FELIZ INOCENCIA

Poeta sugerido: Juan Guzmán Cruchaga

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Algunos hoy quisieron sin por qué,
a la infancia robarle la inocencia.
Pues que he de confesar, pido clemencia,
que una noche de Reyes yo me até
el dedo y una cuerda a la ventana
poniendo a la ilusión una peana.
Y al fin cuando del sueño desperté
¡oh, milagro! los Reyes de Occidente
habían me dejado su presente
en zapatos, quizás a hora temprana.

Para nada pensé por qué la cuerda
seguía atada allí tan muda y lerda.
Y aún es hoy frecuente que persigo
una ilusión, un sueño, una esperanza
precisando soñar y a veces sigo
inmerso en esa ingenua adivinanza.

No existe una razón, a mi me digo,
la vía es fantasía, quien no quiera
apear deberá raudo del coche,
echando a la cuneta de la acera
o irse de este mundo por la noche
culpando de fracaso y su reproche.
Pues puesto que elegir si alguien pidiera,
a la verdad yo elijo la quimera.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Juan Guzmán Cruchaga

Juan Guzmán Cruchaga

Compañera

Tu voz, viajera de muchos siglos,
llegó apoyándose en un sueño.
En ningún país la reconocían.
No cabía en ningún recuerdo.
No sigas. Quédate. Eres mía.
Lo sé desde el alba del tiempo.

Tus ojos perseguidos
todavía tiemblan de miedo.
Oscuras jaurías de angustia
los acosaban.
Cierra. Hay viento.
Descansa. Es la dicha tranquila.
El reposo. El silencio y el fuego.

Iban tus manos entre mis libros,
entre mis flores y mis versos
naturalmente, sin asombro.
Tampoco había asombro en ellos.

Las rosas que ahora te miran
son nietas de las que te vieron.
Descansa. Quédate. Eres mía.
Lo sé desde el alba del tiempo.

Elegía del reloj sin dueña

Habla el reloj

Ya se fue para siempre
el tiempo de su voz, el de sus manos.
¿Para qué andar horas vacías
en que su rostro no aparece
si era vida mejor morir con ella
y andar con ella por la muerte?
Como aroma la flor su cercanía
todo lo embellecía su belleza.
¿Para qué andar
horas deshabitadas, horas secas,
horas desposeídas de su gracia?
Huérfanas de sus ojos
y de la suavidad de su mirada.
Llegaba el día de sus alas.

Yo que canté la hora de sus manos,
la hora de sus ojos,
debo decir que ya se ha ido
y callar para siempre.
Veladora del sueño,
albor, llave del cielo,
cofre de los milagros,
¿para qué andar por la hora muda
y para qué decir -cantar- la hora
si entramos en el tiempo ya sin ella?

Claro de luna

La luna entre los árboles
ennobleció el silencio de la noche armoniosa
y tomaron las fuentes vaguedad de pupilas,
y hubo meditaciones albm en las magnolias.

El misterio nocturno se aromó de azucenas,
conmovidas palabras vinieron de la sombra
Los amores antiguos, -seda triste, oro turbio,-
vivían en la voz helada de las hojas

Otoño

Restablecido apenas de mis males
principescos, percibo la elegancia
de los jardines de oro y la fragancia
de los fríos senderos otoñales.

Pienso que de cármenes lejanos
ha de venir, lo mismo que en un cuento,
una reina a curar mi desaliento
con las última rosas de sus manos.

Viene y va mi dolor como una esencia
de jazmines enfermos en el leve
y angustiado sigilo de la brisa.

Es tan sensible mi convalecencia
que el vuelo de las hojas me conmueve
y me hace sollozar una sonrisa.

Viajero inmóvil

Despedida de El Salvador
-Viajero inmóvil, ¡parece
que te vas pero te quedas!
-Se me quedan sus miradas,
su gracia y su voz de seda,
se me queda un cuento de hadas,
a la sombra de una ceiba.
Me faltará su sonrisa.
No olvidaré una promesa.
Se me queda un roce de alas
y un aroma de violetas,
y una rosa y unas manos,
no podré vivir sin ellas.
Se me queda un «pudo ser»
y un sueño casi de veras.
¿Viviré sin la preciosa
compañía de esta tierra?
¿Y el embrujo de unos ojos
y la voz de sus poetas?
¿Cuándo estuvo el alma mía
de almas amigas más cerca?
Se me quedan sus volcanes
que con sus lámparas cercan
los jardines que son versos
vivos de Raúl Contreras.
La tierra que me dio un hijo
y un rincón. ¡Bendita sea!
Un rincón donde va mi alma
cuando la apaga la pena.
-¿Para qué se va? ¿Y adónde?
¿Si casi todo lo deja?
Se nos va el viajero inmóvil
¡se nos va pero se queda!

Lámparas

Amante silenciosa de una noche,
fina muñeca de marfil antiguo,
cuando mi cuerpo duerma el sueño largo
visítame una vez en el olvido.
Mi alma estará en la sombra, solitaria
y en la neblina viviré perdido;
quema un farol chinesco y la ceniza
será como una estrella en el camino.
Entonces en las alas de los pájaros
y en el rayo de luz vendrá mi espíritu
a brillar en el agua de la fuente
y a encender la mañana de mis hijos.

Canción

Alma, no me digas nada,
que para tu voz dormida
ya está mi puerta cerrada.
Una lámpara encendida
espero toda la vida tu llegada.

Hoy…
la hallarás extinguida.

Los fríos de la otoñada
penetraron por la herida
de la ventana entornada.
Mi lámpara estremecida
dio una inmensa llamarada.

Hoy…
la hallarás extinguida.

Alma…no me digas nada
que para tu voz dormida
ya está mi puerta cerrada.

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