TRES VECES TE NEGUÉ

Poeta sugerido: Carmelina Vizcarrondo

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Tres veces te negué, fueron tres veces,
tres veces que sentí ese desencanto,
tres veces que sufrí, no sabes cuanto,
las ganas de abrazarte que mereces
a cuestas con mi llanto.

Tres veces renuncié ¡cuánto lo siento!,
no supe descubrir que te quisiera,
pasaste deslizándote a mi vera
igual que cada día lo hace el viento,
invierno o primavera.

Después, cuando te fuiste y amainara
al aire quise echar mi sentimiento.
La lluvia que pasaba ese momento
me vino a reprochar echando en cara
lo inútil del intento.

Y sigo aquí, después de tantos años,
asido a la andanada del recuerdo,
dudando si te abrazo o no estoy cuerdo,
¿por qué razón no tuve los redaños,
y entonces fui tan lerdo?
©donaciano bueno

El tren pasa una sola vez... Clic para tuitear
Comentario:
“El tren solo pasa una vez en la vida”, “es una oportunidad que no puedes desaprovechar”,”lucha por tus sueños”, “por el amor de tu vida no lo arruines”…Muchas veces oímos frases de este estilo. Parece que vivimos con oportunidades únicas con momentos decisivos en los que todo depende de cómo actúes para que encuentres el éxito o el fracaso.
 
POETA SUGERIDO: Carmelina Vizcarrondo

Carmelina Vizcarrondo

Búscame

¿Qué no me encuentras?
¡Si es que no me has buscado!

Búscame tras tu sombra
o en las retinas de tus ojos claros.
Búscame entre tus dedos
o en tu boca de sándalo.

Yo soy un soplo vivo
a tu vida arraigado.

Búscame por tu alcoba
entre tu sueño alado,
o por la senda rosa
de aquel amor lejano.

Por sobre tu orgullo,
en las flores azules de los prados.
Yo estoy dentro de ti
como un amor sellado.

¿Que no me encuentras dices?
Siendo en tu misma vida
que me pierdo…
¡Si es que no me has buscado!

Es el mar, aquí está, y te impregna todo el alma

Es el mar, aquí está, y te impregna todo el alma
desde la última luz buena de espejo a aurora
y desde el pabellón amado en los anhelos
de algunos vientos suaves casi humanos y puros,
igual que los amores y esperanza en la música
con el total consuelo de la estival fragancia;
así es tu caudal, mira manecillas del sueño
dibujadas al tiempo de las olas halladas
con el instrumental lego de las flores blancas.
Se expone en la alabanza la rama de las nieblas
imprecisas y secas justo detrás del mundo,
la ciudad disimula alguna tarde en tinieblas
sin eludir letargo que la fama acarrea,
al resumen ardiente de toda ceremonia
limada en el encuentro del aire y el deseo
de un verso de fortuna tan tierno y obediente
sobresale en el cielo justo el último verso
el monumento libre que silva desde el aire
Conmigo es fácil siempre multiplicar encuentros
ausentes de lisonjas conducidas al son
de olores derramados en la rosa atrevida,
se decora el invierno con algunos chichones
de clavel y de águila sabiendo incertidumbre
en el prado de la casa escrita entre los labios
del diluvio pudiente hospedado en el escrito
que te sigue en razón celebrando utilidad:
bien sin vivir bien sin nacer la voz encendida,
te sigue hasta la gloria de la fe y del amor
oriente embelesado en arenas amarillas.

El rayo de sol

¡Que se escondió un rayo de sol
por debajo del árbol en flor!
Van las niñas a cogerlo,
pero es lagarto y veloz
y no deja que las manos
le apaguen su resplandor.
Cinco pares de manitas,
diez manitas y un cartón.
Una sobre de la otra,
sobre de ellas el cartón,
¡y todo a la vez
sobre el sol!…
…mas el sol dando un saltito
se trepó sobre el cartón
como una puñaladita
de luces y de emoción.
¡Qué inútil las diez manitas
contra los juegos de Dios!

Duerme alma mía

Duerme alma mía, y descansa.
Desde hoy velaré yo.

Duerme que te estoy cantando
nanas de mi corazón.

Sosiega tu vida inquieta
saturada de dolor.

Velará mi cuerpo sano
tu sueño reparador.

¡Ya bastante has trasnochado
por esas calles de Dios!…

Duerme que te estoy cantando
nanas de mi corazón.

Duérmete que si no duermes,
volverá por ti mi amor.

Loíza Aldea

La carretera asfaltada
le va coqueteando al río
y le hace seña en la curva
con su codo de peligro

Los árboles espinosos
hacen punzante el camino
y un automóvil glotón
se traga el paisaje vivo.

La ceja negra del puente
sobre el agua en remolinos
va remolcando cantares
y poemas vitalicios.

Atrás un dragón de azúcar,
en sus marfiles pulidos,
lleva una carga amargada
por contrapesos de hipos.

Más acá nube de pájaros
con nostalgias en los picos,
Cerca del cerro, a lo lejos,
martilleos de relinchos.

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Retire usted su ofensa, no consientoque nadie a mi me llame calavera,se suba sin permiso…
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