YO VENERO

Poeta sugerido: Susana Reyes

EL POEMA Lee otros poemas de AMOR

 

Yo venero a los que saben lo que dicen,
que cuando hablan sólo dicen lo que saben,
no me importa si los otros lo bendicen,
nadie exista que a sus textos los alaben.

Que mi dios entre unos pocos he contado,
los que admiro en su destreza al escribir,
tan expertos en pensar y en describir
todo aquello que han vivido o imaginado.

Sus altares estarán llenos de flores
por quien somos sus discípulos, adeptos,
es la forma de rendirles los honores,
devolverles con placer nuestros afectos.

Son capaces de gestar en mí empatía,
engrandecen sus ideas inalcanzables,
en su afán por revertir son insaciables,
a ellos yo les rindo aquí pleitesía.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Susana Reyes

Susana Reyes

PODRÉ POR FIN

Podré por fin escapar del silencio
si acaso me permites merodear
los huecos en el espejismo.

Mi mano y mi voz están cansadas
de dibujar en vano los espacios
de saltar suicida las barandas
que me llevan más allá de tus ojos.
Leo tus palabras con un eco desconocido
imagino la voz de tu piel
como un antojo infinito
de abrigarme en tus poros adolescentes.
La habitación llora,
y el sol afuera se derrite impúdico.

HAGAMOS UN POEMA

Hagamos un poema,
con tu piel
y mis labios
con la brisa de noviembre
y los aguaceros de junio.
Pintemos de pájaros
y madrugadas
nuestras espaldas sudorosas.
Amamantemos nuestra sed
con el crepúsculo
tímido y solitario
que se corona de lunas
desparramadas
en las gotas
de los inviernos.

POR QUÉ NO JUGAMOS

Por qué no jugamos de nuevo
a los gatos enamorados,
aquellos que cruzan tu calle
en las noches de luna
y se pierden en los inviernos
de los tejados solitarios.

Por qué no jugamos
a recorrernos los accidentes
con los ojos abiertos
y con la luna llena
alborotándonos la soledad.

Álbum de niñas con abuela

(fragmentos)

Los solitarios amamos las ciudades
los pisos altos
y el escándalo de los parques.

I
Sólo quedan las fotografías
una aventura de sal y la cuna de tu boca

Bajo el ángel un sueño postergado
una mano que no fue
y el abismo hecho de silencio

II
La ventana mira la ventana
detrás de ella aquel tren estacionado
aquel tren de bahareque y hueso
la claridad de octubre
y tu rastro en penumbra

VII
Las cartas bajo la raíz del árbol
La niñez escrita en el invierno

Las noticias eran escasas
Sueños de papel en un inventado anonimato
Semillas de tinta y tierra en las manos inquietas.

IX
Intenté atrapar con la red de los sueños
aquella casa que construías cada noche
ahí te sentabas en el corredor amplio
más allá
una sábana de nubes y un volcán
el valle de cobre era sólo una prolongación del sueño
la espuma de las fábricas
la nieve insólita de esta latitud
tu cansado corazón
un solitario recuerdo de la infancia en el país lejano
mi necedad de verte en la terraza
el olor de la tarde de invierno
todo ello es tu casa, la única,
la que guardo en este desordenado hangar que palpita.

X
Venias con octubre en los labios
con el corazón hecho una bóveda
con el tropiezo de los días.

Te sentabas como un perro
que espera al amo ausente
a quien oye en sueños llamarlo en la llanura

Compartías la mesa
con el gesto de los niños hambrientos
con la angustia del vagabundo

Llorabas como llora el mar en la madrugada

Te acostumbraste a desprender una luz
(que te mata cada noche)
porque te acostumbraste a su dolor
a un incómodo resplandor en las entrañas
a su forma de amar y acomodarse
y te sabes fuerte
porque eres capaz de tragar luz y no llorar.

MEMÓRIA

Hay palabras que todavia
no acerto a pronunciar
guerra, cuchillo, llovizna
holocausto, cabeza…
Tantas que se agolpan
como insectos en el vientre de la noche
y me torturan, me retan
a tomarlas de las sílabas
y se burlan de mi cobardia
del sendero contrario
por el que me pierdo
para escapar de su sombra
filosa, multitudinal,
mutilada.

A quién encontrarás a tu regresso
a Penéolope y su suave lana
y tu hogar de reluciente abandono.
A quién encontrarás…
al recuerdo de los brazos y las islas
al regocijo de los mares en sus ojos
al navio siempre dispuesto a la partida…
Penélope, Calipso, qué más da si son la misma:
vegetales de los puertos siempre listos
la una, de blancos recuerdos,
la outra de amargos sustentos.

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