ADIÓS AL REGADÍO/

José Selgas (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Que un día bajé al río, la corriente
seguía paso a paso disfrutando
del agua que lanzaba allí insistente.
Lo hacía de manera sonriente
por eso yo deduje está gozando,
aquí el amor se siente.

El líquido se adapta siempre al lecho
y si algo le entorpece lo escarcea,
y acepta sin dudar que a lo hecho pecho,
si nadie se lo impide va derecho
que nunca se inmiscuye en la pelea
aun fuera el cauce estrecho.

El río es un ejemplo de constancia
pues nunca desfallece caminando,
reparte donde pasa su ganancia
viviendo disfrutando de su estancia,
si insisten los labriegos va regando,
el río es tolerancia.

Los prados saben bien de sus favores
los ríos tienen alma cortesana,
se entregan y reciben los vitores
mostrando al cielo que obras son amores,
pues nunca han de caer en la desgana
aun sufran de dolores.

Ser libre es comportarse como el río,
la sombra la reparte la arboleda.
Si el río no tiene agua está vacío,
el campo quedará siempre baldío,
habremos de gritar ¡salve el que pueda,
que ha muerto el regadío.
©donaciano bueno

El río Éufrates se está secando día tras día, a consecuencia de la sequía que viene azotando la región hace varios años, se suma a este problema, las políticas inapropiadas en su uso por parte de Irak, Turkía y Siria, siendo el país más perjudicado Irak, el que en tiempos antiguos fue llamado Mesopotamia, allí el Éufrates se ha convertido en un paisaje desértico.
En Génesis 15:18, Dios le hace una promesa a Abraham, diciendo:“A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eúfrates”.
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José Selgas

A CONSUELO

En la sonrisa de tus labios rojos
Brilla el candor de tu infantil belleza,
Rubia es la luz que inunda tu cabeza,
Viva es la sombra de tus negros ojos.

Tu alegre faz mitiga mis enojos,
Y siendo tú consuelo a mi tristeza,
Siento dolor porque tu vida empieza,
Y es la vida mortal senda de abrojos.

Me aterra el ciego afán del mundo vano
Al contemplar la plácida ignorancia
Con que hoy te guarda la inocencia amiga.

Mañana… no lo sé; ¡terrible arcano!…
Flor que empiezas a ser toda fragancia,
Alma toda candor, ¡Dios te bendiga!

A LAURA

Por ti, Laura hermosa, mis flores contaron
Sus tristes pesares, su inquieto dolor;
Por ti sus brillantes colores mostraron;
Por ti, también ellas, alegres cantaron
Sus dichas de amor.

Hay flores humildes, graciosas y bellas
Con mantos de encaje y hermoso tisú;
Si ciñes, ¡oh Laura! tu frente con ellas,
Parecen corona formada de estrellas;
Y el cielo eres tú.

Al ver tu mejilla de castos colores,
Al verte más pura que pura es la flor,
Te ofrezco, en tributo y en prenda de amores,
Un libro modesto, con vidas de flores
Y ensueños de amor.

Si sientes ¡oh Laura! penoso desvelo,
Inquietos pesares, tristeza y afán;
Si tu alma suspira de amargo recelo…
Sus páginas abre, y en ellas consuelo
Tus ojos verán.

¡Feliz y envidiable la flor cuya historia
Merezca y consiga tu dulce favor!
¡Dichoso si ocupo tu casta memoria!
Pues son mis ensueños de nombre y de gloria,
Tu nombre y tu amor.

A VOSOTRAS

Estos versos oscuros;
Que por varias razones
Muy tristes van,
Están, niñas, seguros
Que a vuestros corazones
Agradarán.

Para todas galanos,
¡Oh niñas candorosas!
Los escribí,
Porque los hombres vanos
No entienden de estas cosas;
Vosotras sí.

En ellos, está el dolo
Y está la fe perdida
Por la ambición,
Mientras vosotras sólo
Vivís la hermosa vida
Del corazón.

