FELICES DÉCIMAS/décimas felices

Maruja Vieira (poeta sugerido)

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El agua de la corriente
llega mansamente al río
y yo voy, cariño mío,
cayendo por la pendiente.
Que corazón que no siente
así se acerque una boca
se hará dura cual la roca
que a besarse nunca aviene.
El amor es lo que tiene,
no es amor si no provoca.

Que un alegre pajarillo
un buen día en mi ventana
se posó por la mañana
cuando al cielo saca brillo.
Y él, pintado de amarillo,
con la voz entrecortada
y fijando la mirada
me explicó muy compungido
que el amor que había sentido
no pasó de una niñada.

Yo soy pobre, un indigente
de las letras. Mi alegría
es sentarme cada día
y expresarme libremente.
Decir lo que mi alma siente
sin pensar si es alegato
y pasar así un buen rato
entre risas y alegría
con mi humilde fantasía,
la sonrisa en mi retrato.
©donaciano bueno

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Maruja Vieira

Más que Nunca

Porque amarte es así, tan dulce y hondo
como esta fiel serenidad del agua
que corre por la acequia, derramando
su amorosa ternura sobre el campo.
 
Te amo en este sitio de campanas y árboles,
en esta brisa. en estos jazmines y estas dalias.
La vida y su belleza me llegan claramente
cuando pienso en tus ojos, bajo este cielo pálido.
 
Sobre la hierba limpia y húmeda, mis pisadas
no se oyen, no interrumpen el canto de los pájaros.
Ya la niebla desciende con la luz de la tarde
y en tu ausencia y mi angustia, más que nunca te amo.
 
(Musicalizado por el Maestro Jaime León)

Memoria de la Escuela

Recuerdo que mi escuela tuvo un balcón de árboles
y un patio, junto al claro viaje de los gorriones.
La vida era una mano que me esperaba afuera
y una cabeza blanca, llena de sueños altos.
 
Era mi padre. Íbamos juntos. Era el mundo.
No había más en las trémulas soledades del alma
que su paso ya lento, su voz dulce y antigua
y el tiempo azul que araba la tierra de mi infancia.
 
Salíamos de noche, la pequeñita sombra
de mi cuerpo de niña junto a su sombra grande.
El hablaba un idioma de recuerdos y ausencias
y me enseñaba nombres, banderas y ciudades…

Amaneció Diciembre

Hermano,
esta mañana amaneció diciembre.
 
Si no me lo dijera el calendario
lo sabría en el aroma de los pinos
que llega desde lejos.
Amaneció diciembre
con lluvia en la colina.
 
Lleva del campo un árbol
que le diga a la madre
cómo sigo viviendo mis diciembres,
desde el primer diciembre en su regazo.
 
Luego, en la noche de la Nochebuena
espérame con ella bajo el árbol.

Los Muros y el Recuerdo

Era blanca mi casa, con ardientes geranios
que cifraban la luz en las altas ventanas.

Había enredaderas finas y acariciantes,
lirios que recordaban la frente de mi madre.

Allà crecieron dalias, claveles y azaleas
para la cruel dulzura de mis manos pequeñas.

Allì aprendí la forma del árbol en el viento
y el viaje de las nubes en el agua del cielo.

Los pasos de mi padre resonaron alegres
en el amor lejano de mi primer recuerdo

y poco a poco fueron haciéndose más lentos,
mientras mis ojos iban hallando el universo.

Allá una tarde supe que en el trigo hay angustia
cuando siegan de pronto su dorada cabeza.

Me arrancaron del alma los geranios ardientes
y los lirios y el río de los amaneceres.

Se llevaron mis ojos a un paisaje distinto,
de montañas heladas bajo cielos de acero.

Me quedó un vago asombro de ternura y ausencia
y un camino que busco, más allá de los sueños.

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