CADA DÍA, UNA PENA

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He pasado en la calle donde estaba
tirado un perro muerto,
la gente se paraba y le miraba
que al pobre miró un tuerto, comentaba,
haciendo un aspaviento.

Estaba por demás despanzurrado,
trillado y hecho añicos
cual fuera que tuviera mil hocicos.
La pena se encontraba humilde a un lado,
su aguja y acericos.

Los perros, ya se sabe, son humanos
que tienen cuatro patas,
que suelen soportar las garrapatas
y saben comportarse como hermanos
así que anden a gatas.

Algunos hay que guardan las esencias
de apego y de nobleza,
al amo siempre agachan la cabeza,
logrando así ganar sus complacencias
cual signo de proeza.

¡Qué lástima que dan los sentimientos,
que al alma le enternecen!
Hay perros que a las vísceras escuecen
y otros seres que importan tres pimientos,
sin lástima y fenecen.
©donaciano bueno

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Los seres humanos somos muy propensos a compungirnos ante las desgracias ajenas. En general todo es pura fachada. Solamente la renuncia personal a nuestros privilegios es una demostración palpable de la profundidad de esos sentimientos.

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