HISTORIA

Ambicioso desvelo
Fragua en tu corazón locas quimeras;
En tu insensato vuelo
¿Quieres acaso remontarte al cielo?…
Pues no lo alcanzarás hasta que mueras.
Por más lisonja impura
Que en tu orgullo recibas,
Tu ambición es locura.
Sobre la tierra dura
Arrastrarás la vida mientras vivas.

Y aunque nunca se acabe
De tu ciega ambición el ansia vana,
Oye una historia en que tu nombre cabe;
Todo el mundo la sabe:
Historia fiel de la ambición humana.

De que es locura tu inquietud funesta
No intento convencerte.
Hoy la vida te presta
Su loco afán, pero vendrá la muerte…
En fin, la historia es esta:

Cansado de vivir entre las olas
Un pez que nueva vida apetecía,
Exclamaba a sus solas:
¡Qué dichoso sería
Si la grandeza de los dioses suma
Por favor especial me concediera
Dóciles alas de ligera pluma,
Y rápido pudiera,
Dejando las regiones de la espuma,
Como el águila sube
Vagar por las regiones de la nube!

Con la risa en los labios
Júpiter escuchaba
Esta sencilla exposición de agravios;
Y viendo el sentimiento
Con que volar el pez ambicionaba,
Alas le dio con que cortar el viento.
Y apenas, infeliz, hubo salido
De su propio elemento,
Al ver su dicha llena,
Del aire azul en la región serena
Le faltaron las fuerzas y el sentido,
Y por su audacia loca
Muerto vino a caer sobre una roca.

Aunque demás se sabe
Lo justa y natural que fue la muerte
Del pez que quiso asemejarse al ave,
Ninguno está contento con su suerte.

LA ÚLTIMA PÁGINA

Ameno valle de pintadas flores,
Aura que vuelas de la tarde en pos,
Sombras donde espiraron mis amores,
Nubes, ondas, esencias y colores,
Quedad con Dios.
Yo respiré bajo el ramaje umbrío,
Y bebí en ámbar celestial placer;
Ardió insensato el pensamiento mío,
Y todo el fuego del ardiente estío
Hirvió en mi ser.

Y yo, inconstante, en los placeres ciego,
Olvidé, Laura, tu inocente amor:
Ingratitud que con mi llanto riego;
Pues era sólo tan ardiente fuego
Sombra y vapor.

Tú no comprenderás, tierna doncella,
Cuánto en mis desengaños aprendí.
Tú leerás esta página: si en ella
Una lágrima encuentras, Laura bella,
Es para ti.

CANTAR

Si son espejos los ojos
Donde el alma se retrata,
Las mujeres de ojos negros
Deben tener negra el alma.

Pero no, que son los tuyos
Como la noche enlutada,
Y sólo a su sombra veo
La estrella de mi esperanza.

CONSUELOS DEL MUNDO

I.
¡Fuego! ¡Fuego!… y nadie acude;
Mudas están las campanas.
¡Fuego!… y la gente se ríe.
¡Fuego!… y riéndose pasa.

Mientras los ojos de Inés
Tan ardientes chispas lanzan,
Que a voces están diciendo:
«Este corazón se abrasa».

II.
¡Ladrones!… Y nadie acude.
¡Ladrones!… nadie se alarma;
Y bostezando en la esquina
Las diez el sereno canta.

Mientras a la pobre Inés
Dentro de su misma casa,
Y en presencia de su madre,
Le han robado toda el alma.

III.
¡Socorro!… (gritan) ¡Socorro!
Con voces atribuladas,
Y las gentes que las oyen
Ni se admiran ni se paran.

Y en tanto a la pobre Inés
Amargos celos la asaltan,
Y en su propio corazón
Le asesinan la esperanza.

IV.
Ayer mismo me contaron
Tu tristeza y tu desgracia;
Y por si buscas consuelo,
Oye estas cuatro palabras:

Dice un libro muy antiguo,
titulado Dicha humana,
Que las tristezas se curan
Mirando correr el agua.

Y pues tú tienes dos ojos
Y llanto en ellos no falta…
Ríete, Inés, de tus penas,
Mirando correr tus lágrimas.

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