HISTORIA DE UN CÁNTARO

Poeta sugerido: Carmen Camacho

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Óyeme, Manuel, alguien me ha dicho
que tú mañana a Aranda piensas ir,
y si no es molestia quisiera a tí pedir
un favor personal, no es un capricho.

Que un cántaro de barro necesito
de los que venden en el centro del ferial.
Cuando vengas te lo pago, soy formal,
y a una copa en el bar yo a ti te invito.

Cuenta la historia y esto juro que es real
que el susodicho encargo no se hizo
y cuando el demandante inquirió preciso
se escuchó una carcajada general.

Amigo, el cántaro a mi se me rompió,
en el camino y allí quedó hecho trizas,
lo lamento, pues fue que con las prisas
de mis manos hasta el suelo resbaló.

Menos mal que el dinero no te di
replicó el inquisidor con aspavientos
pues de haberlo hecho ya en ese momento
¡adiós al cántaro y al dinero tararí!

Menos mal que traerlo nunca lo pensé,
pues los riesgos valoré de haber traído
y escaldado, de la vida he aprendido
que nunca debo confiar en quien fié.
©donaciano bueno

Creo que esta historia tiene muchos padres pero yo la cuento como me la contaron Clic para tuitear

Esta historia que aquí cuento forma parte de una leyenda urbana que afectaba a los que en esa época se acercaban desde mi pequeño pueblo a 10 kilómetros de distancia a Aranda de Duero a efectuar compras.

POETA SUGERIDO: Carmen Camacho

Carmen Camacho

REMEDIO NATURAL

Arrambla con la sombra de algún tilo
que aún guarde -entre el óxido, las latas,
la mierda- yerbamarga, jaramagos,
cenizas de la infancia, si es posible,
trazas del vaivén de tu columpio.
Haz con ello un hatillo, préndetelo
al moño y sal de marcha.
Atrévete
a probar este producto en nuestras
cómodas monodosis de biznaga.

Arranca el monte alto, el de Bulnes,
que en la pared colgado decolora
la flama. Dale puerta al póster, pronto.
Que la piel de tu estancia
respire, blanca, y no mienta: en veinte
metros cuadrados no queda sitio para
tanta tonta esperanza.

Injerta un cable, yodo
y un mechón de tu cabello
en el árbol que fue este poste
que está a la puerta de la urbanización
que antes fuera la casa de tu abuela.

Aventa, en luna nueva,
versos que robes de algún huerto.
Sirven
dale al monte, lucero,
yo me aromo de romero,
daré tu corazón por alimento.
Saca los pies del texto,
mójalos en la tinta amniótica
que menea el renglón y, sobre todo,
aunque esta tarde sea de las de antes,
nunca llames alcoba al dormitorio
que compraste en Ikea. Ni amante a ése.

Administra esta savia,
sacrifica a una barbie virgen extra
ofrece su sangre plástica en holocausto.
Alza en las ruinas un templo a tu tiempo
dedicado. Vuelve después a la casa
de tu hermano. O al mar.

Sanarás.

TEOREMA TRISTE, APLASTANTE E INSERVIBLE

Que un hombre ahitado de pasión pase,
pongamos por caso
en un volkswagen
gris
claro
por el barrio de la loca de su tormento
-Triana para más datos Triana-
y no la llame al móvil ni entréme donde no supe,

dice -y tanto-:
de la voluntad del tipo, de su destino,
da pistas de su dirección asistida,
aporta pruebas sobre la aceleración
de cero a cien
del pálpito y el coche,

ayuda a recobrar la fe en la ciencia
y a perderla por completo en las diosas.

Hace casi resistible a una mujer.

No cuenta absolutamente nada del amor.
Tendrás que conformarte
con la transcripción poética
de la chanel pour homme
-egoiste-;
con la transverberación
del grial, arial cursiva
del pan, en en cuerpo once
del vino, sangría a la izquierda.

Las calles lo corroboran
insisten, perseveran,
me pasean las piernas dolidas
del verbo transitorio, irregular,
copulativo, desesperan
conmigo, y otra vez me dicen:
aprovecha este colmo de vacío
para dar con el poema,

mientras te toca en suerte
un encuentro lacónico,
un beso si acaso,
prófugo y pródigo por supuesto,
en el descansillo de cualquier
planta seis, escalera izquierda.
Antiguamente, la gente tenía tiempo para matarse.
Una casa recién desamueblada
cuenta a voces la historia
de quienes la pisaron desde
el primer día
al último cigarro.

Nunca habla tanto el difunto
como la mañana después
del entierro, es entonces cuando comienzas
a escuchar
claro
el eco
de su voz
y a pesar el hueco
a la izquierda
y ofende una única servilleta sobre la mesa
y es imposible calcular macarrones para una
y desespera mudar el armario entero
sin que sea posible poner
una puñetera lavadora
a media carga.

