A UN SENO

Enrique Falcón (poeta sugerido)

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La dulzura que emana de tu seno
creemé que me tiene obnubilado,
no me pidas que mire hacia otro lado,
no recalques mirar, eso es obsceno.

Tan perfecta estructura y armonía
no la pudo crear otro Arquitecto,
fuera Dios el que puso su intelecto
con la gracia y el arte que Él tenía.

Si existiera del cánon la belleza
y una regla y compás la diseñara
ten seguro que no lo imitaría,

que ese barro tan dúctil que tenía
nadie pudo existir que lo amasara
con su arte mas que un dios y su destreza.
©donaciano bueno

La perfección solo Dios puede hacerla, o no? Clic para tuitear
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Enrique Falcón

España y poesía, viejita y regañada

con la complicidad de Eladio Orta

En mi país cocido de lejos buenamente con las tripas afuera
los poetas comen jeringuillas con leche
carne de avestruz
brotan de las cuevas con un poco de saliva
se derraman por el campo como niños sin dientes.

En mi país cuchillo en las trenzas de los buenos empresarios
no hay huelgas generales:
los poetas las evitan con un trapo en la boca
brotan de las cuevas con temblores de piel
y lamen los cercados de los hombres ricos.

En mi país castigo en periferia de los barrios más bellos
se prohíben cosas que no sean de madera:
con blancos mondadientes se arrancan los colmillos
los poetas honestos de todo el país
brotan de las cuevas con los párpados mudos
para luego calmarse con trescientos espejos
los poetas honestos de todo el país.

Mi
verdadero conflicto:
que me muerden mis versos,
que no tengo país.
(del libro: Codeína)

Falseando alternativas

  “La justicia no es anónima,
                                  nombre y dirección?
                                                            —Bert Brecht

                                        ( para jorge riechmann )

Ocurre que al amor le sigue
un rubor de tierra tras tu patio.

Ocurre que existe la injusticia,
su sal en el aullido
sin más temblor que la esperanza.

Ocurren las dos cosas
en el mismo tiempo que ambos preguntamos.

Y est?por decidir

sobre qu?posar la lengua
el poema que viene.

Fragmento V /4 de La marcha de 150.000.000

La primera es morir por amor.
La segunda, definitivamente no hacerlo
y aparecer en tu boca como un niño muerto.
Trescientas horas bajo un sol desnudo
que se llena de algas y está próximo a existir:
un comienzo excelente para olvidar los avisos
y clavarse en el mundo
y clavarse en el mundo.

—Para ser oído
diste el cuerpo a su llanura
en el tiempo en que los árboles agrandaban sus cabezas
–para ser oídos–
volcando sus ojos de árbol en tus ojos de hombre.
‘Para verte de cerca, tú: próximo a existir.’

La primera es morir por amor.
La segunda, definitivamente no hacerlo
o cruzar la tierra oscura para ser oído
mientras te manchas de inocencia y de hojas
y te pones un nombre
con el que poder apagarlo.

El informe ´Nunca más´
despidió a Gerardi sobre el asfalto muerto
desatendió casi todos los avisos
pues las tumbas y las memorias heridas de los hombres
reclamarían después todas sus visitas:
en un número superior a cincuenta mil,
los ojos se volcaban en mi mano de hambre.
(La batalla en el cristal contra el licor del miedo.)

La primera es morir por amor.
La segunda, definitivamente no hacerlo
y mirarse el amor como quien juega con un ángel
hasta hacerle daño,
hasta hundirle la cabeza,
hasta hundírsela en el suelo para buscarse el olvido.

Volvieron, como él, reconocible
Romero de América, convertido en diez nombres:
Javier Cirujano, forzado en la memoria—
Alfonso Stessel, sacudido en la memoria—
Jean-Marie Vincent, escapando en la memoria—
Teresa Rosales, agrandada en la memoria—
Julio Medrano, hundido en la memoria—
Quevedo Quezada, enredado en la memoria—
Lopes Filha, abismada en la memoria—
Hernán Calderón, azotado en la memoria—
Manuel Campo, florecido en la memoria—
Riccy Mabel, arrastada y confundida en la memoria—.

