TERNURA

Poeta sugerido: Rocío Acebal

EL POEMA Lee otros poemas de AMOR

 

La miro y la remiro y los ojos se me nublan
y así nunca me canso y así vuelvo a mirar,
no veo, más presiento del alma su ternura
y en mis ojos su rostro se vuelve a reflejar.

De todos sus encantos percibo la inocencia
que me piden clemencia para no despertar
su carita graciosa que entre la somnolencia
me da su complacencia para ver su soñar.

Ternura, esa caricia que al alma nos arruga,
que a nuestros sentimientos les hacen tiritar,
un soplo es de alegría que vaga por el viento,

el placer de observar y sentirse contento
y ver que en un momento te vas a desmayar
y al fin adivinar la dicha que te subyuga.
©donaciano bueno

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POETA SUGERIDO: Rocío Acebal

Rocío Acebal

HIJOS DE LA BONANZA

Mi infancia son recuerdos de un piso a las afueras
y un huerto descuidado en la ventana;
mi juventud, veinte años de cuadernos de inglés.

Conseguirás —dijeron—
mucho más que tus padres y sus padres:
estudia cuatro años y tendrás un trabajo,
trabaja y vivirás siempre tranquila;
coopera y serás digna de un futuro.
Asentí, como todos —hijos de la bonanza—.

No atendimos a aquel presentimiento
aquel olor a pólvora —aún distante—
que asomaba en voz baja

El retorno

La inclinación melódica del mar
vuelve a posar tu voz sobre la arena

de vuelta en Calafell, años más tarde:
en días como éste, me pregunto

si, inhóspita sirena, has olvidado
la dignidad furtiva de aquel beso
o en los momentos íntimos retorna
aún a tu retina esa experiencia
primera del amor correspondido;

y en días como éste desearía
de nuevo retener entre mis manos
los contornos de sal que acaricié
en esta misma cala –en otro tiempo-,
aunque la toga de nostalgia cubra
después de tantos años las viejas ambiciones
aunque escondas el rostro, avergonzada

porque perduran
en nuestros cuerpos juveniles restos
de amor y de pasión,
porque es posible el gozo,
todavía.

OBVIEDAD

«Los poetas sinceros
como los músicos —según parece—
no deben conocer la tradición.
Descríbenos tus noches,
jodidamente hermosas con princesas
sin bragas
o vestido
que están mucho más guapas despeinadas,
revela la evidencia:
la noche es más oscura si no hay luces
o
es invierno y vuelvo a tener frío
o
los sordos no escuchan tus palabras.
No es necesario un don

vales

ni siquiera requieres de gramática.
Que tus destellos se extravíen
bajo la inocuidad de los volúmenes
como en la anécdota lo hará tu nombre».

“Afrodita”

Y está triste
como una silla abandonada
en la mitad del patio azul
Los pájaros la rodean
Cae una aguja
Las hojas resbalan
sin tocarla
Y está triste
en mitad del patio
con la mirada baja
los pechos alicaídos
dos palomas tardas
Y un collar
sin perro
en la mano

Como una silla vacía.

NO TOMES DE LA MANO A NUESTRAS HIJAS

Puedes amar,

pero no expongas a la luz
lo que has de hacer de noche,

pero no rompas tus grilletes
—la cadena es de oro: da las gracias,
corresponde la voz con tu silencio—.

Guárdate de los ojos
—eres una extranjera: no reclames,
no tomes de la mano a nuestras hijas—,

toleramos que existas: es bastante.

LO CALLADO

De poco sirven ya los versos que no he escrito
—de nada si no fuera porque aún puedo
fingir que no te amé—.

Este querer desarreglado, el muro
entre mi pecho y la palabra, es hoy
el último bastión de la entereza.

PROCESO LITERARIO

Acudir a tertulias de santones.
Escribir en un par de suplementos.
Llevar una revista o ejercer
de antólogo imparcial de tus amigos.
Actualizar el blog semanalmente.
Estudiar al dedillo las teorías de Dámaso
y el diario de Jaime.
Presentarse a concursos. Negar haberlo hecho.
Twittear al premiado: merecido,
qué ganas de leerlo
Quedarse con las caras del jurado.
Hacer generación como quien hace
encaje de bolillos.
Mantener buenos términos con todos los poetas
y odiar terriblemente a un compañero
de tertulia o revista.
Enviar manuscritos. Negar haberlo hecho.
Suplicar por un prólogo o, al menos,
una contraportada.
Enviar un WhatsApp a todos tus amigos:
El día ha llegado: mi libro ve la luz.
Os espero a las siete
en una librería. Me acompaña
un señor novelista o tertuliano.
Buscar el ángulo que muestre el gran
aforo del evento.
Invitar a café a un par de críticos.
Negar haberlo hecho.

¿Escribir un poema? Esa es la parte fácil.

EL CÍRCULO

La sábana escarchada de la arena
en tu mirar refleja el desgastado
recuerdo de otra aurora: el mar y el prado
testigos de pasión, la luna llena,

un cigarro, los gritos, tu melena,
su aliento de caballo desbocado;
de pronto, la tormenta del pasado
y tu rostro teñido por la pena.

Entonces, —sin ti— al paso de los años
un idilio fugaz en otra orilla,
una radio de fondo, el mismo tema;

el antiguo deseo, un gesto huraño,
los restos de salitre en mi mejilla,
la memoria del mar y este poema.

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