POR PETENERAS

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Ayer soñé con ser un elefante
para plantarle al mundo una pezuña,
después me vi que no era ni una uña
y quise ser un loro en Alicante.
¿Y por qué en Alicante y no en Coruña?
Pongamos que era un loro delirante
que fuera y que viniera a darle el cante
a aquel que tanto gime y refunfuña.
(aquí voy a meteros ya una cuña:
“Si quieres no te coman la merienda
arrímate a algún tipo que te entienda”).
Volvamos a la historia de este loro
que de tanto cantar perdió el decoro
llegando a convertirse en un farsante
mas no creéis que el tipo, ese tunante,
ante tanta memez se amilanaba.
Y es que cuentan hablo le al paquidermo
(quizás lo haya soñado mientras duermo)
y decidió infligirle una gansada
¡no es posible!, diréis o ¡qué pasada!
¡ese bicho debía estar enfermo!
Enfermo o no, no queda alguna duda
que esa imagen de príncipe valiente
fue corriendo en la voz entre la gente
hasta el punto que a alguna dejó muda
y hoy comentan, no sé, que hasta su viuda
(disculpen pues que ignoro era casado,
mas es así que a mi me lo han contado)
al lorito pidió le matrimonio
(justo es aquí el llamado del demonio)
celebrando el evento, aquella cita
que fuera por las élites bendita
y envió la verbena al manicomio.
Y tú ahora dirás que no te enteras
y yo, ¡no lo comprendo, es inaudito!
Ahórrate no más, pagarme un grito
que he querido juntar uvas con peras
y sólo me ha salido este refrito.
obligándome a huir por peteneras.
Discúlpame: al inicio, el elefante,
de toda esta maraña fue el causante.
©donaciano bueno

De santo Domingo trajo – Tomás de Iriarte
dos loros una señora.
La isla es mitad francesa,
y la otra mitad española.
Así cada animalito
hablaba distinto idioma.
Pusiéronlos al balcón,
y aquello era Babilonia;
de francés y castellano
hicieron tal pepitoria.
Que al cabo ya no sabían
hablar ni una lengua ni otra.
el francés del español
tomó voces, aunque pocas;
el español al francés
casi se las tomó todas.
Manda el ama separarlos,
y el francés luego reforma
las palabras que aprendió
de lengua que no es de moda.
El español, al contrario,
no olvida la jerigonza,
y aun discurre que con ellas
ilustra su lengua propia.
Llegó a pedir en francés
los garbanzos de la olla,
y desde el balcón de enfrente
una erudita cotorra
la carcajada soltó,
haciendo del loro mofa.
el respondió solamente,
como por tacha afrentosa:
vos no sois una purista;
y ella dijo: a mucha honra.
¡Vaya, que los loros son
lo mismo que las personas!

Moraleja:
Los que corrompen su idioma no tienen otro desquite que llamar “puristas” a los que le hablan con propiedad, como si el serlo fuera tacha.

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