A Gerardi le aplastaron la cabeza:
para siempre,
de esta manera,
lo hicieron reconocible
,
el olvido se alejaría sereno
y después se caería en las sillas al negarle más pasos.

—Contra el licor del miedo,
la primera es morir por amor,
o llamarse Gerardi a pesar de las autopsias:
el ejército guatelmateco negaría cualquier participación
—batir de alambre en una noche de cascos—
en el hecho de hundirte la boca,
de tragarse el sol por un hueco del frío
y dejarte a puntito de existir.

Nunca más: el Proyecto Remhi aparecería apenas antes
señalando a los culpables, vomitando puños de memoria:
—’de esta manera a Gerardi,
volvieron a hacerle reconocible’.
La primera es morir por amor.
La segunda, definitivamente no hacerlo
y caer por las ventanas con tu incendio de sienes.
La cola de una estrella se desnucara en tus manos
y tú, muertito de amor, tragándote el abismo.

—Para ser oído,
cae Gerardi del sol a las raíces,
del luto a la memoria
con su enigma de sal para todas las bocas del mundo.
Gerardi muere de resurrección
y enloquecen los amos y los perros del Amo:
de tanto en tanto le duelen los pies de quedarse muerto
de quedarse delirio,
de ser humo sin fecha o cal en los espejos,
le duelen los pies de andar tan muerto y sin agua,
hasta que vuelva el alarido nel árbol,
se muera de amor, o vuelva a ser oído.

Hola de conquistas

las mujeres enfermas que jugaron con burros
las que cavaron tumbas en las palmas de un trueno
las sólo voz dormidas en los centros solares
las hambrientas de todo
las preñadas con todo
las hijas del golpe y de los sueños mojados
las que fijan continentes que dejaron atrás
las niñas con pimienta en sus quince traiciones
las de pan-a-diez-céntimos sin cafetería
las del turno de visita con oficios de muerte
las madres eternas de los locutorios
las arrasadas, las caratapiadas, las comepromesas
las terribles solitas en las salas de baile
las clandestinadas pariendo futuros
las oficinistas que ahogaron sus príncipes
las acorraladas
las desamparadas, las sepultureras
las del polvo sobreimpuesto y el trago a deshora
las poquito conquistadas
las niñitas vestidas con mortajas azules
las que cosen el mundo por no reventarlo
las mujeres con uñas como mapas creciendo
las hembras cabello-de-lápida
          (todavía más grandes que su propio despojo)
las corresquinadas, las titiriteras,
las que tierra se trajeron atada a los bolsillos
las nunca regresadas
las nunca visibles
las del nunca es tarde
las del vis-a-vis sin un plazo de espera
las reinas en los parques y en los sumideros

todas ellas las mujeres que me llegan con todos sus cansancios,
todas, en sigilo: las amantes

y mis camaradas.

LLUVIA TEMPRANA

«El desastre, la resignación, el deseo de perder para descansar, no merecen la pena»
(Belén Gopegui, El lado frío de la almohada)

Esperan que te rindas.

Que devuelvas las canciones a sus cuartos.

Que lenta y pobremente
atiborres sus rincones con cristales

y apartes de tus hijos la visión de una revuelta.

Esperan que claudiques
–seas piel, dentada o marzo.

Que suavemente caigas.
Que así tu rendición.

No les libres de la piedra que respira en tus manos.
No les venzas los ojos.

Nada dice
de la lluvia temprana que va a abatir las puertas,

nada
de ese incendio intacto y por venir.

La tormenta, compañero, llegará.

Contra todos los pronósticos,
menos tarde que temprano,
–seas piel, dentada o marzo–
el ciclo de las lluvias / llegará.

