A CUESTAS CON LA MUERTE

Feliciana Enríquez de Guzmán(Poeta sugerido)

EL POEMA Lee otros poemas TRISTES

 

A cuestas con la muerte, siempre a solas,
cansado ya de tanto caminar,
sentado está en la arena frente al mar
mirando el movimiento de las olas
y empieza a divagar.

Perdida la mirada al horizonte
allí donde termina el firmamento,
palpándose la mente en un momento
lo mismo que si fuera un polizonte
que va silbando al viento,

bucea en las memorias del ayer
-lo mejor del recuerdo es el olvido-,
que en aguas muy lejanas se ha perdido,
no tiene ya añoranza que ofrecer,
que todo se ha bebido.

Y espera, preparadas, sus maletas,
al sol que más calienta con su guasa,
tumbado con su pena a ver que pasa,
guardando en el bolsillo unas pesetas
por si el cielo se atrasa.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Feliciana Enríquez de Guzmán

Feliciana Enríquez de Guzmán

Madrigal

Dijo el Amor, sentado a las orillas
de un arroyuelo puro, manso y lento:
“Silencio, florecillas,
no retocéis con el lascivo viento;
que duerme Galatea, y si despierta,
tened por cosa cierta
que no habéis de ser flores
en viendo sus colores,
ni yo de hoy más Amor, si ella me mira”.
¡Tan dulces flechas de sus ojos tira!

Romance amoroso

A lágrimas y a silencios
reducida, Elisio, el alma,
modo le falta a la queja,
de referirse mis ansias.

No tiene la voz acento,
no encuentra el labio palabras;
todo la pena lo oprime,
todo el dolor lo embaraza.

La causa, ¡ay de mí!, es tan triste,
es tan fuerte la desgracia,
que no mata padecida
porque mate imaginada.

Los suspiros desde el pecho
tiernísimamente exhalan
fuego, que a los ojos míos
comunica en vivas llamas.

Estos de mis sentimientos
verás y extremos declaran;
atiende, Elisio, a mis ojos,
pregúntales lo que pasa.

Mas el corazón te envían,
no saben decirte nada;
no es mucho que aquesta vez
le falten lenguas al agua.

Mi afecto, amigo, te explique
la desdicha más extraña,
que si ha de volver al pecho
no importa del pecho salga.

No para buscarme alivios,
para negociarme lástimas
dispensa mi mal conmigo;
que en razones mal formadas

yo propio, ¡Ay, cielo!, te informe;
valor y aliento me falta,
que expiró, ¡terrible lance!,
la generalmente amada.

A las bodas de Maya y Clarisel

A las bodas de Maya y Clarisel

En los campos elisios Himeneo,
Juno y Venus las bodas celebraban
de dos esposos, y las coronaban
de arrayán y del árbol de Timbreo.

Caliope y Euterpe al son que Orfeo,
Elio y Talía en arpas acordaban,
sus tálamos felices festejaban
de uno y otro llegados al deseo.

“De descanso, diciendo, largos años
les de el divino amor, y la discordia
de su puerta no pase los umbrales;

entre brocados y purpúreos años
Maya y su Clarisel, siempre leales,
gocen de felicísima concordia.”

Te sugiero seguir leyendo...
Cuando veo a algún niño me emociono, no sé por qué será, mi alma se…
Scroll Up