LABIOS DE COLORES/

Olga Acevedo (poeta sugerido)

* Todos los derechos de los poemas publicados pertenecen a sus respectivos autores.

 

Ya sé que tú piensas de mi que soy un pendenciero
más es por eso que hoy pretendo dejar bien claro aquí
que todo lo que yo hago, nunca lo hago por dinero,
y que si soy así
no es porque yo sea un truhán, rufián, ni un bandolero,
que únicamente me comporto así porque te quiero.

Que lo que deseo son tus labios rojos carmesí,
ni tu voz, mirada, sonrisa a mi me atraen tanto
aunque yo haya descubierto en tí más de un encanto,
pero es que para mi
esos labios me causan frenesí, gourmet de santo,
que de sólo pensar a mi existir causan quebranto.

O sean tus labios de doncella, verde aceituna
los que yo desearía ir escalando y percibir
en una plácida noche de amor bajo la luna
y una vez allí
abrazado dulcemente a ti, mujer moruna,
ponernos juntos a contar las estrellas una a una.

¡Oh, labios tan repletos de pasión desenfrenada!
ardientes, delineados, de diosa que provocan
¡ser tu aliento, poder estar más cerca de tu boca
y convertirme en hada
del placer que desde el altar de su morada evocan
epicúreas sensaciones que a mi me descolocan.

Esos, tal vez, azules de mar, labios sinceros,
de ósculos amorosos que ajando ya se gangrenan,
salitre que en los ojos van fundiéndose en su arena
besos de cielo ,
de brisas inundadas de sonrisas que envenenan
permíteme que en tus labios me enrosque y que te beba.

Labios, labios, labios, de todos los colores, labios
Me gustaría agarrarme a esos blancos de inocencia
de mieles virginales y empalagan su presencia
y así de tus resabios
disfrutar mientras gozar le permitas de su esencia
a este amor impaciente al que enriquecen su existencia
©donaciano bueno

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Olga Acevedo

Los malos vientos

Yo venía rosada de fresca adolescencia,
por la campiña verde, bajo el azul de Dios…
Yo venía cantando mi sana florescencia
con el cristal sonoro de mi cándida voz.

Yo venía rosada. Yo venía fragante
oliendo a agüita clara y a risueño botón…
Tú estabas a la vera de mi huella triunfante
para torcer mis pasos hacia tu corazón!

Y como fascinada yo seguí el laberinto
de tus suaves pendientes todas ellas de Amor…
Yo venía rosada con olor a jacinto
Yo venía cantando sin saber del Dolor…

Y hoy… que un viento de olvido sacudió mis hondores
vengo triste y velada por mortal palidez…
Yo venía rosada con mis sueños cantores
y hoy me vuelvo amarilla de temprana viudez…

Serenata

(Para ti… Luna de mis silencios… Luna de mis tristezas).

Rayo de luna suave que llegas a mi estancia…
Entre tus velos blancos mi Carne disolved!
Este espíritu puro puede ser la fragancia
del espíritu blanco de tu buena merced!
Rayo de luna suave que llegas a mi estancia
a ponerme de blanco «la tristeza de ser»…
Ya que en tus albos tules soy como una fragancia
¡hazme como una nube que no pueda volver!
Llévame entre los pliegues de tus rasos plateados!
Tómame con tus manos que son flores de amor…
Vedme como una novia con los velos rasgados
y con los azahares deshojados en flor!…
Rayo de luna suave que llegas a mi estancia…
¡Vedme como una novia que no habrá de ser más!
Ya que en tus blancas gasas soy como una fragancia
¡hazme como una nube que no vuelva jamás!

Sitio

Me veo aún, asegura de la mano de un ángel,
liviana, livianísima, como sobrevolando por extraños follajes.
Me perseguía un viento negro de cuchillos y lágrimas.
Volaban por el aire mis camelias deshechas.
Y con horrible estruendo se abrieron cráteres y abismos
poblado del duro instante de escalofriantes máscaras.
Amenazada con su propia madriguera la víbora
silbaba agudamente (también inútilmente).
Las corrientes de fuego arrasaron con todo.
No hubo límite en pie. Copa, raíz y báculo
cayeron con gran desgarrarniento.
Hasta donde mirábamos se elevaban ardiendo los torrentes siniestros.