Por eso, más tarde, de madrugada,
no pudo ni quiso
evitar imaginarse
el momento en el que le vaciaron la casa;
la hora de la siesta
cuando bajaron la alacena
y el sofá, con un silencio de procesión en el que
sólo se siente
la briega
y el crujir de la madera;
el gesto de quien cerró la puerta
con una doble vuelta de llave.

En nebulosa,
como espectros,
pero podía entreverlos,
allí estaban,
anudando el tresillo con maromas,
juntando
los cacharros chicos
en la sábana abierta
sobre el suelo del cuarto.

Nítidamente, en cambio,
pudo contemplar a la mujer
que fue
ella misma hasta la fecha,
cualquier noche, en bata
con el pelo mojado, pelando una manzana
sin quitar la vista
del informativo, indignándose
en voz alta,
la peor telebasura la echan
en los telediarios, a una se le quitan
las ganas de comer.

O limpia mejor,
o se va,
que decida.
Ahora que todo es nada,
tiene claro que la asistenta
pasa el paño
con la mano floja.
¿Y es que no sabe que hay
que aprovechar
cuando viene el técnico del lavavajillas
para barrer las migajas,
las tapas de yogur,
la ceniza, los restos
de detergente de detrás?

Una casa recién desamueblada
cuenta a voces la historia
de quienes la pisaron desde
el primer día
al último cigarro.

ARS POETICA

Dadme un boli, y moveré el puño

Si pudiera escribir con las dos manos
arriba al final de los pinos y/ o brazos
en alto en pie caminando a grandes zancadas
apostada en la pared en la barra
brincando por suerte/ en la oscuridad del muelle
mientras se habla/ cuando no tengo el boli
ya acostada mientras muevo agitada los pies
cuando como en sueños si bailo
en esos momentos en que alguien me pone
alegre y bocabajo y con su boca abajo
me acaba
si pudiera anotar durante la ducha
cuando regreso a casa al zigzag
sin metáforas: borracha/ ¿sin metáforas?
No no con metáforas con un ramillete de
metáforas como por ejemplo vino yogur rímel
almohada y paso el pasillo bamboleada
por las olas esas que llaman Ballantines
y se me mueve solo el culo
Si pudiera escribir entonces

Tendrían que matarme pronto
profanarme la libreta

y repartir entre tantos
-es justo-
tanta felicidad.

TIEMPO VIVO

“Anda ve y vive a tu aire
no seas tú como el AVE
que nunca llega tarde.”

Mártires del Compás

Dicen que llamas Tiempo a esto mío
que tengo entre las piernas,
un surtido tan suave de princesas
que emanarán un día
con la única sospecha de querer.

Si la vida se levanta sobre tanta
rutina (nacer, suscribir, instalarse, devolver,
comprar, egresar, amanecer, remanecer),
entiendo entonces que me lo llames
Tiempo,
y para endulzarlo,

dale.

Vamos a darle Tiempo al Tiempo.

POEMA ESCRITO MIENTRAS TÚ

(experiencia realizada por especialistas en circuito cerrado)

Cuando me comes
el corazón
y otras vísceras
víctimas de ti

pienso en las mujeres que soy
en las flores del bien cuando
es tu voz ahí lo que acaricia
tu voz literalmente

es tu impropia afición aprendida
la de bajarte al fondo
a la bajamar y devorar allí
la concha terrestre
serrana
por donde tú me amas
por donde tú me lames

es el corazón lo que me aprieta
hasta la luz
y una cadencia tuya
imperfecta que llega
a dejarme a las puertas
del infierno.

Es tu capacidad de invento
es tu cara de hambriento
tu bruta cara tu excelsa cara
castigada contra los mundos
de los muslos el placer
se ensancha toda yo soy
un cielo labrado a base de saliva

Vienen tus dedos
y no hay hueco
que no ocupen

Hoy soy
todas las mujeres y
todas las que todos
los hombres del mundo
-por afán de tu lengua-
esta noche
me poseen.

CITROËN MÉHARI

“Llévame oh llévame a la perdición
en mobilette mi amor.”
Anibal Núñez

Haberme dicho, amor, en tus cartas
cibernéticas, que el descapotable
ese del que me hablabas
y me jurabas -qué cara tienes-
aparcar en mi puerta, las vecinas
pendientes, yo arreglada,
haberme dicho, leche, que ese coche
era como eres tú, un amasijo
de risas/ una cosa por revisar
sin puertas, sin cadenas, sin ventanas,
sin luces, ¿y el techo?
-contigo siempre llego a La Encomienda
con la atmósfera por montera-.

Si yo hubiera sabido antes esto,
(quién iba a imaginar)
que una tartana, tú la llamas Mehari,
sin tilde, asi: Mehari,
era tu descapotable tan famoso,
y que ahora me sonríes, las manos
al volante, las chanclas sobre el freno,
que me maten si no salgo corriendo
a buscarte y a darnos a la vida
al vuelo, a ras, al Duero.

Tocata y fuga a dos caballos. Esta
es la hora de darnos jaque, pronto.
Haberme dicho, amor, que tú eras esto.
Hubiera cabalgado antes.

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