LA CIUDAD FANTASMA

Mi Poeta sugerido: »Leire Bilbao

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Esa ciudad perdida en el desierto,
casi muerta, esa ciudad dormida,
con casas sin balcones ni ventanas,
calles sucias de polvo y de tartanas
de antiguos traficantes de bananas
y gentes de presencias reprimidas.

Ese cielo negruzco y tan incierto
que en nubes desteñidas amenaza
susurrando la brisa al triste viento.
Ánimas apenadas de un convento,
niebla mustia, anegada en el lamento,
es el climax de la ciudad callada.

Esos campos de sueños fratricidas,
sordos aullidos, bestias pignoradas,
ríos contritos de aguas apagadas,
y de aves carroñeras y arruinadas,
ecos del silencio en bienvenida,
sombras sois al final destartaladas.

Teneis, ciudad, los párpados cerrados,
de misterios ciegos en el alma.
Cansados de vagar, vivir cansados.
Todo esto es ficción, y es fantasía,
que es fruto de ficción, la mente mía,
esta ciudad no existe, es inventada.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Leire Bilbao

Leire Bilbao

Descabezando

Hay
pieles de mujer
con un olor más penetrante que el de las escamas
Hay
manos femeninas que se adentran en el estómago
sin saber cómo vaciar sus entrañas
Hay
delantales teñidos por la sangre
Hay
peces con mirada de marido
Hay
branquias que el jadeo desgarra
Hay
cuerpos que tiemblan como las olas
Hay
quienes se acuestan con el mar
como con un amante infiel
Hay
mujeres que arrancan la cabeza al pescado
como si fuera la (suya) propia.

[Poema recogido del libro Ezkatak/Escamas, Editorial Susa, 2006]
Mistos

Levas unha vida de misto
esperando unha morte de misto.

Ti mesmo dicíasme
que máis cru que morrer
é vivir sen saber para que.

E queimáchesme as xemas dos meus dedos
querendo ou sen querer
cando che deches lume a tí mesmo.

Non quero

Non quero unha patria que me enterre
que me traia á boca aquilo que queriamos ser.

Non quero un amor que me fatigue
que se me suba ao pescozo só por vinganza.

Non quero unha nai que me protexa
se non a teño á beira cando o tempo se me vai.

Sen patria, nin amor, nin nai
a onde poderei volver?

Maneras de caerse

Hay distintas maneras de caerse
bien desde arriba
bien desde abajo hasta lo más hondo
también de pie o hacía los lados.

Hay tantas maneras de caerse
como hay maneras de enloquecer.
También hay maneras de autodestruirse con ternura.
Ya sabes de qué te hablo.

Dime que nos ayudaremos a vivir
igual que nos ayudaremos a morir.

Dime que lo nuestro no se trata
de robar a nadie el calor ajeno.

Dime que no somos olvidos
que no somos dos zapatos abandonados en la calle
a punto de caer
como las preguntas y las pestañas
como los niños y los pájaros
a punto de enloquecer.

Todos advertimos cuándo nos hemos vendido.

Perro callejero

soy tan mía como de nadie
me sucede lo mismo que al perro
que intenta morder su sombra
me ponen nerviosa las canciones de amor
mis dedos juegan con el dial de la radio
cuando se cansan de peinarme

negros cuervos anidan en mi cabello
siempre que no vuelen cerca
como la sombra del perro
de hecho hace tiempo
que extravié la sensación de pérdida

cuéntame por favor cosas que pueda olvidar
esas que se escapan de las bolsas de la compra
hace tiempo que sobran perchas en mi armario
no hay nadie que me llame desde la cocina al baño
sigo rodeada de sillas vacías

soy tan mía como de nadie
igual que el perro callejero
puedo seguir engañándome
a mí misma como en este instante
y así por ejemplo
tumbarme al otro lado de la cama
para que cuando me gire y mis ojos me busquen
sea mía la ausencia que encuentre

Convoy exceptionnel

Un convoy exceptionnel de nuevo ante mí
por tercera vez esta semana.
Luces giratorias
gigantes camiones transportando
bloques de piedra destino al dique
como terrones de azúcar que se diluyen en el agua
cúbicas, perfectas, compactas.

Convoy exceptionnel leo tras mi parabrisas
por tercera vez desde mi coche
bloques de piedra que recorren la carretera
pesadas, lentas, cansinas
toneladas de silencio que imagino arrojadas
unas sobre otras.

Bloques de piedra apilándose
sosteniendo ampliando defendiendo el puerto
de la erosión diaria de la mar
resistencia resignada asignada.

Me detengo a un lado y contemplo mi propio dique,
me pregunto contra qué marea luchan mis bloques
cuánto les falta para que las olas
las erosionen del todo.
Creí que nunca lo diría
yo también preciso de un convoy exceptionnel
para volver a mudarme en piedra.

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