YO AMO EL AMOR

Mi Poeta sugerido: »Víctor Sandoval

EL POEMA… de medio pelo Lee otros poemas de AMOR

 

Yo amo el amor igual que aquel que ama
el alma del pabilo de una llama,
la escarcha en el pistilo de una flor,
la fiel policromía del color,
y en ansia de abrazarle se derrama.

Al cielo de semblante que infinito,
con fluido a mi me baña y pega un grito,
el agua cantarina de una fuente,
la flor cuando germina la simiente,
la luna que en la noche truca en mito.

Bendito abrazo sea aquel que abraza
carmín, el que desprende de una taza,
tirita que curando va a la herida
la mima con primor por ser querida,
el sol que se aposenta en mi terraza.

El viejo que llevamos todos dentro,
el sueño que se muere en el intento,
la pena que se viene tras del gozo,
deseo de querer que cae a un pozo,
el ansia de contar lo que hoy yo siento.

Yo amo la vida al ver como se escapa
y miro a una belleza y digo ¡guapa!.
Bendigo la inocencia de un bebé,
la ciencia a la que adoro sin por qué,
la vida y el placer que a mi me atrapa.

Amor, cuando ese amor a mi me llama,
al aura que deslumbra en nuestra cama,
la brisa susurrando le va al viento,
y hasta el fin de la tapa de este cuento
que en pecho nace y en el que el niño mama.
©donaciano bueno

Qué lástima, muchacha,
que no te pueda amar…
Yo soy un árbol seco que sólo espera el hacha,
y tú un arroyo alegre que sueña con la mar.
José Angel Buesa

POETA SUGERIDO: Víctor Sandoval

Víctor Sandoval

Mírame, por dios, desde lo oscuro…

Mírame, por dios, desde lo oscuro;
ahonde cada sombra
de estos árboles
tu recuerdo.
La luna,
las baldosas, los arcos de cantera;
esta misma baldosa, esta cantera,
esta lápida inmensa
que te preserva de los vientos.
Abajo
la podre te acribilla.
Pero ahora,
mírame, por Dios, desde lo oscuro
a donde han confinado
tu cuerpo hecho de códigos dolientes,
curvaturas de esquinas, periferias,
porosidades abiertas a mi lengua;
mi lengua que no pierde
el sabor de tu vientre y tus axilas.
Pero ahora, mírame,
desde el obsceno espacio en que reposas.
Sólo por un instante,
mírame, semillero de larvas,
gusanera de estrellas.
(De: Agua de temporal, 1988)

Paso de sombras

Montes de orégano en la noche crecen
y se diluyen en la madrugada.

Un árbol es la torre de la iglesia.
Voltear la carga y aromar el aire.
En silencio los pájaros escuchan.

Andar como sonámbulos entre cerros;
despuntar de mañana:

Es la estrella en el polvo
erizada de espinas.
Es la flor y es el canto
que amanecen.

A ratos entre escombros y zozobras,
dormita el fugitivo de sí mismo.
De: Agua de temporal, 1988

Canción

He sembrado mi nombre
en la tierra dorada
donde habitan tus besos
y canta la esperanza.
Mujer de dulces frutos,
caída y levantada
una y mil veces más
por mi amor sin mañana.
He sembrado en tu vientre
mi infinita nostalgia,
y mis sueños perdidos,
para que en tus entrañas
sientas que noche y día
te canta mi esperanza.
De: Para empezar el día, 1974

Duerma la virgen su pasión secreta…

Duerma la virgen su pasión secreta.
Sueñe con su preñez la joven desposada.
Tal para cual, en el espejo,
el cornudo se adorne de laureles.

Tres veces ha cantado el gallo
para el amigo tránsfuga.

Dueños de la verdad, los conjurados
repinten en las bardas su anatema.

Oiga pasos de amor sobre el tejado
la viuda insatisfecha
que se extingue en su propia calentura,
en su veneno arácnido y nostálgico.

El agua se edifica,
se eleva del aljibe
y desciende doméstica.

Ya encuentran acomodo
los antiguos dolores,
se clavan, se difunden, aletean
en la jaula de huesos.

Para los desterrados
de rangos y fortuna
no haya sino descanso a medias;
sal en los ojos que en la madrugada
dejan el sueño;
no haya sino placer apresurado,
alcohólico jadeo,
hojas de té para empezar el día.
De: Para empezar el día, 1974

Para empezar el día

Vamos a trabajar
el pan de este poema.
Hay que traer un poco de alegría;
que cada quien tome su cesta.
La noche gira sobre la esperanza
y desgasta sus párpados la estrella.
Surgen las graves letanías del trigo
por los labios abiertos de la tierra.
La espiga se desnuda sobre el aire
y el agua suelta sus cadenas.
Con un poco de esfuerzo y de ternura
vamos a trabajar
el pan de este poema.
De: Para empezar el día, 1974

En las tardes…

En las tardes,
cuando los hombres besan
a sus mujeres
por las calles
y se hacen el amor
como jóvenes bestias.
Cuando los que practican
este duro oficio de inconformes
convierten los cafés
en las repúblicas
del ocio y la utopía.

Cuando se enciende en las ventanas
el relámpago gris
de la televisión
y en las casas antiguas
se advierte una nostalgia
de pianos en desuso.

Entonces la ciudad lleva en su pulso
un río de mariposas
y el solitario de las plazas y las calles
ve su juventud nunca gozada
pasar en otros cuerpos
ágiles y fuertes.
La guerra está lejana
y el veterano ha conquistado
el derecho a vivir entre nosotros.

¡Quién como nosotros,
los que volvimos de la guerra
y nos labramos
un brillante porvenir de veterano!

Allá, cerca del mar,
entre las tierras vírgenes,
en las islas ajenas,
florece el rostro
de nuestro compañero.
La barba adolescente
de hierba en primavera
y en los ojos abiertos
el vuelo suspendido de los pájaros.
En las botas que un día pisaron fuerte
han crecido los juncos,
el trébol de la suerte.
Pero nosotros,
los que volvimos de la guerra,
nunca tendremos el destino
de tronco renacido en los pantanos.
De: Para empezar el día, 1974

En las tardes…

En las tardes,
cuando los hombres besan
a sus mujeres
por las calles
y se hacen el amor
como jóvenes bestias.
Cuando los que practican
este duro oficio de inconformes
convierten los cafés
en las repúblicas
del ocio y la utopía.

Cuando se enciende en las ventanas
el relámpago gris
de la televisión
y en las casas antiguas
se advierte una nostalgia
de pianos en desuso.

Entonces la ciudad lleva en su pulso
un río de mariposas
y el solitario de las plazas y las calles
ve su juventud nunca gozada
pasar en otros cuerpos
ágiles y fuertes.
La guerra está lejana
y el veterano ha conquistado
el derecho a vivir entre nosotros.

¡Quién como nosotros,
los que volvimos de la guerra
y nos labramos
un brillante porvenir de veterano!

Allá, cerca del mar,
entre las tierras vírgenes,
en las islas ajenas,
florece el rostro
de nuestro compañero.
La barba adolescente
de hierba en primavera
y en los ojos abiertos
el vuelo suspendido de los pájaros.
En las botas que un día pisaron fuerte
han crecido los juncos,
el trébol de la suerte.
Pero nosotros,
los que volvimos de la guerra,
nunca tendremos el destino
de tronco renacido en los pantanos.
De: Para empezar el día, 1974

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