SI YO TUVIERA…/

José Luis Gómez Toré (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Si gozara del don de esa palabra
que al alma con fervor enardeciera
haciéndole sentir es primavera
gracias dando al labriego que la labra.

Si fuera yo tan sabio y elocuente
cual lluvia es que repica en el cemento
y envuelve de plegaria a su lamento
trucando en alabanza su estridente.

Si fuera que yo fuera un orador
y nunca como ahora un comediante
viviera con placer a cada instante
gozando de esta estancia el resplandor.

Si al púlpito subiera en la mañana
lanzando mi proclama al universo
aupándome a los lomos de algún verso
o haciendo de badajo en la campana.

Haría de mi entorno alrededor
con la fuerza inflexible del converso
el eco del anverso y el reverso
del ansia de ese sueño que es amor.
©donaciano bueno

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Blas de Otero

En el principio 

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

POETA SUGERIDO: José Luis Gómez Toré

José Luis Gómez Toré

BLANCO DE CINC

Ve lo poco que somos,
una impaciencia habitada por los símbolos.
Pero te roba marzo y te confunde
con el vigía impúdico de un sueño.

DE INVIERNO

Invierno tiene márgenes extraños
y dobles de ceniza en los espejos
y estandartes de nieve inhabitable
como emblemas secretos del exilio.

Invierno es un país de márgenes extraños:
una calle que linda con la muerte,
la orilla de una gesta en una página,
una costa donde termina el mundo.

DEFINICIÓN DEL MAR

El mar es un afán
y un cansancio infinito,
vida secreta y muerte
a cambio de una música.
La mar, una doncella ciega
y la madre del mundo
y pájaros de espuma
que fecundan la noche.

PAISAJE

Una sábana azotada por la lluvia
nombra la sed sufrida por el agua,
el río que perturba los ojos del caballo.

PÁJARO DEL VERANO

Torpe aleteo,
feraz, enloquecido
contra los finos alambres de la muerte.

Dos años

Aún sabe que yo es tú.
El niño aprende (tú, yo, luz, abuelo, coche, pájaro) poco a poco nuestras palabras, las que no son de nadie.
Deja caer lentamente la arena sobre tus manos limpiándolas de tiempo.
Sus manos tan pequeñas palpan toda la música del mundo.
Es enigmático y transparente como el agua.

La vocación del vértigo

Donde hay profundidad hay vértigo.

La rama que recorta su altiva desnudez
contra un cielo sin nubes
sabe de lejanías,
como sabe la sangre y saben los espejos,
como la luz elige en qué cuerpos sumirse.

Si entre unos muslos buscas
el silencio del cauce,
si en la piedra tallada hay vetas de memoria,
si el tacto de este fruto
ya ha calmado tu sed,
si disputas
la aspereza de un tronco a las hormigas,
rozas la piel del mundo.
Es suficiente riesgo.
Sobre la superficie
no hay líneas que separen el miedo del asombro.

Pasos en el borde del agua.
Un zumbido de insectos
y ese rumor de sangre bajo el párpado.

Arte de cetrería

Si el ojo puede
retener en el aire el vuelo del vencejo,
que no olvide su forma,
la curva de sus alas, la certeza
de ser flecha y ser arco.

Cetrero insobornable,
cazador de sí mismo, no reclama
otro estandarte que el verano.

Destejen,
tejen el aire los vencejos.
Mira
su gesta en desbandada,
en el centro vacío,
donde un instante se cruzan
con un grito de guerra,

la quietud.

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