ARS AMANDI

»El Poeta sugerido: Adán Echeverría

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No es más feliz el que tiene
¿más pene?
sino el ducho en el peleo
¿deseo?
e impide que sea tacaña,
la maña.

Pues que para darle caña
se debe atizar al seso,
y aplicar con embeleso,
pene, deseo y la maña.

Mas hay quien ésto lo duda,
¡le suda!
lo que cuenta es aliciente,
¡turgente!
disfrutando del recreo,
¡deseo!

Pues pienso yo y no lo creo.
Que una niña en mi oficina
me provoca, muy ladina,
sudor turgente y deseo.
©donaciano bueno

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Adán Echeverría

Detrás de la inconciencia

Ha sido un nublarse cotidiano                                 
¿quién nos puso como dueños de la verdad                     
si no hemos podido con nuestra verdad a cuestas?             
Ha sido difícil este extrañar y no hay remedio               
viento removiendo las cenizas del continuo espinarse         
No es una revolución  es lugar común el abandono             
creernos vencedores y ser derrotados                         
¿Cómo sobrevivir a los pudores inciertos?                     
inventar nuevas imágenes de la muerte                         
inventar la novedad primigenia de los tactos                 
Te quedas con mi voz y yo en silencio                         
En oculta sombra me he depositado                             
aprenderé del tic tac de los relojes para volverme tedio     
espera de ilusiones y espejo de intransigencias               
Hoy no me puedo mirar en la quietud de tu inocencia           
hoy me siento charco y todos caminan a mi alrededor           
estás acá en el corazón y no me estalla la dicha             
un llanto sordo no me deja respirar                           
                        así es tu luz y quiero devorarte     
Quizá nunca nos pertenecimos como pensamos                   
quizá tu desconfianza soltó sus furias                       
y es el verso el único rescoldo                               
lo que nos salva del ensimismamiento y el suicidio           
Yo y tú atravesando las montañas                             
tú y yo en una gramática inventada que nada cuenta           
Eres y soy esa voluntad de los eclipses                       
estás y no estás en esta ciudad que desespera                 
Nos debemos tantos mitos inventados en la aurora             
Para qué la indiferencia si eres karma y nube que se llueve   
llovizna en la ciudad a la que no pertenezco                 
donde te armas de las coplas y las voces sobrehumanas         
No existe abismo más que mi profundidad de sueño             
Eres espada    hueso que camina                               
  un ojo gármico apenas dibujado en la ceniza               
Millones de clavos caen en círculo                           
siempre en círculo limpiaré esas lágrimas                     
Voy a encerrarme en la página                                 
el único rincón en que puedo purgarme de tu nombre.

De las ruinas

Sueña el dintel de luna negra                           
su sol metido entre las vértebras espera el equinoccio   
serpiente de roca amarga cuelga plumas en el aire       
las piernas del cenote fluyen sus oscuros verdes         
duele la ceiba en la noche áspera                       
remolino de piedras cae al pasto                         
y es sombra del ombligo la pirámide.

Amarillando los rezos

Es una arena
una polución infame
monitoreante paquidermo
decantado silencio
paludismo e histeria
reflexivo y convexo
todo un catarro abismal de penumbra
tu cuerpo marrón
tu cuerpo grito
suburbio
trueno
fijación del agua
maduración del hipocampo
el hipocondrio
la hipótesis perfecta
la caída sucia
la manzana impuesta
el ardor encomiable
esas várices terrosas
ahí habito
dentro de tu manto candoroso
dentro de tus higos
colgado de tus traumas
vigilante
victimante
victorioso suicida
empedernido
empotrado
damnificado en tu ausencia.
Ya no habito
en la cordillera lunar que te propones
que te sitúa adentro de los robles
en el ecuador de la calumnia
ahí
encimada
reconocida
avientrelazada
maniqueísta
silenciadora
paraguafista
reveladora
todo un ser aindiado de comercio
de ser profetizante raciocinio.
Mira mis manos tómalas
corróelas correlaciónalas
contemporalízalas
pandemonizáralas.
Entigrecido me habito
como un hábito lunar ecuestre
en que sacias mi flexible y coaccionante caricia
a tus témpanos
a todos tus tuétanos
a tus tótemes tus tertulias tus telurias
a tus tétricas serpientes de espinazo:
Yo que te amo amarillando
amarillante amor de amo y guerrillero
amarillando los rezos en que me brotas
terroritista
en que me sacias
me precipitas
así
amarillantes ojos
amarillados dientes
toda tú
en el amarillo de la aurora
me recibes.

Autobiografía fanática

En esta libertad se quedaron y
transcurrió el presente siempre a doble espacio
Una solución para la letra sin vacío
sublevación de este mundo carnicero
La soledad y el agua
el estadío enfermo
la borrosa identidad se reconstruye
¿Acaso entre los huesos han construido nichos?
¿Acaso la niñez no tiene perdón
o este cementerio nos refugió la calma?
Del magma surgieron
en el redoble de los árboles y
ya la luz no me consume:
es hueso nuevo el laberinto.

Marítima sensación de cuerpo

“Marítima sensación de cuerpo”
tu nariz es la sombra del plancton que todo lo circunda
arrecife escalando en el oleaje
tu ánimo de mantarraya impulsa látigo de sal
quema quema el iridio de tu vientre
ceremoniosos tiburones archipiélagos
amanece
el salto de los marlins disuelve la bruma
palpitan de sargazo las pupilas del alba
el naufragio tiembla
el sol se reconoce en la espuma
la arena se conforma con sedimentar tu rostro
el cerebro recala
definiendo el horizonte.

Alejandría ingobernable

Alejandría ingobernable

No pude costurarme la piel cuando llegaste
Entraron tus lanzas sobre mi escudo
Todos tus potros y tus corceles recorrieron mi horizonte
Todas mis tropas se rindieron en tu agua
Heme acá sobre el altar del templo
entre las sogas de tus miradas
esperando caiga despacito
(hasta el grito de mis ruinas)
la guillotina de tus muslos

Despacito se me seca la garganta

para Teresa López
Mírame sangrando la nariz
la gusanera se me ha abierto entre los ojos
Me estoy desgarrando las heridas
me estoy divirtiendo con la muerte
y tú
terrorífica diosa del aire
equidistante luna calamárida

anquilosada siempre sobre mis costras
me has bebido la nostalgia
Toda tú guarida eterna
déjame secar la magia de mi brazo
que no me han querido recibir entre los montes
ni detrás de las pirámides del canto
tus gemidos que caen silenciosos largos y constantes
y luego tú terrorista de mis voluntades
equidistante luna de mareas y dobleces
te sitúas dentro de mis vértebras
a estallar para adentro las caricias.

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Es en este entorno social en que yo vivo, en el que nadie tenemos arte…

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