las manos ásperas de los pescadores

él
todavía no volverá

Penélope
ya no espera en el puerto

ayer fue la ausencia
el adiós de las manos agitadas
la juventud que creímos detenida

hoy es el sol que se refleja en la arena, que abre y hace crujir el pavimento
mientras el mundo guarda el ruido para sí
mazunte, oaxaca, méxico, 5 de diciembre de 2007

hombre-mar

A César:

Había una vez un hombre que llegó al mar a pedir perdón
“perdóname”, dijo, y cayó verticalmente sobre un pez

agitó alas de pelícano, mugió y luego se rascó las pulgas
porque era un perro al que algunas veces la gente le daba de comer espinas de pescado que le hacían daño

daño

“perdóname” por ser este atardecer de piedras dormidas como focas, de pies que sumidos en la arena casi se tropiezan

“perdón”, repitió, por contar sin planetarios tus estrellas, por reírme de las extrañas formas de la osa menor y juntar piedras que parecen todas iguales
“perdóname”, río, por dormir demasiado, pensar en ti sin admitirlo, inventar días dislocados donde todas me miran la-entre-pierna

para luego lograr todo lo contrario:

que tú creas que no pienso en ti

caminó
miró cómo recogían los huevos de tortuga y cómo los enormes reptiles acorazados lloraban al parir

“perdóname”, concluyó, te extrañé sin darme cuenta, me confundí:
eras tú la que miraba el mar
y caías verticalmente sobre un pez
“La vida se instala en formas privadas de tercera dimensión, que desaparecen si se ponen de filo o dejan apenas una rayita rosada inmóvil vertical en el agua”, Julio Cortázar.

Otro idioma

Nada de lo nuestro puede explicarse así nomás
hemos tratado de dotarnos de un lenguaje diferente, privado
sobre todo privado
a otros, amantes arquetípicos, les interesan los peces
pero a nosotros, sombras mundanas,
instalaciones cómodas dentro de la burbuja
nos interesa el jugo de naranja con guayaba que tomamos después de untarnos con aceite una noche de esas en la que tuvimos que escondernos hasta de los des-conocidos
tomamos café en las librerías
comíamos en el lugar de las mariposas
hablábamos de nosotros con total prepotencia y desparpajo
entregándonos a nuestras particulares-
divagaciones-
metafísicas

nos interesa la posmodernidad ambulante
el centro histórico
decirnos amor en formas sucias e inquietantes
jugar a los niños con parques y comer dulces rellenos de cajeta

tanto y para mientras (dos de mis conjunciones favoritas)
estoy muy cerca del final de este viaje en que nos anudé más de tres veces en reflexiones proclives al llanto
intento hacer de mí una madeja de palabras inmortales y en eso estoy debajo de un puente, hay una paloma gris, asquerosa, que aparece recurrente como todas las de su raza, hay gente que deja basura cerca de las lenguas del río y recuerdo cómo hace once años hice lo mismo cerca de un atónito ecologista de caminos
hay tantas cosas de mí que quiero decirte
pero no puedo
sí, estoy casi al final de este libro rojo, de la lluvia diletante y enferma, del hastío por lo nuevo, del camino ése que no alcanzo a discernir y de un tembloroso afán por usar la caricia
oscura de anhelos verbales
ávida por conceptualizar la muerte y la miseria
tan dentro de mí que soy gris y horrible como las palomas
tan traslúcida como toda nuestra raza de verbo-diarreicos

cansada
cansada
de oírme hablar de vos para mis adentros
de barajar posibilidades del encuentro
mientras se hace tarde

próxima, turgente
instalada en los códigos privados de ambos
cansada

por eso me detengo

voy a hablarte en otro idioma, amor,
voy a decirte quédate, llévame al mar, dame de beber una cerveza oscura en el bar de la esquina
voy a decirte, amor,
arrójate al vértigo de tus ansiedades, de una vez y para siempre,

moríte,

de una vez

y cuando despertés, quiero:
volver a esas formas privadas, a nuestras películas surrealistas de primos sin sexo, a tu café, a la ducha en que no cabemos juntos, a tu cama –y a la mía-

y que todo el lenguaje del mundo desaparezca,
en el fondo de los peces que otros fundaron

casi es el final de este libro rojo y de los garabatos
(te aviso)
cógeme de los huesos, amor,
hundí tus ojos de cíclope en mis caderas
háblame en otro idioma
volvé para que nos revolquemos en el pasto hasta matarnos como vacas,

hablemos de nosotros, por fin,
que ya fueron muchos los barcos, muchas las aves de paso, muchos libros de orillas con ríos, demasiadas las páginas
las páginas insostenibles
las nubes vistas desde un “arriba” artificial
tantas las canciones repetidas
el dolor de estómago de los poetas

