YO QUISIERA SUSURRARTE

»El Poeta sugerido: Valeria de Vito

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Niña, esta noche se nos muere un año
¿di, cuantos van? que yo perdí la cuenta
desde el día, era allá por los setenta,
que fuimos a beber del mismo caño.

Tu llevabas vestida una sonrisa
en tu cara preñada de amapolas,
yo un pardillo ya harto de estar a solas,
allí fue te pedí subir a misa.

Mas hoy quiero al oído susurrarte
lo que aún gozo el mirarme en tu pupila,
lo mucho que tu cuadro me encandila,
pues que eres para mi una obra de arte.

Que adoro tu semblante pinturero,
que te amo como nadie te ha querido,
disfruto por lo lindo que ésto ha sido,
no se paga con nada, no hay dinero.

Pues la luna no puedo ya ofrecerte,
que el tiempo no me espera, ni un segundo,
prometo, mientras viva en este mundo,
amarte con codicia, aún más quererte.
©donaciano bueno

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Aunque haya muchos que lo duden y quisieran hacernos creer que eso es imposible, aún existen amores que duran toda la vida.

POETA SUGERIDO: Valeria de Vito

Valeria de Vito

Viento en la ruta

Tomo té,
escribo.
Es el viento
o el corazón,
el que galopa.

El coche nos dejó.
Sin decir una palabra
regresamos acá.

Anduvimos como briznas de viento
contra la corriente,
hasta llegar a este hotel
lleno de frío,
rodeado de caballos y jabalíes.

Aunque en un rato amanezca,
acá no habrá música,
apenas tus ronquidos.

Estamos lejos de todo,
lejos de darnos un beso
lejos de imaginar la paz.

Noche de furia

Anoche, hubo furia de estrellas.

Pronosticaron lágrimas,
intentos de robo,
alarmas,
granizo,
incendio,
y se olvidaron
de la furia de estrellas.

Nos sumergimos
en una ficción:
Imagino un pronóstico nuevo:
el sol cierra
en un cielo rojizo.
Nosotros,
sentados
sobre la orilla
del río.
Cada junco tiene su color.
Los juncos y yuyos,
las manzanillas y el cardo,
los grillos que se hacen oír
desmienten un pronóstico vencido,
actualizan el amor,
lo vuelven parte de lo natural.
Hacen brillantes los sentidos.

Estamos acá.
Donde el cielo,
el agua,
las plantas y los animales
nos comprenden,
haciéndonos parte
de un todo original.

A varios metros,
sombrillas de paja
sacuden oscuridad.
Una tormenta de polvo amenaza.

Un mosquito filoso

Llovía
cuando
estábamos juntos,
y juntos caminábamos
no sé adónde
o dónde
llovía,
no sé.

No sé
si escribo
para vos
o para mí;
por qué escribo
si sé
que
me pasa.

Son muecas, gestos
partes de un todo
que se está yendo.

Lamento, lamento, lo lamento,
mientras un mosquito filoso
me pica el antebrazo
y paro de escribir para matarlo.

Quiero volver a verte
o empezar a verte,
a comprender
qué pasa,
qué escribo,
para qué escribo.

¿Para nada
o para vos?

Quiero volver a verte
o renunciar
a verte,
a aceptar
qué pasa,
qué pasaba,
por qué el odio
es un amor tan grande
que se esparce por el cuerpo.

“LA TORMENTA ARRASÓ CON LOS PAREDONES
DEL CEMENTERIO ISRAELÍ, UBICADO EN LA TABLADA.
EL AGUA LEVANTÓ CADÁVERES.”

A metros de la Avenida Crovara,
el cementerio Israelí frente al legendario hotel Gloria.
En la otra esquina, lo que quedó del cine Güemes
fue transformado en una confitería que ofrece
el servicio de lunch más barato de la zona.

En ese cine vimos Jurasik Park 3D y
Tanguito la misma semana que estrenó.
Las películas en el Güemes
Llegaban más tarde
que a las carteleras del microcentro.

Esta madrugada, la tormenta
arrasó con los paredones del cementerio;
el agua levantó cadáveres.

Los okupas de la ex fábrica de bicicletas
se llevaron los ladrillos caídos,
mientras patearon brujerías como si nada
gallos acribillados sobre un colchón de cintas rojas,
velas negras, maíz.
Desde acá se oyen,
por las noches
tambores y cantos elevados.
El viento nos suele traer estas cosas.

A mi me impresiona
el paso abierto a las tumbas,
los nombres de los muertos
en lo pétreo del mármol,
sus fotos y lo que perece
al tiempo del sol.

Caño de escape

No puedo tomar un avión
sufro de espasmos en el vuelo;
sufro de dios en la religión y
en la estación
del ruido al tren.

Pero puedo escuchar
soplar al viento
su silbido divino que
hurga en el polen
cuando decido ser
transparente en mi espacio.

Dibujar contornos de aire,
vaciar de hielo el agua hirviente o
en la desesperación, amanecer.

Asueto

Hoy no trabajo.
Aún así, estoy sentada sobre el andén.
Me gusta escuchar el momento exacto en el que llega el tren
mientras suena la campana.
Los vagones flotan sobre un sinfín de acordes
los rieles chillan y una sirena de policía
tapa la sinfonía que diariamente me acompaña.
Esto es el oeste:
cualquier día es todos
y muchos no hacen uno.
Día es respirar sol,
perros,
helados de crema a tres pesos,
la calesita de la plaza.
Vos corrés
acelerás el paso
y a mi me toca ir detrás.

