TU MIRADA EN MI MIRADA/

María Antonieta Le-quesne (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Regálame una luna de cristal
con tu mirada impresa en el espejo.
No preciso ya el marco, me da igual,
lo que amo de tu cara es el reflejo.

Ni preciso que te pintes. Natural,
que atractiva pareces a este viejo.
Con mimo hoy le pondré en un pedestal
al nivel de mis labios por si beso.

Contigo nunca yo he de ser neutral.
Si alguna vez entiendes te cortejo,
no pienses soy atrevido, liberal,
que tu humor has de echar y tu gracejo.

En mi habitación pegaré un mural
para darle a mi vista algún festejo,
y hablar contigo de forma muy jovial
o en caso de apuro pedir consejo.

Y si un día este vetusto carcamal
a tu vista no asomó, y no me quejo,
no creas me olvidé, llegó el final.
Tu mirada en mi mirada he de llevar,
no la quiero vender ni subastar,
valdría un dineral. No tiene precio.
©donaciano bueno

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María Antonieta Le-quesne

ALMA QUE MUERES DE AMOR
Alma, que mueres de amor,
dime lo que es despertar
en la alborada de Dios,
cuando se muere de amor.

Yo sé lo que es enfermar
y agonizar de pasión,
pero no he sabido amar
para morirme de amor.

Alma, que mueres de amor,
dime lo que es enfermar
para morirse de amor…
¡Yo solo sé agonizar!

y, para hacerme morir,
sé que no habrá otro dolor:
en el curso del vivir
no he sentido otro mayor!

Y no me quiero morir
si no me muero de amor,
porque yo quiero vivir
la agonía del amor…

Alma, que mueres de amor,
dime lo que es enfermar
para morirse de amor…
¡Yo solo sé agonizar!

Recodo azul
Y todo pasará

Yo sé que hay signos que a mi vida marcan
un límite cercano…

¿La Muerte?
Pienso en ella como en la Primavera:
más ansias que cuidado…
(Pero pienso en la tumba
y siento frío, hermanos…)
 – – –
Una tarde de otoño,
las flores temblarán en vuestras manos,
una vez, sus fragantes emociones
y caerán en mi tumba, con blandura
de infantiles, sangrantes corazones…

Y todo pasará…
Vendrá el crepúsculo,
tornaréis, cabizbajos, los más fieles,
—que me habréis despedido— a vuestro hogar…
pensaréis unas horas en la muerte,
y todo pasará…

Luego vendrá el invierno
y llorará la angustia
de inquietudes de siglos
en mi vieja emoción
y filtrará sus lágrimas,
sin un aromo nuevo
de manos cariñosas,
sobre mi corazón…

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