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Mi poema: 'VERDAD PALMARIA'

Mi Poeta sugerido: Jorge Arias

MI POEMA…de medio pelo Lee otros poemas de AMOR

 

Sentada estaba asida en la parada
atenta a que llegara el autobús,
oyendo una canción de Celia Cruz,
al frente allí perdida la mirada.

Quería así ocultar lo que sentía
mas, dulce, su mirar la delataba,
fingiendo por si alguno la observaba,
ausente a lo que entorno sucedía.

Debieron trascurrir muchos minutos
y el bus al que esperaba no pasó,
con él se fue el amor con que soñó,
la suerte a veces cobra sus tributos.

En esto que ella andaba obnubilada
un joven a su lado se acercó,
y cuentan que del otro se olvidó
y hoy sigue felizmente enamorada.

Pues dicen que la suerte es veleidosa
haciéndote sentir abandonado,
mas otras hay se sienta a nuestro lado,
y piensas que en verdad es una diosa.

La suerte en el amor es necesaria,
sin ella existe un riesgo en ese trance,
quien sale victorioso de ese lance
habrá de ser feliz. Verdad palmaria.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Jorge Arias

Jorge Arias

En la mañana

Las muchachas aun húmedas por las telas del sueño
barren como arrojando al viento sus deseos
basura de las noches
Es un oscuro canje
Abramos nuestras manos rueden las aguas
y el fresco de la noche
los ojos en las nubes recibirán su premio
Una tristeza fina llueve sobre la tierra
El sol se tranquiliza bebiendo en las esquinas
los ruidos de la calle tratan de armar el mundo
Ya es bastante alegría
La luz nos enceguece
El alma de la noche se evapora en los ojos
La mañana nos bebe en una sola copa
No llegamos a estar a la altura del mundo
sino cuando apuramos toda la eternidad
Mientras tanto flotamos en un líquido impuro
Navegando vacíos como nueces cascadas
Porque antes de la noche nos esperan las horas
No deben marchitarse hay que ponerles algo
para que el mundo gire y las lágrimas vuelvan
Un cielo como un mar sorbe nuestros deseos
El agua de la noche se ha secado en los techos
El mediodía nos espera muertos.

La Fuente

En la fuente se exalta la soledad del agua.
Una onda de brisa mece la cabellera
de la virgen que surge y se entrega a los aires
voluptuosa de nada, para volver a sí.

El árbol incesante, sin pausa deshojado
ha fatigado al día. La noche se adormece
acunada a lo largo de su flanco estrellado
por el canto monótono que la fuente devana.

Plateada melodía con que celeste lira
Interroga al espacio que calla y nos devuelve
Los derrotados trinos y en el silencio vierte
La reflexión continua de las ruinas del día.
De Piedras de toque (ediciones de la Banda Oriental, 1969)

Canción

Se recoge el viento
en tus ojos fríos.
Yo recuerdo un cuento
de amor, amor mío.

Yo recuerdo tanto
que al recuerdo fío
el dolor y el llanto
para verlos míos.

La nube de armiño
desnuda al ocaso.
¿No oyes acaso
que se ha muerto un niño?

¿No escuchas la estrella
hablarte al oído?
Si tú no eres ella
no me habrás tenido.

Te das a la noche
y yo sé que lloras,
porque en esta noche
por fin te enamoras.

El viento del mar
amor, me aconseja
perder tu mirar
si tu voz me deja.

¡Llora! ¡Canta! Goza
tus amores idos.
Si te vuelves rosa
no me habrás perdido.
De Piedras libres (ediciones Canal, Buenos Aires 1973)

Lógica

Quizás la simple lógica
en el plano de sus proposiciones,
nos conduzca, por líneas inquietantes
al volumen final de la tragedia.
Quizás, al fin de cuentas,
la simple suma
de dos más dos,
dé un grito.
De Piedras de canto (Ediciones de la Banda Oriental, 1976)

Declaración del recién nacido

Madre, ¿son las auroras
así, de sangre?

Vengo a través de ti,
desde tu carne,
pero mi alma es un viento
ingobernable.

Sé que vengo de ti,
mas de otra parte,
de un sueño en que los hombres
son inmortales.
Vengo a través de ti,
desde muy antes
que signaran tu cuerpo
mis iniciales;

como luz que se agita
entre cristales
asombrada del rumbo
de sus imágenes

que navegan apenas,
unas, plurales.
Madre, ¿son las auroras
así, de sangre?

Sólo nacer podía,
tú bien lo sabes:
no fue un crimen rasgarte
el sexo, madre,

tan tenso como el falo,
pálido amante
que en ese laberinto
del que era clave,

buscaba una salida,
su desenlace.
(muerto en su laberinto
yo fui la llave).
Madre, ¿son las auroras
así, de sangre?

Largo el camino y largo
este abrazarte
desde dentro de ti,
mi primer trance;

siento, ya consumado
el traspasarte,
la tristeza divina
de los amantes;

estoy aquí, vencido,
triunfante, nadie.

Que este instante de amor
Inevitable,
más fuerte que nosotros,
como un derrame

de la vida que cruje
para salvarme,
no es para mí un principio,
es acabarme.

Yo no te amaba, estaba
esperando un viaje,
el toque de agonía
que me lanzase

como de pez a pájaro,
del agua al aire,
que si ha nacido un niño
ha muerto, sabes,

el suave prisionero,
tu habitante.

Quisiera que me digas,
de veras, madre,
¿son así las auroras,
crepusculares?

Crepúsculo

Es domingo de tarde. Ya se han ido.
El mar en mi ventana. Me he quedado
nadador de la nada, adormecido.
El día parpadea, consumado.

El mar en la ventana. El agua es fría
y, ya fantasma gris bajo la luna,
se esfuma la ciudad, como si una
ola hubiese arrasado su alegría.

De pie otra vez, nuestro mortal orgullo
sugiere, con un pálido murmullo
un abismal crepúsculo de rosa;

pero, un segundo más, y la imprudente
magia se nos desploma. Es evidente
el mísero misterio de las cosas
De Piedras en el aire, edición del autor (2012)

El nombre secreto

Caminante, no debes dar por cierto
que yo, que yazgo aquí, soy Jorge Luis
Borges, ducho en enigmas y en esfinges.

Fui un desterrado errante. Inventé al otro
para darle una máscara a mi padre.
Fui un vagabundo del amor. A ella

la adoré bajo el nombre de las otras.
Borré pistas, tejí mis laberintos:
Doctor Jekyll, Mister Hyde, Dorian Gray,

mas mi nombre secreto es el de Edipo.
Los dioses me otorgaron los castigos
que inmortalizan ese amor temible:

la ceguera y el fiel tartamudeo
cuando quise decirle “yo te amo”.
los tebanos ya no me soportaron,

erré otra vez, con mi hija, con Antígona
o María, por Ginebra, por Colono.
No puedo recordar nombres exactos.

Los árboles azules

Corazón, de tu soledad
vuela a ese país lejano
donde silentes, gravemente
por los recintos de la mente
crecen los árboles azules.
Ese sitio preciso
donde el perfume de las cosas
por entre estruendos y dulzuras
busca una abeja melodiosa;
y bajan tus pájaros sutiles
como la nieve, en leves copos
sobre copas de hojas azules.

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