Llego a la primera avenida después
de dos horas de viaje en hora pico
un poco más y estaría en la playa.
Esto es el oeste:
cualquier día es todos
y muchos no hacen uno.
Día es ver la playa con vos
mate,
agua helada en los pies,
primaveraverano,
nadie me pregunta qué hago.
Me cuelgo mirando a través de la ventanilla
y escucho tu mensaje:
“No me esperes, estoy cansado.”
Es la llamada perdida que nunca sonó.
¿Por qué no suena el celular?
Abono fijo, abono intuición.
Si existiera,
bajaría el ringtone de la campana
que anuncia que el tren llega.

Vuelvo acá.
Ayer mataron a un vecino,
quien le disparó tenía veintidós
igual que él.
“No entiendo cómo pasó”
La mujer policía explicó en el noticiero.
Mi abuelo siempre me decía:
“Poné el noticioso a ver qué pasa” y a mi
me daba fiaca
levantarme de la otra punta de la mesa
para prenderle la tele que
no tenía control remoto
y sobrevivía a varios ataques de él.
Una vez vi cómo le revoleó un sifón a la pantalla
enojado por algo que le pasó;
mi abuela lloraba, mientras limpiaba el piso.

Antes yo quería ser
la mujer maravilla
defender del mal a las personas,
perseguir el crimen;
ahora no sé cómo cuidarme
de quien tiene miedo, igual que yo.

SIN LUZ

Las escenas que te dejan días sin luz:
te volvés simple,
comprás lo necesario,
ahorrás tiempo y cultivás paciencia;
te sumergís en el silencio
que aunque solía ser habitual
no terminaba de resultarte pleno.

Confirmás que se puede vivir con menos.
Aprendés los códigos de la luz solar,
sabés que la tarde alarga la noche
y te dormís temprano.

NECESIDADES BÁSICAS

El frío quiebra todo,
te hace perder oxígeno,
te hace sentir solo.
Empieza el otoño y con él la angustia
de la tierra reseca y las hojas amarillas.

Bien temprano
se oyen los tacos de las chicas del barrio
que van a trabajar.
La neblina no deja distinguir más allá de la vía
¿La cajita feliz o la caja del pan?
Contemos calorías y saquemos conclusiones.

El kilo de yerba a $46.
Me queda la fe y notar
cómo va creciendo tu pelo o
cómo servís el té
llenando mi taza de ideas.

El noticiero de las seis AM
no muestra
cuando nosotros
nos besamos en el furgón del Belgrano Sur,
ni que te cepillás los dientes
con el dentífrico de Spider-man,
das risa.

Mientras tanto,
me crecen alas.
No sé muy bien si para volar o para levitar el tiempo.
A veces, las alas son como los párpados
suben y bajan
lentamente
al compás de la respiración.
Cubro las necesidades básicas
para no perder el ritmo.

ESTRELLA POP

La primera noche del campamento en las Sierras,
chicas y chicos
arrimamos nuestras bolsas de dormir.
Llovía a cántaros y nos juntamos todos bajo el tejado
de un quincho.
A los pocos minutos de apagarse la luz
alguien empezó a silbar
y cada vez más, intensamente…
El cura se levantó, prendió la luz y nos gritó:
“A ver si la cortan malparidos”.
Y al apagar la luz,
otra vez ese sonido encendió al cura.

A la mañana siguiente, vos y yo
nos besamos detrás del baño que escondía el ombú.
Fui la estrella pop del fogón
guitarreando cada noche
algunos salmos clásicos y
otras de Faby Cantilo.

A la hora de bañarse, conocí
los cuerpos perfectos de las chicas de la iglesia,
que se paseaban en tetas
de ducha en ducha
para prestarse el jabón.
Era la primera en salir.
Quería terminar rápido para que
toquemos las de Led Zeppelin.

Volvimos juntos de Tandil a Retiro
y de Retiro a la villa
con nuestras guitarras en la mano.
“Y ahora qué” preguntaste
nunca respondí.

Después de tantos días al aire libre,
de compartir las historias de amigos y la misa de las siete,
de las estrellas en la noche,
las caminatas y el campamento,
aprendimos a tocar juntos “Escalera al cielo”.

Nunca entendí tu forma,
no la conocí.
Las historias de los pobres
son milagro
ahora
si las cuenta el Papa por TV.

PRIMER MUNDO

Hay un lugar que me gusta especialmente: el patio de mi abuela
donde la parra explota la primavera con uvas moradas,
donde los racimos caen en verano contra el piso.

Extraño esa casa y
la habitación
donde escribí en las paredes
fragmentos de salmos y canciones de Calamaro.

Quedan lejos los goles de Argentina
en el mundial noventa,
las figus del pájaro Caniggia,
séptimo grado;
mi escritorio y rasguñar la guitarra,
más cerca.

Desde temprano
pico y pala para preparar la tierra
sembrar y esperar
que la semilla crezca.
De dos arbustos de flores fucsias
se enaltece la vereda.

En ese patio, el primer amor:
Bruno, el inquilino.
Los domingos, a escondidas de mi familia,
nos besábamos en el pasillo;
dios me castigó
por eso
nunca me salieron las cuentas,
siempre fui mala con las matemáticas.

En verano,
la pelopincho y la luz
que dejaba entrar la sombra
entre el parral.
Las uvas,
el agua,
la malla de Batichica
y la chocolatada, a las seis.

Jugar fue componer el mundo.

Viento en la ruta

Tomo té,
escribo.
Es el viento
o el corazón,
el que galopa.

El coche nos dejó.
Sin decir una palabra
regresamos acá.

Anduvimos como briznas de viento
contra la corriente,
hasta llegar a este hotel
lleno de frío,
rodeado de caballos y jabalíes.

Aunque en un rato amanezca,
acá no habrá música,
apenas tus ronquidos.

Estamos lejos de todo,
lejos de darnos un beso
lejos de imaginar la paz.

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