UN LUGAR DEL QUE ACORDARSE

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Aunque no quiera acordarme
me niego a morir ¡pardiez!
sin volver alguna vez
al lugar. Y enamorarme

de ese tipo turulato,
luenga barba y gran bigote
visionario, mas non zote,
que en la testa lleva un plato.

Lanza en ristre, su relato
del verbo es el estrambote,
de molinos el azote,
siempre al frente su alegato.

Con su imagen espigada
que simula un garabato,
este loco muy sensato
va arengando a la manada.

Bravo, experto en postureo,
que instigando a malandrines
retando va en los maitines,
y rezando en el toreo.

Con semblante pinturero
besa el polvo del camino
mientras traza su destino
con su amigo el escudero

bonachón y timorato,
tan orondo, con su panza
que en su burro a nada alcanza,
tan ingenuo y tan pacato.

Que aunque parezca está loco,
caballero que es andante,
con su fusta y su desplante
va embistiendo hasta el sofoco.

Siempre a lomos de un trotón,
de enfrentamientos vicioso,
resulta triste y gracioso
si se pega un tropezón.

¡Vive dios! Que iluminado
pareciera tan virtual
que solo existe otro igual
y es Cristo resucitado.

Evidente tiene un mote,
el de la triste figura,
de obligatoria lectura,
de la Mancha, es don Quijote.
©donaciano bueno.

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