EL MUNDO AL REVÉS

»Mi Poeta aquí sugerido: Isaías Gamboa

MI POEMA…de medio pelo Leer otros CUENTOS

 

No puede comprender lo que está viendo,
quisiera no pensar que es retrasado.
Que va como alma en pena resistiendo
a fuerza de a si mismo estar mintiendo
mirando sin cesar hacia otro lado.

No acierto a comprender por qué no acierto,
quisiera descubrir lo que ha pasado
en este cielo azul hoy tan incierto.
Que a lomos de una ola en mar abierto
no puedo cabalgar. Y estoy cansado.

De nada ha de servir que pegue un grito
así pueda ocurrir que me rebele
o sea que al azar ya me remito.
¡Que injusticia! es la frase que repito,
y tengo que calmar porque me duele.

Matar para comer, ¡hay que estar loco!
¿Acaso no existía otra manera
de hacer que en este mundo poco a poco
pudierase ir saciándose el sofoco?
Tal atajo no es digno de lumbrera.

Y aún peor es morir de inanición,
con tanto que libar como existiera.
El que lo hiciera no siente compasión,
es insensible, no tiene corazón,
esclavo, tiene el alma prisionera.

Las lágrimas se han ido diluyendo
mientras mira a sus ojos disecando
al ritmo que otro muro construyendo.
Quisiera así evitar salir huyendo.
Y en tanto aquí me sigo fustigando.

Pues tal como es, hacer pudo cualquiera
-discrepo que este mundo hiciera dios-
en medio de una enorme borrachera.
Seguro estoy de que si hoy lo repitiera
sería diferente. Y habría dos.
©donaciano bueno

MI POETA SUGERIDO: Isaías Gamboa

Isaías Gamboa

LA SONRISA DEL RETRATO

Pintaba un gran artista la figura
de una mujer; pero en la boca había
un rasgo que a su genio se escondía,
que escapa al pincel y a la pintura:
una sonrisa de ideal belleza,
que era como un destello de ternura
perdido en una sombra de tristeza.

De repente el pintor, en la ansia loca
del genio que al crear se inmortaliza,
en un golpe de luz trazó en la boca
la secreta expresión de la sonrisa.

Miró su obra el artista un largo rato
con la muda ansiedad del embeleso.
Y, después, en un íntimo arrebato,
acercóse frenético al retrato,
y borró la sonrisa con un beso.

SONETO A MI MADRE

Tez de América y ojos del oriente,
bozo de seda, labios abultados,
y cabellos oscuros, hacinados
como un crespón sobre la tersa frente.

He aquí la juventud resplandeciente
con sus sueños de gloria acariciados
por los primeros lauros conquistados
a despecho del mundo indiferente.

Pero allá, tras un velo imperceptible,
la sombra de los íntimos dolores
que nacen del amor a lo imposible.

Reflejos de tormentos interiores,
y esa amargura inmensa, indefinible,
del que halló espinas en lugar de flores.

ANTE EL MAR

Mi pensamiento como una golondrina,
pasa rozando el mar con sus alas,
y mi imaginación,
pájaro salvaje y
vagabundo, recorre distancias inmensas,
atravesando velozmente los aires.

BYRON
A mis ojos vacilantes, vagos, húmedos y tistes
que reflejan tus destellos áureos, lívidos y rojos
a mis ojos, bajo el cielo, contra el cual furioso insistes
con tu rabia de Satán.
Otra vez en mi camino, cual te he visto tantas veces,
apareces, en mi ruta de cansado peregrino,
¡Turbio mar!

Sobre el muelle tembloroso de tus alas incesantes
se retuercen, gimen, gritan
y se agitan, anhelantes de catástrofe fatal,
te contemplo, mar brumoso,
mar rugiente y espantoso, mar hirviente,
¡Ronco mar!

No has cambiado, siempre el mismo
siempre el móvil y profundo, vago abismo,
que en sus vórtices quisiera lo existente sepultar,
no has cambiado, no has cambiado, mas mi vida, sí, la mía,
que es distinta, muy distinta de cual era en aquel día
que te vi por vez primera,
muy distinta el cual era,
¡Fúlgeo mar!

