UN BARCO SOBRE EL DUERO

»El Poeta sugerido: Ricardo Bogrand

 

Él quiso ser marinero
y un capitán quiso ser
y un barco llegó a tener
navegando por el Duero
y en su mástil un te quiero
grabado quiso poner
para que pudieran ver
lo mucho que yo te quiero.

Iba de aquí para allá
de su barco disfrutando
y a las gentes saludando
presumiendo de arandino*
brindando un trago de vino,
recuerdos a todos dando
y en sueños alardeando
anunciando sus destino.

Y vio allí a Gerardo Diego
y a Machado y a Unamuno
al tiempo que a uno tras uno
se aproximaban mirando,
vio a Rosales caminando
y a Bécquer cual un tribuno
y en sus versos a Neptuno
y hasta a dios vio imaginando.

Soñaba que en alta mar
con piratas se encontraba
y a cada paso soñaba
qué zurra les iba a dar,
y entre soñar y soñar
una pavesa malvada
se aposentó en su mirada
y el barco echó a naufragar.
©donaciano bueno

*Arandino: originario de Aranda de Duero, villa bañada por el río, del cual recibe el apellido.

POETA SUGERIDO: Ricardo Bogrand

Ricardo Bogrand

Alianza de mis manos

Mío este cuadro,
este sueño,
esta verdad de polen.

Cruzas sobre mi abierta herida
en la trunca esperanza
en esta tarde de ostracismo.

He visto al mundo desde el plano del mundo,
desde un peldaño más abajo del mundo,
desde ninguna floración de trinos.

Le he visto con estos ojos turbios de pobreza,
con la raída ropa de mi sueño.

¿Cómo decirte?
¿Cómo absorber tu nombre marinero?
Mejor te digo, hermana, camarada.
Hoy ya no temo.
Hoy destrozo mi lámpara ilusoria
y me descubro.
Voy a iniciarte en este nuevo encuentro
de ver las cosas sin ningún paisaje.
A veces pienso que es difícil buscar en esta noche
y tropezar con lo que no se ha visto
y lo que está por descubrir sin tregua
y lo que no te han dicho las mañanas
cuando miras el mar de tu ventana.
A veces pienso que pocos nos quedamos en la sombra
para cantar con nuestros pobres dedos
eso que nadie mira
y nadie toca.

Un día yo te dije:
Ámame, marinera; con tu acuática fiesta de celajes.
Ámame con tu marca elástica de peces.

Ámame con tu puerto y tu escafandra,
con tu cuerpo de esponja y con tu golfo,
con tu piel de cristal y tu silueta.

Ahora yo te digo que me ames
como esa pleamar de los que ansiamos
bebernos las palabras del que muere
imaginando el pan que nunca tuvo.

Quiero que me ames, como yo a los pueblos
cuando abrazan
con los gritos fundidos en su lucha.
Ámame, como amo la libertad, la paz y la justicia,
la vida digna y el pan de todos.

Con ellos

El corazón era un pájaro…

¿Recuerdas, tú, Rosario?
¿Recuerdas mis harapos escondiendo mis sueños?
¿Recuerdas mi juguete de niño pobre,
mi estómago vacío
y mi rostro destruido?
¿Recuerdas aquel carro que me dio un presidiario?
¿Aquellos campesinos que morían
sin nombres,
sin cosechas
y sin lágrimas?
Yo estaba con ellos.
Salí de ellos
Con mis dedos descalzos.

¿Recuerdas cuando el polvo nos cerraba
Los ojos
Entre los jornaleros
Que mordían la tierra
Abriéndose camino a los finqueros?
Yo estaba con ellos.
Salí de ellos
Con mi cuerpo menudo
Y mis manos antiguas,
Traicionadas
Y hambrientas.

¿Recuerdas a mi abuelo con su carreta rota
Fletando café ajeno de la finca
Hasta el puerto?
¿Recuerdas a mi padre, leñador
Silencioso,
Arrastrado entre bueyes
Por un toldo de troncos?

Vine para contar la historia de los hombres
Que mueren
Con la risa desnuda,
Con la voz apagada,
Con las frentes desiertas.

¿Lo recuerdas, Rosario?
¿Y tú, Felipe?
¿Y tú, Pablo?
¿Lo recuerdan?

Nada ha cambiado, hermanos,
Nada, sino los nombres de los que ahora mueren.
Nada, sino los rostros ahumados
De los mismos verdugos.

¿Lo recuerdan…?

La noche esquimal

A Nina, en el recuerdo.

Todo lo abandoné:
Cavé las olas, arranqué los sueños,
Dije a la nada adiós,
A todos adiós,
No pronuncié tu nombre
Porque ya estaban lejos sus letras repetidas.

Todo lo abandoné:
Sigo mi viaje,
De nuevo estoy de paso.
Sobre París cae el calor de agosto.
Salgo a las calles,
Voy a las plazas,
Me detengo en los puentes
Y cual hombre común
Veo correr las aguas reverberantes del Sena.

Estuvimos en la noche más corta
Que hubo sobre la tierra:
La noche era una línea
Y la línea un reflejo
De la noche esquimal.

El norte se nos vino de pronto sobre la luz del río,
Río heroico plomizo
Que otra vez en septiembre cruzarás
Con el otoño que hará flamear
Las hojas amarillas
Junto a los muros de la vieja y callada fortaleza.

Todo lo abandoné:
En mis pupilas queda un poco del verde de tus ojos,
Y solo, aquí, junto a otra edad,
En otro meridiano
Quiero buscar en este nuevo río
Algo que me recuerde
Nuestras frecuentes marchas junto al tuyo.