CARTA DE ROSA

Yo pesé al nacer 1.300 gramos:

como un zarcillo,
abordé el comienzo de mi vida por la puerta pequeña:
mi pequeño puño cerrado.

Setenta años después,
continúo en lo mismo:

amé en todo lo posible, sin saber cómo
no tejí ningún miedo con las hebras del amo
alcé los hombros de mis hijos me levanté junto a ellos
no recé casi nunca la oración de mi patrón.

Camino lentamente con una sombra a mi lado.
Vuelvo ahora a lo que fui.

Como un zarcillo.

Mi pequeño puño
todavía apretado.

VALENCIA EN EL SUBSUELO DE LA GLORIA

«¡Que despierte esta ciudad
y se ponga la mortaja! »
(León Felipe)

Levantan un castigo y lo llaman ‘calma’.
Levantan sus manteles y lo llaman ‘hambre’.
Levantan todo ánimo y lo llaman ‘pueblo’.
Levantan a este pueblo y lo llaman ‘patria’.

Levantan testimonio y lo llaman ‘alma’.
Levantan nuestro embargo y lo llaman ‘gloria’.
Levantan un cadáver y lo llaman ‘sarna’.
Levantan nuestros nombres y nos llaman ‘precio’.

Se levantan pronto, y levantan vuelo.
Se levantan sucios y se llaman ‘hombres’.
Si se llaman ‘calma’.
Si se llaman ‘gloria’.
Que nos llamen ‘precio’.

EL FIN Y LA CAÍDA

escribo poemas a dos metros del apocalipsis
–un día anular –con una hoz de tierra
en las postrimerías de mi tiempo de mi mundo de esta edad
sin uñas
escribo poemas,
anillado al amor como un niño amansado.

juan me acompaña y hay luz en sus ojos
la misma luz exacta que no vimos entonces
yo escribo poemas él no suelta mi mano
la tierra se ha apartado –instintivamente

un poco más abajo las historias
ya han sido todas relatadas:
los profetas buscan agua
recogen pronto sus agujas
se aprietan en los patios a esperar el fin de esta tormenta

mi hijo (que ha apretado mi mano)
pregunta si ¿ahora?

yo le digo que nunca,
en el curso de la historia del hombre,
había sido más lícito escribir un poema

(la tierra ha respirado y
en todos sus termómetros se acunan los erizos –
los francotiradores han dejado sus puestos
y en ellos ya no quedan sino piel y colillas)

todo el mundo sabe,
todo el mundo espera

finalmente no hubo el agua que anunciaron los augurios,
el agua que devasta autopistas y campos:
sino agua de los tronchacadáveres,
agua nuestra y lisa de mis antepasados,
agua para el fin de los días, para el rezo en los colchones
cercados de plegarias

las historias, en efecto,
finalmente han sido ya contadas:
solo yo escribo poemas, en las postrimerías del tiempo,
empuñando una hoz que se hinca en la tierra.

mi otra mano en mi hijo
tiembla con la edad que aguardan los hombres
y no hay muerto que hoy no tenga su muerto apretado,
ni su duda de arista, ni su alivio inasible

la tierra, más abajo, se achicó sin sorpresas –
hace ya más de dos horas que callaron las ciudades:
el pan con levadura ha quedado colmado
y en poco más de un rato saldrán de los colegios
(de todos los solares) (de todos sus arcones)
los niños derramando su empeño de cinturas

todo el mundo lo sabe,
todo el mundo lo espera

mientras tanto contesto
(delante de una mano que conduce a mi hijo)
que nunca como ahora
fue más lícito escribir un poema:

este
poema
que hinco en la tierra, empuñando una hoz.

: sí, yo escribo todo esto
a dos metros contados del apocalipsis
–un día anular –con una hoz de tierra:

juan (que me acompaña) ha soltado mi mano

y unidos en la dicha,
contemplamos sobre el curso del agua

(juntos) (para siempre)

el fin y la caída
del Capitalismo.

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