VIAJE EN TREN…

»El Poeta sugerido: René Chacón Linares

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Hoy hace más de setenta
años que inicié este viaje
en un vagón de tercera,
sin conocer el paisaje,
sin saber el tren que era,
sin rumbo a ninguna parte.

A lo largo del trayecto
-el panorama va presto-,
los árboles veo pasar
a través de mi ventana
mientras siento la galbana
y me pongo a dormitar.

La luna en el firmamento
me sonríe con desgana
y al clarear la mañana
se esconde con un lamento,
el sol vuelve a solear
y el campo vuelve a brillar.

Voy recostado en mi asiento
recorriendo algunas millas,
ensimismado yo siento
la molesta carbonilla
que se posa en mis mejillas
sin decirme lo lamento.

Voy ligero de equipaje,
-suena la cadencia al son
de las traviesas marcando-,
y así voy tarareando
muy bajito una canción
mientras yo sigo soñando.

¡Qué bonito es mi balcón
en el vagón de madera!
¡qué linda la primavera!
¡qué atractiva la excursión!
y saludo a los que son
que yo encuentro en la pradera.

Sube un señor con levita
que desgarra una guitarra,
ahora un chiquillo que grita
¡almendras garrapiñadas,
cuatro tiras, dos pesetas,
cómpreme una papeleta!

El tren camina y camina
y la maquina cansina
se queda ya sin carbón.
Se adivina la estación
aquí el trayecto termina
hasta una nueva ocasión.
©donaciano bueno

Recuerdos de infancia. Viaje desde Aranda de Duero por la antigua línea del ferrocarril Madrid-Ariza, atravesando el despeñaperros de Pancorbo hasta llegar a Miranda de Ebro.

POETA SUGERIDO: René Chacón Linares

René Chacón Linares

Ángel inocente

¿Dónde está el Ángel
Que habitaba en mí?

Sonrisa inocente,
Escuálida delgadez,
Jugando sin censura
Entre sábanas y almohadas
A ser capitán.

Manos intentando
Tocar la torre de marfil,
Ombligo de la tierra,
Fuego de mi sangre.

El tiempo pasó,
Y aún tengo sueños
Insolentes,
Lienzos fogosos,
Envueltos en madejas
De araña.

Ángeles traviesos

Viven encadenados
A sus sueños,
Escuchando silbidos de montañas,
Silencio de cavernas.

Son víctimas de sus delirios.

Preñada lluvia de melancolía,
Esclavos indomables de versos,
Sagitarios de miradas,
Brasa viva en su propio incendio.

Luz fulminante
En el claroscuro,
Vasallos sumisos ante la tórrida lumbre.

Náufragos rutilantes
En un mundo al revés.

Los ángeles poetas:
Enjambre de lo inexistente,
Bufones de la muerte
Dándole voz a la historia.

A pesar del olvido,
Que algún día
Ha de borrar sus nombres.

Los ángeles amantes

Fatuos de la noche,
Sierpe de lo desconocido,
Provisorio de emociones.

Los ángeles amantes,
Llegan justo a la hora
Exacta de la soledad.

La voz entrecortada del deseo
Y su órgano mudo de proezas,
Es un valiente guerrero
Dispersando al enemigo,
Enredándose hasta escuchar
La dulce melodía del vientre.

Y en ese incierto
Pero cercano recorrido,
Mienten hasta ceñirse
Con hilos del amanecer.

El corazón no aprende,
Tampoco el cuerpo,
(Ambos desconocen
La palabra mordaza).

Y de nuevo la espera,
Ávido anzuelo de congojas eternas.

Ángel terrible

(A Silvia Elena Regalado)

Misterio de piel,
Flor sin nombre,
Oruga de fuego,
Vértigo de voces.

Un ángel peinándose a oscuras,
Con ese punto de luz que habita
En silencio las miradas.

Las sábanas de sus alas
Y el galope lento de su amor,
No revelan secretos, ni caprichos.

¡Es un ángel terrible!

Que deja su espíritu,
Y vuelve otro día,
Con un abrazo que ciñe
El corazón desnudo.

El cuerpo de un ángel

Caricia,
Leve soplo,
Festín de pájaros
Que alborota al invierno,
Tierno lago que inunda mis placeres,
La ruta en que me pierdo al trópico,
Olas salvajes,
Que se niegan a estrellarse
En el acantilado,
Una jauría de fieras
Al acecho.

Muelle en que me embarco
Al sur de mis pecados,
Brújula que jadeante
Me arrastra hasta tu cuerpo.

Mi madre, ese ángel

Mi madre vino a la Tierra,
Con la esperanza
De romper lo malo y coser lo bueno,
Tijera y aguja en mano.

Su afán por matizar
Arcoiris y ternura,
Hizo un jardín de esperanzas
De donde brotaron tres espliegos,
Que a fuerza de arrullos,
Manos balsámicas,
Sortearon las travesías del pasado.

¡Qué cosas!
Estos corazones
No fueron humildes
Ni sencillos,
Como ella hubiera soñado.

Hoy,
Los días grises han desaparecido
Y nuestras almas se reencuentran…

Madre,
¡Ya no te afanes!

Ríete de la vida,
Olvídate de las dietas,
Y cosecha las flores con versos de amor,
Que nunca se escriben en vano.

Ángeles de la muerte

Despacio cae la lluvia
Se confunde con las lágrimas.

¿Será la muerte que ronda?
¿El abrigo de la vida errónea que envuelve?

Una bruma densa y oscura
Borra los pensamientos.

Pasos perdidos se deslizan en las paredes.

El aire es más denso.

No es nadie, no es nada
Sólo el otoño ansioso de la primavera.

La muerte seduce,
No encuentra su guadaña,
“Las pasiones ciegan el corazón
—Reprocha―
La lluvia acaba, se esfuma la niebla
Entre cenizas y tortuosos senderos,
Este corazón añun sigue latiendo.

La ausencia de un ángel

En la cumbre de mis ansiedades
Se va tejiendo un volcán de orugas.

Las telarañas inquietas
Se mecen en tu ausencia.

Y tu corazón de alas,
Ignora cuándo vendrás.

La soledad es un batir ardiente,
Que se arrastra en las madrugadas,
Manchando una alfombra
De lívidos pensamientos.

Un ángel demoniaco

(A Claudia Hérodier)

Ella hace llover fuego del cielo
Y con madeja de nubes entrelaza los sonidos.

Esculpe la palabra con fragua y martillo,
En un ángel demoníaco que adora su libertad.

Bálsamo que florece en mayo,
Cáscara inexpugnable de las dudas,
Guarida de pájaros heridos,
Ciclón de cabellos largos
Señalada por índices acusadores.

Mujer que juega a ser madre felina.

Creadora de lo irreal,
Dueña absoluta de la luz y la oscuridad.

Para esta poeta no hay tiempo de morir,
Lleva entre sus manos
Un cargamento de flores silvestres,
Una pieza de soledad ensayada
Y ráfagas de incontenibles sueños.

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