TU CORAZÓN Y EL MÍO

Pedro Leandro Ipuche(Poeta sugerido)

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Que hoy el río sin agua ya no es río
y hasta el puente muy triste se ha quedado,
sus afluentes, tu corazón y el mío,
sin consuelo, no saben qué ha pasado
¿por qué están apenados, sienten frío?.

No tienen quien les mire, quien les llore,
quien ose aposentarse en su ribera,
no sirve ya de nada les implore,
que espere a la florida primavera
soñando con nostalgia que desflore.

Las hojas de los chopos se han caído
no hay cangrejos, no hay peces y no hay ranas,
ni hay cieno, nada ya ha sobrevivido,
ni tan siquiera hay ya esperanzas vanas
que al viento dispersadas se han perdido.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Pedro Leandro Ipuche

Pedro Leandro Ipuche

Pienso tres cosas lindas

Pienso tres cosas lindas y las digo:

Nadie conoce la dulzura
Como la pata de la mariposa.

Una invisible sombra, sutil, ebria …
La sombra de la luna sobre el aire.

Perforemos un pozo,
Y saquemos la luz, quedando el día.
El ojo iluminado verá el pozo,
Porque la luz no es el color del día.

Me gusta

Me gusta el dorso de las barajas nuevas.
Las corbatas flamantes.
Los pañuelos de seda que, en la caja, se miran
Y no se tocan…

El iris seco de los biseles
(¿Y los caireles?)
El olor de los libros escolares.
La eléctrica naranja de la pelota variopinta…
La piel pintada de los lápices.

Las bolitas con íntimos colores
Que en la infancia poníamos
Contra la lámpara casera
Y derramaban, tembloroso, el iris …

¡Feliz el que conserve la cosquilla
Simpática del niño en sus rarezas!
Será la llave de la maravilla
Abriendo el ojo de las sutilezas.

El Guarda puentes

Se jubiló para mudar de vida
Y de lugar y… divertirse el resto.
Más de una cincuentena repetida
Sobre las viejas aguas de su puesto.

-Me voy a una ciudad desconocida
Donde pueda vivir con otro gesto.
Ya tengo el alma dura y desabrida
Y el brazo setentón poco dispuesto.

Lo engañó -como suele- la costumbre:
Creyó muy fácil desprender herrumbre
Y separar el corazón ligero.

Un día los atónitos pasantes
Lo vieron con los ojos vigilantes
Pescando bajo el puente compañero.

El Circo

¡Brava infantilidad del circo!

Vivo en mi casa el circo amoroso.
Soy el acróbata curtido
De los trapecios y pistas del alma.

¡Qué de saltos mortales
Y cambotes fatales!
¡Ah mis cabriolas sentimentales!

A veces muestro la patética
Rigidez del “patrón”.
(¡Ese patrón!)

Pero…
Soy para mis dos hijos el payaso
Intimo, solo y sin color.

El cielo líquido

El sol ha vuelto el cielo esta mañana
Tan líquido y corrido
Que mis ojos se tejen en las aguas celestes

No es el agua que salta o resalta:
Es el agua fluida,
Visible y escondida,
Como presencia de esencia.

En el otoño he visto
Un cielo tan marino sobre mí,
Que aquello era el abismo vertido sobre el día.

El abismo asomado que marea de arriba;
Donde se pierde el ojo de anegarse y beber.

Tierra honda

Y yo que he visto el río no puedo ver el lago,
yo que he estado en la selva me río del jardín;
enlacé toros chúcaros en la luz de mi pago,
y me crié con carne, con leche y macachín.

Ya veis que soy un gaucho. Conozco la aspereza
de ¡a sierra más dura, y larga y primitiva.
He sentido mi cuerpo gozoso en la fiereza
de los caballos rápidos de mirada más viva.

No siento la mecánica. Un potro es la energía
caliente de la vida. Y un auto es un cacharro.
Me entusiasman los pájaros alborotando el día
y los cuatro caballos que sacuden un carro.

Son los sagrados vínculos de mi emoción, sencillos:
los árboles, las aguas, el sol, el horizonte
y las estrellas fieles de cósmicos anillos,
y el animal y el pájaro de la tierra y el monte.

La amistad de los hombres es una herida hermosa,
inevitable y húmeda:—lo saben mis amigos!
Por ellos la frescura del corazón retoza,
y en las horas del cáliz, sé la ley de los trigos.

En la Naturaleza me encuentro llanamente:
late en la ramazón de mi cuerpo violento
su fuerza oculta y viva que se achica en mi frente,
y grita en la palabra de mi estremecimiento.

Pude haberme afinado hasta hacerme una onda,
traslúcida y volátil, pero no puede ser:
el oleaje es flotante, y la raíz es honda,
y de la hondura fresca me gusta florecer.

Pero qué delicado es todo lo maduro!
De la entraña se alza la palabra más fuerte;
la emanación lozana del fondo más oscuro.
sale a la luz para vencer la muerte.

Hay artistas que ajustan las gemas afinadas
a los nervios vencidos en una engarzadura;
pero el poeta engasta sus gemas invioladas
en los anillos íntimos de la sangre más pura.

No se puede jugar con la Naturaleza
ni con el santo espíritu que la sien ilumina.
Adentro está la vida y toda fortaleza,
y la armonía ciega de la estrofa divina.

Si me afino me pierdo. El vigor de mi verso
está en la más profunda grieta de mi interior.
Esta grieta es la herida que me une al universo
por un anhelo erguido y un místico temblor!

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Ya sé que tú me ignoras, no me importaque el agua ya no bebas de…
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