Nos perseguían encarnizadamente, nos cerraban el paso.
Su flecha envenenada me buscaba el corazón, la vida.
Algo me hirió por fin, y estallé en ese llanto
silencioso y humilde que me sé desde siempre.
Quise saber el nombre de ese extraño suceso
e interrogué llorando a los dulces guardianes de mi alma.
Largo tiempo tal vez me sostuvo en su nimbo
el mayor de los ángeles que vigilan mi casa.
Y entendí en mi inocencia que entonces, en ese preciso instante,
adonde fuera el alma con sus rosas de fuego,
me hallaría sitiada por rabiosos espectros y mortales enigmas.
Hasta que vino el día que alumbró cielo y tierra.
Se limpiaron los suaves horizontes. Una paz de ala blanca
se esparció por los ámbitos más íntimos del alma.
Y aunque herida, enlutada por la prueba más dura,
el mayor de los ángeles que vigila mi casa
me reveló el secreto. Y me colmó de estrellas,
de fulgurantes dones y apasionados frutos.
Oh Madre soledad, déjame ahora y siempre
adentro de tu espíritu de nardos y de lámparas,
bien segura, bien firme, como en caja sellada
donde no alcanza nada, ni nadie halla la puerta.

AL PIE DE LA LETRA

El tribunal es alto, final y sin fronteras.
Sensible a las variaciones del azar como la nube o como el fuego,
registra cada trazo que se inscribe sobre los territorios insomnes
(del destino.
De un margen de la noche a otro confín, del permiso a la culpa,
dibujo con mi propia trayectoria la escritura fatal, el ciego testimonio.
Retrocesos y avances, inmersiones y vuelos, suspensos y caídas
componen ese texto cuya ilación se anuda y desanuda con las
(vacilaciones,
se disimula con la cautela del desvío y del pie sobre el vidrio,
se interrumpe y se pierde con cada sobresalto en sueños del cochero.
¿Y cuál ser?el sentido total, el que se escurre como la bestia de la
(trampa
y se oculta a morir entre oscuras malezas dejándome la piel
o huye sin detenerse por los blancos de las encrucijadas,
( laberinto hacia adentro?
Delación o alegato, no alcanzo a interpretar las intenciones del
(esquivo mensaje.
Difícil la lectura desde aqu? donde violo la ley soy el instrumento,
donde aciertos y errores se propagan como una ondulación,
un vicio del lenguaje o las disciplinadas maniobras de una peste,
y cambian el color de todo mi prontuario en adelante y hacia atrás.
Pero hay alguien a quien no logra despistar la ignorancia,
alguien que lee aun bajo las tachaduras y los desmembramientos
(de mi caligrafía
mientras se filtra el sol o centellea el mar entre dos líneas.
Impresa est?con sangre mi confesión; sellada con ceniza.

FIEROS TENÍA SUS OJOS

Fieros tenía sus ojos
y ronca y mansa la voz;
finas imaginaciones
y plebeyo el corazón.
Su madre, como sencilla,
no la supo casar, no.
Testigo de ajenas vidas,
el ánimo le es traidor.
Cancioncita ronca, triste,
canción de esclava, canción,
toda te me presentas
en dos ojos y una voz.

EL COCHE SE HAMACABA REZONGANDO LA ALTURA

…El coche se hamacaba rezongando la altura:
un galerón enfático, enorme, funerario.
Cuatro tapaos con pinta de muerte en la negrura
tironeaban seis miedos y un valor desvelado.
Junto a los postillones jineteaba un moreno.
Ir en coche a la muerte, ¡qué cosa mas oronda!
El general Quiroga quiso entrar al infierno
llevando seis o siete degollados de escolta.

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