ENREDADOS/

Miguel Espejo (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.
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Enredados de la vida en la maraña
de quien dice ser tu hermano, ser tu amigo,
que proclama va mirándose en tu ombligo
y promete se refleja en tu legaña.

Que te arropa con su abrazo complaciente
y se envuelve amablemente en tus problemas
y se ofrece a resolverte tus dilemas
presumiendo de que siempre él va de frente.

Que se muestra solidario y compungido
y aunque poco habló contigo te conoce,
que es tan listo que lo intuye con un roce
muy letrado. que es muy docto y muy leído.

Ese, amigo, lo que quiere es enredarte
y sacar con disimulo tus entrañas
siempre a base de promesas y calañas
cual vampiros que la sangre han de chuparte.

No te dejes engañar, no seas lelo,
mas aprende a cribar quien te merece
no te avengas y no digas que te escuece,
que los santos sólo habitan en el cielo.
©donaciano bueno

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Miguel Espejo

ESCRITURA

Escribo por hastío
– sobre todo poemas que nunca salen de mi boca –
por desolación y falta de palabras.

El ruiseñor de la vivienda, mi casa, ha quedado sin lengua
desde el día, no lejano por cierto, que lo llamé a mi puerta,
aunque lo extraño era que yo no tenía puerta ni casa
o tal vez sólo una casa cerrada
con una pequeña ventana en lo alto del techo
apuntando al cielo.
Estoy en la tierra.
Quiero estar en la tierra
A cada instante necesito repetírmelo
recordar que no me encuentro flotando
en constelaciones sin nombres, en desiertos gigantes.

Amé con una desesperanza entre mis manos.
Me he separado de la desesperanza total
o quizás me abandonaron
todos los impulsos que he conocido.
Estoy sin instintos
como una vieja comadre
a la que le extirparon la lengua.

Ebrio de contradicciones y de dolor hubiese debido
abandonar la poesía
hablar de metafísica, de crítica literaria y de historia.
Pero la única historia que me interesa descifrar
la he perdido en la tormenta de esta época.
Escribo para aparentar un oficio.
Yo que siempre me he rebelado a tener algún oficio
pienso ahora que lo único que hice fue buscarlo.
Yo que nunca pude salir de mí y que nunca estuve en mí
busqué un refugio en la memoria tergiversada.

He inventado mi historia
porque no pude tenerla.

Mi biografía es mi sombra.
de “Larvario”

¿Dónde estás Padre?

Cierta Noche me encontraba,
Sobra la vida reflexionando,
Y entre más reflexionaba,
Más me iba preocupando.

Hasta que llegué al punto,
De cómo surge la vida,
O que si Dios, es un asunto,
Que de pronto se nos olvida.

Y sin querer, sin pensarlo,
Me pregunté: ¿Quién es Dios?,
¿Dónde tengo que buscarlo?,
Para demostrarle mi Amor.

Y no encontré respuesta,
Porque yo no la sabía,
Así que formulé una encuesta,
Para saber si existía.

Al otro día temprano,
Ingresé en la catedral,
Pero sólo vi humanos,
Que observaban un altar.

Y me llamó la atención,
La Fe de una señora,
Que con mucha devoción,
Prendía una veladora.

Después empecé a observar,
Cuánto lujo en los altares,
¿Y es que a Dios le van a agradar?
Tantas cosas materiales.

Me salí decepcionado,
Porque a Dios no encontré,
Y pensé desesperado,
Encontrarlo, no podré.

Así, que emprendí el camino,
Sin saber por dónde ir,
Dejando solo al destino,
Mi sendero dirigir.

Hasta detenerme en la plaza,
Observando a unos niños,
Que jugaban a la casa,
Con Amor y con cariño.

Tomados de una mano,
Brincaban entusiasmados,
Cuando de pronto un anciano,
Llegó y se sentó a mi lado.

Y volteando la mirada,
Al mismo tiempo los dos,
Él a los niños señalaba,
Diciéndome: ahí está Dios.

Prosiguiendo en seguida,
Ya sin dejar de hablar,
En las cosas de la vida,
Es donde él debe estar.

Pues pongamos por ejemplo,
A Dios y su devoción,
Si él construyera un templo,
Lo haría en tu corazón.

Para poder vivir,
Y también manifestarse,
En tu forma de sentir,
De amar y de expresarte.

Para construir un mundo,
Donde no exista el dinero,
Donde no haya moribundos,
Ni tampoco, limosneros.

Si quieres encontrar a Dios,
Vestido de ser humano,
Ponle el rostro de tu Amor,
De tu enemigo o tú hermano.

O quizás sea una rosa,
Un bebe o un ruiseñor,
Lo que quieras, cualquier cosa,
Porque Dios, Dios es Amor.

Esto fue lo último que dijo,
Pues al voltear la mirada,
Mi mirar se volvió fijo,
Puesto que no encontré nada.

Y fue cuando comprendí,
En mi pensar de mundano,
Que cuando a Dios Conocí,
Le puse el rostro de Anciano

El clavel seco – José Angel Buesa
Como el clavel del patio estaba seco,
yo, entristecido por sus tristes males,
bajé al jardín para cavar un hueco,
en buena sombra entre dos rosales.

Y eran rosales cerca, gajo a gajo
en una cercanía indiferente,
pero al cavar un poco, vi allá abajo
sus raíces trenzadas locamente.

Así, esta tarde, descubrí el secreto
de un cariño verdadero, hondo y discreto,
transplantando un clavel que se secó.

Y, en nuestra indiferente cercanía,
qué loco ensueño se descubriría
si alguien cavara un hueco entre tú y yo.

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