Demetrio José Fábrega (poeta sugerido)

YO TE QUISE, MI AMOR/Donaciano

EL POEMA Lee otros poemas de AMOR

 

Mi cerebro es un libro que yo he escrito
lento y sin hacer nada de ruido.
Una experiencia es la letra, que he vivido,
cada palabra una ecuación, un hito.

Mi sangre ha sido mi tinta. Y un lugar
la reflexión ocupa en mi tintero,
algún borrón que mencionar no quiero,
los impulsos que he tenido que aplacar.

Las dudas he intentado ya pasar
por el tamiz. Y el resto que no quiero,
tirarlos he intentado al basurero
o en nota al pié he tenido que explicar.

Antes de a la edición ponerle fin
unas páginas tengo por completar
para, al fin, ya poderlo publicar
y salir a disfrutarlo a mi jardín.

En la portada yo quise allí pintar
-un naranjo e injerto un limonero-
un texto que destaque en un letrero:

“yo te quise, mi amor y yo te quiero”.
Y un globo he sujetado en el sombrero
por si un día él tuviera que volar.
©donaciano bueno

Si se pudiera trasladar desde el disco duro que es el cerebro, a un pendrive y posteriormente al papel, la vida de cada uno de nosotros constituiría nuestro libro, nuestra biografía. En él quedarían grabadas de forma fidedigna todas nuestras experiencias, éxitos, fracasos, ilusiones, desesperanzas…

POETA SUGERIDO: Demetrio José Fábrega

Demetrio José Fábrega

Libro de la Mal Sentada – Soneto I

Con un pañuelo encima no, que nada
niegue el golpe de luces prometido,
que nada esconda lo que de escondido
hizo al bosque bramar, gemir la espada.

Con una cinta no, la flor ahogada,
que mi decoro rueda desabrido,
y un capitán muy pálido, rendido
busca la flota que le fue burlada.

Pólvora y yesca y pájaros de hondura
hieran de cuajo al centinela breve
de la casa que exhibes y me alejas.

Yo por los campos voy de tierra dura
mordiendo mudo tu puñal de nieve
con que me dejas ver que no te dejas.
De: Libro de la Mal Sentada.
Premio nacional de poesía de 1956.

Libro de la Mal Sentada – Soneto II

Señora por amor de Dios,
aved algún duelo de mi.
Alfonso el Sabio.

Dejado de tu mano, a la deriva
rabio, en tu puerta imploro, amargo muero,
y el tragaluz, el borde, el lisonjero
doblez de espuma odiada por esquiva.

Dejado de tu luz que se reaviva
para arrasar las cárceles que quiero,
y la mañana de tu piel que espero
abrió sus tiendas donde yo no iba.

Ramo de llama en flor y flor amena
bajo los guardias mirtos declarados:
Tú con desnudo pié, las blandas iras.

Un bandazo no más a mi carena
y cuántos oros para siempre anclados
porque escogí tu mar que me retiras.

Libro de la Mal Sentada – Soneto III

aun mi corazón que tienes,
alas te da contra mí.
Quevedo.

Alas, las leves alas del vestido,
te da, quemando para mi deshora,
contra mí, la blancura abrumadora
de un ángel necio en tu jardín, dormido.

A tu movido modo sometido
muerto mira el color por tu demora,
y aquella gravedad desarmadora
de arder el viento y dármelo escondido.

Pulsa el pastor vencido por los lagos
de lo que tienes casi al desceñirse
junto del suelo y casi con mi pecho,

y de las aguas hondas con halagos
un lamentar azul sube a vestirse
con el marfil airado de tu lecho.

Libro de la Mal Sentada – Soneto IV

Turbia la soledad, y alcor de nieve,
la fiera quilla estalla en tu recato,
que tu desdoro fuera mi arrebato
y el que no fuera más lo que me mueve.

Todo el temblor del mar azar se lleve__
tu decisión normal yo no la acato__
huésped que despertara a tu rebato
tengo llorando tu descuido breve.

Ya no tendré más hijo que la pena
de estar mirando sin mi señorío
la hierba que amo, el viento que me hostiga,

y no querré más bien que tu serena
daga de amores por el pecho mío,
verdugo dulce, oh dulce mi enemiga.

Poemas Amorosos

Ven a llenar las blancas soledades,
el huerto donde la marchita
violeta alumbra el capitel perdido,
ven a llenar tus nombres
que he recogido por el mundo.

Entre los sauces de la noche vi
cómo venías por las losas húmedas
dejando atrás estrellas agitadas.

Escuchar las voces de la ciudad.
Risas y máquinas,
crímenes y festejos.
Todas distintas ahora
que todo me habla de que voy a ti.

Hollada tu inocencia, lloro
sobre tu cuerpo sosegado.

Firme tu boca y blanda y fiera
y repentina y loca,
sobre la carne estremecida.

¡Todo, perderse! Mi pensar, la verde
revolución del viento en los pinares,
y las pálidas islas despidiéndose,
hoy prodigio, mañana sombra huida.

Sí, pero mírate cruzar los campos,
la fuente que regala tu reposo,
los blancos, derramados mediodías.

Adiós, playas azules,
lagos ardientes,
bosques floridos.

¡No! que no puedo dar con las palabras
que a mi me digan que te digo adiós.
Del Libro: Cuerpo Amoroso.

Libro de la Mal Sentada – Soneto V

Llévatelo partido y sin consuelo,
salido de tu pié, desconsolado,
como niño en tu cielo, desgajado,
siempre partido y nunca sobre el cielo.

Llévatelo sin nuncio ni recelo,
adherido a tu flor y en mal estado,
deshijado por ti, desamorado,
nunca bajo tu piel, sobre tu pelo.

No tenga tu sentir pues no tuviste
viro que hincara celos en tu ropa,
ropa que tapie el sol, las islas, valles,

porque en la mesa oscura que serviste
siempre estaré, colgado de tu copa,
para morder tu voz en donde te halles.

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