Bien recuerdo En los anhelos de mis locas esperanzas escrutaron sus pupilas tus azules lontananzas,
mas allá de lo visible, mas allá
yo era el pájaro atrevido que escapábase del nido,
y al mirar de las gaviotas el constante y ágil vuelo
bajo el cielo, yo quería
ir como ellas y con ellas do tu imperio acabaría,
¡Raudo mar!

Y partí… Fue una mañana. Fajas grises
extendían sus cortinas y tapices
sobre fúlgidos umbrales,
sobre muros de palacios celestiales
en el limite ilusorio de la azul inmensidad,
y el acaso
iba abriendo en tus olajes los senderos a mi paso,
los senderos que la suerte ha trazado en mi existencia
conduciéndome a la muerte
¡Negro mar!

Y riberas
extranjeras
me esperaban, diferentes
tierras, pueblos, lenguas, gentes
con que no soñé jamás
y contrastes de alegrías
del amor, melancolías
del dolor, acerbas penas
insondables, cual tus aguas de amargura siempre llenas,
¡Torvo mar!

Y otra vez ante mi vista
te presentas! Y mi pecho se contrista,
se estremece, languidece,
cuando veo con pesar
que no tengo aun rendida y acabada
la jornada, la espantosa, gran jornada de la vida,
¡Luengo mar!

En mi alma
y en tu alma que conozco yo ,la calma
nunca ha sido, ?nunca! … Siento
que algo tuyo en mi se agita, tus tormentas, tu tormento,
tu inconstancia, tu amargura,
tus protestas a la altura con tu voz de tempestad,
y cual tu, también he ido, viajador de polo a polo,
siempre adusto, siempre grave, siempre triste, siempre solo,
Vasto mar.

Hoy ¿ A dónde? Ya la nave
que me espera, tiene un rumbo
¿Y mañana? ¿Quién lo sabe?
Es mi suerte como un tumbo que de playa en playa rueda,
Sin que nadie decir pueda
De do viene, a donde va!

Triste, mísero despojo del naufragio de la vida,
mi existencia, como un ave cuyas alas están rotas,
a regiones siempre ignotas
por tus ondas va impelida, va impelida,
¡Lento mar !

Yo, el errante peregrino
a quien dio fatal destino varia senda,
¿dónde plantaré mi tienda?
¿a qué golfo de ventura mi barquilla arribará?
En el frío desamparo de la ausencia sobre un atrio,
he soñado en los vergeles de mi hermoso suelo patrio…
Mas su imagen no me alegra.
En su cielo se ha extendido una torva nube negra…
Profanando el sacro Monte,
yo me acojo bajo el ancho pabellón de tu horizonte,
¡Libre mar !

¡Leve el barco! Si está escrito
que parezca lejos, solo y olvidado, oh infinito
mar, recíbeme y sepúltame en el fondo
de tus lóbregas entrañas, lo más hondo, lo mas hondo
tal que nadie pueda hallarme ni turbarme
¡Nunca más !

Y al arrullo de tus olas, cadencioso como un canto,
duerma yo mi último sueño misterioso bajo el manto,
de tus cándidas espumas, de tus iris, de tus brumas,
¡Verde mar!
Isla de Trinidad 1901.

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Mundo – Matio Benedetti
No vayas a creer lo que te cuentan del mundo
en realidad el mundo es incontable
en todo caso es provincia de ti
no vayas a creer lo que te cuentan del mundo
aun los que te aman mienten sobre
probablemente sin saber que mienten
en la vigilia te sentirás lejano
testigo de tu mundo desde el mundo
sin nubes de tu aliento en los cristales
la humareda del hombre se elevar en la noche
y no sabrás de donde viene el fuego
pero la expectativa te volver humilde
en el mundo el abismo es un oficio
las preguntas en vano / una vieja costumbre
los desatinos / marca de abolengo
no vayas a creer lo que te cuentan del mundo
(ni siquiera esto que te estoy contando)
ya te dije que el mundo es incontable.

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