¡Demasiados!
demasiadas las mandrágoras
los malvones
los ananás
las escrófulas
los arcos perpiaños
las nervaduras y, sobre todo,
los intercesores

confieso:
es imposible mantener el ritmo de esta postal de calles antiguas, demasiado soliloquio para ver un puente, demasiada la intolerancia al verbo y a los monumentos, ha llegado la hora de destruirlo todo, todo, todo el lenguaje del mundo y decirnos al oído
nuevas y sucias palabras de amor

la esencia libre de las cosas
entonces
hace un tiempo
el horizonte de los ojos se cerró
los pasos no contenían más que la desgracia inmediata de la ausencia
el estómago era un volcán sin cráter, y la mañana, un arrebato infame de luz
no había silencio
porque el mar del génesis era un papel arrugado en el Eje Central

y que sé yo, que no sé nada de-cierto
que soy el coyote diminuto que se mete al fuego y termina siendo un perro
que soy un animal con cencerro que se da de topes contra las ramas
que siempre me pierdo

era demasiada la distancia que me separaba de mí
demasiados los años huérfanos de hilo para coser
demasiado el olvido de la bóveda celeste
la negación de mis manos
estas manos grietas que recogen la leña que se convertirá en fuego

fueron
demasiadas las mentiras que inventé frente a todos
para justificar mi histeria

pero voy a volver

la lucha del encierro la gané por ahora

peleé cuerpo a cuerpo con todo lo que en mí existe de incierto
hice más preguntas que respuestas
lloré poco
me soporté

y qué se yo que no sé nada de-cierto
que soy la hormiga roja cabezona que corre en pantalones cortos detrás del mediodía
que lloro los domingos porque no soporto la soledad angustiosa de mi cuerpo
que tuve novios, amantes y amigos a los que mostré la farsa de mi piel, el orgullo de mis espinas

yo
que a veces me convierto en la jactanciosa desnudista de mis lamentos

pero
voy a volver
la lucha del encierro la gané por ahora

entre las zarzas gobernantes del desierto
dejé un poco del afán por lastimarme
por hacer de mí un cuerpo lleno de agujeros
y de mi alma, un lugar sin refugios

que siempre regrese la calma
que valgan todos los intentos

soy la misma

no ocurrió nada alentador que haga cambiar el rumbo de la bóveda celeste o el curso de mi propia historia

solamente
quizás
que en un amanecer fuera del tiempo
embebida en la suma de mis alucinantes moléculas
mientras la luz del sol hacía clarear las montañas verdes
sola
en medio de mi propio silencio
pude contemplar por un momento la esencia libre de las cosas
y me perdoné

Noche cerrada

Cae cansada la princesa jinetera
sacudiéndose el moho
cae por la barra show del reloj inquieto
bamboleando los glúteos sonoros y perversos
suenan las ambulancias allá afuera
entre putas y secuestros
con violencia mueve las caderas andrajosas
la noche cerrada
se para en el atril circunspecto
de las máscaras y los perros
en su baile frenético
los hombres en directo buscan su sexo
para besar la miel de las esferas
pero ella no para
totalmente dueña de su cuerpo
la noche agitada
cede a los tropeles de su vientre
lo expande todo
ataca
ataca
la página roja deshecha de pétalos
explota
explota

Al final
la noche rellena de pieles sudorosas
de miradas lascivas
de hombres ciegos
de mujeres sordas
se rasga por completo
las ropas
la ninfa pegajosa se clava puñales
ella sola

Pensando en la edad

Cuando la edad se instale en mis ojos
y mi juventud con sus rarezas explosivas
se vaya a pasear con otros
tal vez con los fantasmas de unos tiempos
hasta más radicales
entonces iré deponiendo algunos defectos físicos
y de las ganas

Cuando la edad se instale en mis ojos
recordaré esta noche bulliciosa
estos excesos de sexo compuesto
alcohol en la sangre y marihuana en los pulmones

Me acordaré de tu pelo
y de tu olor al salir de la ducha
o quién sabe si hasta tu nombre se me diluya
cuando la edad se instale en mis ojos

Me acordaré también de tu psicosis
de cuando me cabalgabas poderoso
amenazante
fuerte
orgásmico

Cuando la edad se instale en mis ojos
lloraré los sueños que no alcancé
como aeroplanos
añoraré la belleza sin rebuscas
mi piel olorosa y siempre lista
estos piquetazos en el vientre
los besos húmedos que regalo
de madrugada
sin previos formularios

Cuando la edad se instale en mis ojos
y cuando mi juventud con sus rarezas explosivas
se disperse en el ocaso de una vida intensa
lloraré y sonreiré un poco
por las locuras que no hice
y por las que hice también
y de seguro voy a extrañarte
porque no serás el mismo que quise ayer
o anteayer

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Poema de la despedida – José Angel Buesa

Te digo adiós, y acaso te quiero todavía.
Quizá no he de olvidarte, pero te digo adiós.
No sé si me quisiste… No sé si te quería…
O tal vez nos quisimos demasiado los dos.

Este cariño triste, y apasionado, y loco,
me lo sembré en el alma para quererte a ti.
No sé si te amé mucho… no sé si te amé poco;
pero sí sé que nunca volveré a amar así.

Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo,
y el corazón me dice que no te olvidaré;
pero, al quedarme solo, sabiendo que te pierdo,
tal vez empiezo a amarte como jamás te amé.

Te digo adiós, y acaso, con esta despedida,
mi más hermoso sueño muere dentro de mí…
Pero te digo adiós, para toda la vida,
aunque toda la vida siga pensando en ti.

José Ángel Buesa Enamorado

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