UN BARCO SOBRE EL DUERO

 

Él quiso ser marinero y un capitán quiso ser
y un barco llegó a tener navegando por el Duero
y en su mástil un te quiero grabado quiso poner
para que pudieran ver lo mucho que yo te quiero.

Iba de aquí para allá de su barco disfrutando
y a las gentes saludando presumiendo de arandino*
brindando un trago de vino, recuerdos a todos dando
y en sueños alardeando anunciando sus destino.

Y vio allí a Gerardo Diego y a Machado y a Unamuno
al tiempo que a uno tras uno se aproximaban mirando,
vio a Rosales caminando y a Bécquer cual un tribuno
y en sus versos a Neptuno y hasta a dios vio imaginando.

Soñaba que en alta mar con piratas se encontraba
y a cada paso soñaba qué zurra les iba a dar,
y entre soñar y soñar una pavesa malvada
se aposentó en su mirada y el barco echó a naufragar.
©donaciano bueno

*Arandino: originario de Aranda de Duero, villa bañada por el río, del cual recibe el apellido.

Romance del río Duero – Gerardo Diego
Río Duero, río Duero,
nadie a acompañarte baja,
nadie se detiene a oír
tu eterna estrofa de agua.

Indiferente o cobarde
la ciudad vuelve la espalda.
No quiere ver en tu espejo
su muralla desdentada.

Tú, viejo Duero, sonríes
entre tus barbas de plata,
moliendo con tus romances
las cosechas mal logradas.

Y entre los santos de piedra
y los álamos de magia
pasas llevando en tus ondas
palabras de amor, palabras.

Quién pudiera como tú,
a la vez quieto y en marcha,
cantar siempre el mismo verso
pero con distinta agua.

Río Duero, río Duero,
nadie a estar contigo baja,
ya nadie quiere atender
tu eterna estrofa olvidada,

sino los enamorados
que preguntan por sus almas
y siembran en tus espumas
palabras de amor, palabras.

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