LA MARIMORENA

Mi Poeta sugerido: »Rosario Acuña

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Esa mañana en la misa
se armó la marimorena
que una muchacha morena
apareció de esa guisa
¡qué guapa estaba la nena!
¡qué escotada su camisa!
que a algunos causó sonrisa
y otras murieron de pena.

¡Ozú qué linda es la niña!
¡olé replicó el marqués!
que guapa y qué bella que es
las demás que tengan tiña.
La muchacha recatada
se postraba de rodillas
mientras detrás de puntillas
regodeaba la mirada.

En tanto que al ir de prisa
un paisano, un feligrés
mirando se dio un traspiés
y el coro estalló en la risa.
Asistentes no prestaban
la atención que reprimían
entre tanta avemaría
la mirada no quitaban.

El cura inició el sermón
y al ver que nadie atendía
así a dios se dirigía
pidiendo una explicación
Señor que al amor hiciste,
e hiciste a mis parroquianos
salidos, tan casquivanos
y en qué lío me metiste.

Y aquí pido compasión
para sus ojos insanos
tan lascivos, tan humanos
sin control de la emoción.
Que yo, médico del alma,
que también un hombre soy,
no sé ahora donde estoy
noto que algo se me empalma,
©donaciano bueno

La frase Armarse la Marimorena, se usa coloquialmente para hacer referencia a una gran pelea o a que ha iniciado una bronca entre varias personas, también se le conoce como trifulca, rebambaramba o simplemente un gran alboroto. No somos de piedra, ni tan siquiera son ajenos los que se proclaman representantes de Dios en la tierra.

POETA SUGERIDO: Rosario Acuña

Rosario Acuña

A una gaviota

Tú que cruzas las revueltas
Ondas del mar,
Oye el eco que te manda entre el aura
Mi cantar.

Eco triste y melodioso que se pierde
En derredor,
Eco que del alma brota, cual un grito
De dolor.

Yo quisiera sobre el mundo levantar
Mi pensamiento,
Como allá en la mar te elevas
Desplegando tu plumaje
En el viento.

Yo quisiera, con mi alma,
A través de los espacios
Seguir tu vuelo,
Fijando las esperanzas
Que en ella moran
Sólo en el cielo.

Yo quisiera del humano no ver nunca
La maldad,
Y vivir, como tu vives,
Siempre libre y venturosa
En constante soledad.

Yo quisiera que mi cuerpo,
Desprendido de la vida,
Durmiese en calma,
Y á la mansión de la gloria,
Reina de paz y de amores,
Volase el alma…

Pero ¡ay! que mi pensamiento
Gime en cadenas,
Cuyos fuertes eslabones forman
Las penas.

Y siempre volando en torno
De la esperanza,
La dicha que él ambiciona
Jamás alcanza.

Y contemplo tristemente
Los desengaños,
Que brotan con la experiencia,
Con los dolores del alma,
O con los años.
________
Y va mi vida siguiendo
Triste carrera,
Y de romper con el cuerpo
Que la aprisiona insensato
Ya desespera.

Tú que escuchaste los cantos
que del alma se escaparon
Como un suspiro,
Llévalos entre tus alas
Y no dejes que se pierdan
Con tus giros.

Déjalos en las regiones
De otros mares
Más hermosos,
El aura tal vez los lleve
Donde vi pasar los días
Venturosos.

Allí morirán sin eco,
Que nunca tuvo respuesta
Mi canción…
¡Llévatelos y no olvides
Que entre sus notas va envuelto
El corazón!

Gijón, 1874.El Correo de la Moda, Madrid, 10 de diciembre 1882, p. 362.

Casualidad

Soñé, y en la dormida inteligencia
Vi al humano, con ansia desmedida,
Buscando los principios de la vida
Y dudando a la vez de su existencia;

Vi al ocio revestido de prudencia,
Vi la igualdad tornarse fraticida,
Vi la diosa Razón entumecida
Y en el caos a Dios y a la conciencia.

Vi una raza luchando con la muerte,
A Europa envuelta en sangre y desgarrada,
Más lejos, sin girar, la tierra inerte;

Y aún de mi sueño aquel horrorizada,
Me despertó, con peregrina suerte,
De un loco que pasó la carcajada.
(Revista Contemporánea, V, Madrid, 15 de agosto 1876, p. 20)

Un cuento

Paróse ante las puertas de la vida
Un inocente niño
Y preguntó: “¿Para encontrar caricias,
Flores, arroyos, pájaros y nidos,
Me pudierais decir por dónde marcho?”
“No conozco el camino:
Más adelante encontrarás un guía,”
Le respondió el Destino.

Tornóse en joven, y con ansia loca
Preguntó en su delirio:
“Para encontrar amores y riquezas,
Estimación, virtud, gloria y amigos,
Me pudierais decir por dónde marcho?”
“No conozco el camino:
Si le quieres hallar, búscale sólo”;
Le respondió el Destino.
 – – – 
Llegóse el Tiempo; con su lento paso
Trocó el calor en frío.
El joven, en anciano transformado,
De penas y dolores perseguido,
Preguntó con un resto de esperanza:
“Me pudierais decir por dónde sigo
Para encontrar la paz, la paz del alma?”
“No conozco el camino,
Sólo puedo decirte que le busques;”
Le respondió el Destino.
 – – – 
Al salir del alcázar de la vida,
Cuentan los que la han visto,
Que preguntaba el alma por el cielo
Y nadie le dio señas del camino.
(El Correo de la Moda, Madrid, 2 de febrero 1883, p. 35)

Soneto

¡Igualdad! ¡Casta virgen que aparece
Revestida de mágicos fulgores,
Y que ofrece a los hombres sus amores
Mientras el alma en la ilusión se mece!

Su vaga forma ante la vista crece,
Les invita a luchar por sus favores,
Y apenas se proclaman vencedores,
Cuando al irla a tocar, desaparece.

¡De Libertad y de Justicia hermana,
Su imperio tiene en la mansión divina
Y allí la encuentra la razón humana

Cuando al destino de su fin camina,
Que en este mundo de flaqueza vana
No se la ve jamás, se la adivina!
(Asta Regia, Jerez de la Frontera, 16 de abril 1883, p. 7)

Poetisa

Raro capricho la mente sueña:
será inmodesta, vana aprensión.
Tal palabra
no me cuadra;
su sonido
a mi oído
no murmura
con dulzura
de canción;
no le presta
la armonía
melodía
y hace daño
al corazon.

Tiemblo al escucharla. ¿Será manía?
Oigo el murmullo cerca de mí:
no me cuadra
tal palabra;
que el murmullo
que al arrullo
de la sátira
nació
me lastima
con su giro
y un suspiro
me arrancó.

Si han de ponerme nombre tan feo
todos mis versos he de romper.
No me cuadra
tal palabra,
no la quiero;
yo prefiero
que a mi acento
lleve el viento
y cual sombra
que se aleja
y no deja
ni señal,
a mi camino
que es mi llanto
arrebate
el vendaval.

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