YO AMO A MI TIERRA

»El Poeta sugerido: Néstor Mux

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Yo amo a mi tierra igual que el bien nacido
le mima a su camino al que agradece,
la planta que estimula cuando crece,
se ase al pecho del ser que le ha parido
y ensalza cuando mece.

Y aunque soy como un hijo que abandona
de la más tierna infancia al que es su hogar
que nunca lo olvidó ha de confesar
en los lares distintos mi casona,
tan lindo palomar.

Que haber nacido allí fue un privilegio,
un mensaje de amor de la fortuna,
un hito bendecido por la luna,
argucias del azar, de un sortilegio,
no cabe duda alguna.

Mas nadie ha de pensar que soy tan necio
de atribuir al nacer virtud alguna,
mis padres, quizás dios, tal vez ninguna,
que es la suerte que goza del aprecio
de la que fue mi cuna.

Mas igual que lo hiciera el roble recio
que en la tierra sus raíces alimenta,
da gracias por hacer de basamenta
del mundo a su vivir. Guardando aprecio
al ser que le sustenta.

Que esta rama de un árbol desgajado
a otro tronco le debe su sustento,
y es al agua, al sol, a la luz y al viento
nutrientes que le impiden ya esté ajado
y siga en movimiento.
©donaciano bueno

En la imagen la magnífica Iglesia de San Andrés en Zazuar, un pequeño pueblito de la provincia de Burgos. La Iglesia de San Andrés es de grandes dimensiones iniciada en el siglo XVI y cuya construcción duró unos dos siglos

POETA SUGERIDO: Néstor Mux

Néstor Mux

Razones

a Mario Adolfo de Abajo y Bocha Rojas

Porque nos hemos resistido a sólo
consumir y prosperar como el resto del mundo.
Porque aún guardamos una memoria
para los muertos que adornan, para nadie,
las zanjas de esta cruel ficción llamada patria.
Porque todavía no se nos mezclan del todo
los variados rostros del verdugo
con el único rostro de la criatura humana.
Porque debemos, a nuestro juicio, lealtad a la palabra
y hablamos cada día con mayores silencios
hay en nuestras mesas alcoholes formidables,
ademanes de patética sinceridad
y risas que dejamos escuchar como pedazos de pan
cayendo al fondo, pero sólo mientras tanto.
Fuente: Como quiera que sea, Néstor Mux, Ediciones del Aire Libre, La Plata, 1978.

Sólo fantasmas

Desde lo más hondo
se van abriendo paso impunemente
hasta instalarse en el centro de nosotros.

Como dulces fieras o ángeles pavorosos
vuelven a recobrar los pedazos de sí,
dejándonos a cambio el oprobio
que les dimos o las maravillas efímeras
que a nuestra vanidad se le antojaron inmortales.

Sólo fantasmas recorriéndonos hasta el final,
para que no olvidemos nunca que nuestras vidas
están construidas también con la memoria,
el estupor y la carne borrosa de esas muertes.
Fuente: Como quiera que sea, Néstor Mux, Ediciones del Aire Libre, La Plata, 1978.

Poetas de orilla a orilla

Porque consagraron su voz a la melancolía
desde aquella orilla viene un discreto olor
a muertos respetables. Desde esta otra,
en comunión con la tierra de los hombres
sólo intentamos la celebración
de la alegría o la tragedia
porque estamos vivos.
Fuente: Perros atados, Néstor Mux, Ernesto Girard Editor, La Plata, 1982.

Perros atados

Es posible que ese perro atado ladre
a estrellas que lo aturden con señales
o aúlle a quienes lo dejaron vigilando,
para nadie, una casa abandonada.

Los vecinos se quejan porque no pueden dormir,
escuchar la radio o lustrar sus automóviles.

Mientras tanto yo le adivino colmillos azules
como el amor o la muerte y lo imagino altivo
como algunos hombres o como muchos perros.

Porque su sonido tiene algo de delicada insensatez
o de agonía, y ese sonido me acompaña y me persigue.
Porque su ladrido se impone por sobre las voces
desafinadas y rancias de la gente
mezcladas como al fondo de una olla.

Y porque es posible que yo esté atado también,
pero sin su convicción para ladrar y aullar
ahora que siento finalmente que me han dejado solo
vigilando una luz casi deshabitada.
Fuente: Perros atados, Néstor Mux, Ernesto Girard Editor, La Plata, 1982.

Al despertar, día tras día

Al despertar, día tras día, abrimos la ventana
para comprobar que los dueños de la tierra
todavía no la han destruido del todo.

Acariciamos los animales
que protegen el descanso de los nuestros
mientras el agua hospitalaria
de la pava y el mate recibe condescendiente
a estos modestos poetas de provincia.

La razón apenas entreabierta, entonces,
el cuchillo de ardor en el estómago
y la cáscara fastidiosa de los sueños
no dejan de recordamos que sin porvenir
la palabra –como la vida– es difícil.

Sin embargo, con la cautela de los náufragos
nos acercamos a la máquina de escribir
y en el espacio sin límites
de la hoja en blanco, creemos escuchar
un silencio poblado de temblores,
una música que insiste
hundida en un territorio de promesas.
Fuente: Poemas, Néstor Mux, Ernesto Girard Editor, La Plata 1986.

Fotografía en el hospital

a Julieta, Juanpedro y Griselda Mux

No era que el cuchillo
careciera de filo
o que la pera resbalara en su propio jugo.

Eran sus manos que entonces
sólo podían saludarnos.

En la insignificancia del anillo de plata
que me entregara la enfermera
parecía caber el jugo inútil de la fruta
y toda la belleza y toda la sombra
que nos quedaba.
Fuente: Papeles a consideración, Néstor Mux, Libros de la talita dorada, La Plata, 2004.

Remolques y memorias

Con el cascajo llevábamos
a los chicos a la escuela;
hacíamos las compras y las mudanzas
o cargábamos las hortensias desde el río.

Un día echó un humo desinflado
y se agotó provisoriamente en las afueras.
Con su automóvil, mi padre
lo traía con una cuerda
que no dejaba de cortarse
y yo insultaba a dios y al aire.
Él manejaba con el silencio natural que lo rodeaba
ya que sentía cumplir un deber más
de todos los que cumplía.

Me aseguran que el cascajo todavía recorre
los itinerarios modestos que le imponen.
Mi padre, cada tanto, me recorre
la memoria con su ausencia
y la cuerda apagada de otros días
con la que dejó de remolcarme.
Fuente: Papeles a consideración, Néstor Mux, Libros de la talita dorada, La Plata, 2004.

Graffiti tardío en el parabrisas

La vieja inclinación a desentrañar
las cosas del espíritu
entorpeció la posibilidad
de juntar riquezas.

Pero ella escribe
te amo y sus iniciales
en el vidrio del automóvil
como si aún tuviera
toda la juventud a su disposición
para que yo revise
la abundancia de mis bienes.
Fuente: Disculpas del irascible, Néstor Mux, Libros de la talita dorada, La Plata, 2009.

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