Todo lo abandoné:
Dejé tus peces frescos alejarse hacia el alba.
Ya no pude quedarme a esperar tu regreso.

Cuando de nuevo vuelvas
Y preguntes mi nombre
Contestarán mis pasos
A lo largo de aquellos poblados corredores.

Te digo adiós,
Me voy,
Vuelve la noche
Y el viaje no termina.

María del Carmen

Es que la vida no había traído un dolor
tan perennemente extraño.
Y como la ceniza que se vierte
las manos arden
y arde la sonrisa
las uñas se rebelan
y el corazón se sale de su orbita.
Es que el dolor tiene un vestido en todo, y es invierno y es verano,
musgosa soledad
y piedra en sombra.
Hace dos años, María del Carmen,
estrella de mi voz y terrenal origen
cayó tu rostro de mujer agraria
al fondo de la tierra,
y tu cabello negro, siempre negro, fue a buscar nueva savia.

María del Carmen, resignación de pueblo en tu mirada,
lucha la de tus manos
por el pan de la aurora
y la esperanza.

Viajé desde tu barrio-corazón hasta el mundo
penetrado en anhelos.
Muerte la de tu sangre
de voz a voz el aire abría tu partida,
y en mi clara tragedia,
inconfundible,
tu adiós quemaba el surco donde sembró tu mano
este recurso mío de no mostrar la lágrima.

Hace dos años, María del Carmen,
y ahora estoy viviendo de tus constante esfuerzo campesino
de morir en sombra
mostrando al sol la cara.
Porque llevo en las venas este genuino estado de los hombres
que no lanzan un grito,
no obstante que la sed
envenena el cerebro.

Recado

Esto para un recuerdo que se quedó encendido
abriendo el mar, a veces, desde su misma tumba,
y en donde el sol caía como un romero líquido
la tarde era una sola gaviota suspendida.

Esto es para una calle completamente absorta
que espera nuevos pasos para nombrar sus huellas,
el polvo es una copa de longitud desierta
cubriendo más de un árbol estacionado cerca.

Hay veces que las manos se me rompen de luces
entre un buscar las voces que se ocultaron pronto.
Entonces siento el viento estrujarse en mi pecho
cuando creo distancias en mi viajar intenso.

Esto es para una meta completamente ajena,
para ir sin sentido caminando en la ausencia
para un buscarse el nombre que se quedó sin letra,
extendido a lo largo de la palabra muerta.

Esto que en mis ojos son sus ojos unidos
como sobre mis labios sus besos acunados.
Esto que llevo triste entre mis manos grises
es la querida forma de su cintura leve.

Amé, crucé incendiado el ancho de mi vida,
conquisté nuevos cielos y germiné entero,
completamente nuevo ascendí hasta sus labios
y hoy desciendo a mi grave soledad sin sonido.

Esta es para un recuerdo que se quedó encendido,
que no ha muerto ni muere y siempre va conmigo.
Es para que yo sepa que aunque camine sólo
hay una novia inédita hasta el fin de mi vida.

Primera lluvia

“¡Arriba! ¡A perforar los siete cielos
con vuestros brazos nudos o cubiertos!
¿Vais con amor? Pues elevad los brazos
verdes, frondosos, apacibles, mansos

J. Moreno Villa

—Ven, vamos a caminar juntos esta vez,
Mañana volveré a estar solo
Y entonces de mi brazo
Irá sólo tu sonrisa

—Ven, pienso que mi camino
Puede aún ser muy corto,
O alargarse de pronto hasta el final encuentro
De tu sangre y la mía.

—Antes que tú llegaras,
¿Dónde estaba mi sueño?
¿Dónde, en qué regiones vegetales del ansia,
Sobre qué soledades se perdían mis manos?
Ya no ciudades grises,
Casas frías raídas—
Ya no

—Sepultureros devuelvan esa cara que era mía,
Quiero recuperar toda mi antigua forma
Que era mi propia vida.

He vuelto con la lluvia,
Con la primera lluvia deshojada
A encontrar la raíz
Que latía entre el barro
Voy al mañana
A recoger las horas que perdí cada día.
Voy a buscar mi rostro,
Mi antiguo rostro,
Y las dos manos firmes que llevaba.

—Ahora, escucha,
Voy a iniciar la vida,
Vamos a caminar unidos esta vez
Porque mañana,
Si yo vuelvo a estar solo,
Habré aprendido a caminar contigo,
Y entonces, siguiendo el mismo ritmo
De tus pasos,
Apoyada en mis brazos me llevaré
Tu sombra.

Romance del río Duero – Gerardo Diego
Río Duero, río Duero,
nadie a acompañarte baja,
nadie se detiene a oír
tu eterna estrofa de agua.

Indiferente o cobarde
la ciudad vuelve la espalda.
No quiere ver en tu espejo
su muralla desdentada.

Tú, viejo Duero, sonríes
entre tus barbas de plata,
moliendo con tus romances
las cosechas mal logradas.

Y entre los santos de piedra
y los álamos de magia
pasas llevando en tus ondas
palabras de amor, palabras.

Quién pudiera como tú,
a la vez quieto y en marcha,
cantar siempre el mismo verso
pero con distinta agua.

Río Duero, río Duero,
nadie a estar contigo baja,
ya nadie quiere atender
tu eterna estrofa olvidada,

sino los enamorados
que preguntan por sus almas
y siembran en tus espumas
palabras de amor, palabras.

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