A TI, LECTOR

Poeta sugerido: Fernando Quiñones Chozas

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¿Qué debo hacer, lector, para que tú me leas?
Dime ¿dónde quieres que ponga hoy el acento,
si sólo cuenta para ti ya el sentimiento,
o de inflexión el punto se halla en las ideas?

Capaz de a quimeras atar, si lo deseas,
o que a palabras debiera aplicarle el cuento,
o es quizás la filosofía, el pensamiento,
o sólo en los temas de amor tú te recreas.

Mas aun cuando dudes de mi o no me creas,
para la poesía le soplen malos vientos,
yo seguiré predicando en las plateas,

y cuando ya observe que suben las mareas
nadie digne mis quejas oír o mis lamentos
yo aún he de intentar, lector, que tú me leas.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Fernando Quiñones Chozas

Fernando Quiñones Chozas

Soneto a su ciudad, Chiclana de la Frontera:

Cal encendida, léganos, redores
archibebes, viñedos, plaza, río,
arena virgen de tu playerío,
pico borracho de tus ruiseñores.

Albinas, altas huertas, resplandores
del levante por julio, miel, trapío
del potro, luna lánguida, hoy vacío
el sol antiguo de tus matadores.

Ojos negros en ronda por la vega,
Barrosa, salinar, pinar, labriega
y pescadora tú, de cara al viento.

Abierta madre siempre de la mano
contra el incendio azul de tu verano,
vieja y muchacha por mi pensamiento.

EL PAN ES LUZ CAUTIVA…

El pan es luz cautiva y apretada
Cordilleras del pan, laderas, fuego
blanco de amor la miga, tajo ciego
la tórrida corteza enamorada.

Quiero pan, dame ya esa levantada
visita general y áspero ruego
del pan, carta del pan, hombro, sosiego
del pan y su hermosura y su mirada.

Caballo que en la lengua desordena,
desata el sol, enciende el movimiento
acompasado de la trigalía.

Pan, campana en la sangre, ¡ay boca llena
de pan, de España en llama y luz, oh aliento
con que la tierra viene a ser más mía!

COMO UN RÍO de ROSTROS…

Como un río de rostros, como un río
de sucesos, nos hunde y nos aleja.
Todo es ayer y nunca ya. No ceja
el aluvión de un tiempo, como un río.

Ultima gota tú, ya el correntío
te deja atrás también, te desmadeja
hacia delante siempre. El sol maneja
tu entera historia ya, tu paso, el mío.

Pero tú estás ahora y aquí, tú alcanzas
el cielo con las manos, determinas
la negación del tiempo con tus ojos

y te toca llevar las esperanzas
tuyas y nuestras, y hoy por hoy fulminas
tanta sed y pesar, tantos cerrojos.

MEMORIAS CORPORALES

Marta la que lloraba al despedirse.
Mariana con un lucero en el muslo.
Paca la de Arcos, que se llevaba la noche en una cesta.
Antonia de ojos inviolables,
áspera María Luisa de Zamora
junto al silbido de los trenes,
¡ah Extremeña de bata roja y boca pálida,
Manolita la Verde tocando en la noche de los marinos
su desmedido acordeón carnal,
Rosa desnuda junto a un río,
jubilosa bandera, triste y brava bandera,
escuadrón lívido y hermoso
al que amamos largamente entre los dones del vino,
cuyas sólidas armas abrazamos
hasta los bordes de la aurora
en espera de aquello que aparecía a veces!

LOS POETAS

También tú, curtidor,
y tú, patán hermoso, arrancándole
al invierno terrones, empujando
en agosto el plostellum. Y tú,
herrero entre sombríos fulgores,
o tú, inocente
borracho sin oficio.
También vosotros sin saberlo
conocisteis alguna vez
no la mayor: la única gloria del poeta:
cuando en el prado, la curtiduría,
la taberna, la fragua, se os llegaron
casualmente a la boca aquellas tres, cuatro palabras
que no se habían juntado antes
o nunca habían sonado de aquel modo,
y que dejaban dicho algo,
sencillo acaso como ellas,
pero tan verdadero, tan nuevo y tan antiguo
que os suspendió y enmudeció un instante,
como a algunos de los que os escuchaban.
(de su libro Las crónicas de Hispania, 1985).

Red cautivadora

En la extensión mojada,
lejos de las habitaciones y las leyes,
desveló el nuevo día,
alto ya el sol, una congoja
de salinas y esteros (charcos) extasiados, de rostros
quemados en el mar, de vida quieta
y esperante, bajo la luz del Sur.
Había una charca negra. Los cardúmenes (bancos de peces),
desposeídos antes de su casa sin límite,
arreados más tarde
por las grandes cuadrículas amargas de la sal,
giraban en silencio; hacia la superficie
se conmovió lo negro de repente
en vastos y callados remolinos, como si contuviera
una culpa incallable, mas no llegó a brillar
un anhelante lomo que del aire
lo esperase aún todo.
Hundiéndose hasta el pecho entonces
en los limos (lodales) inmemoriales,
un hombre, cinco, siete, trabaron ya las aguas,
las mallas, las señales
del terror; todo comenzó a hervi…

Música final

No la razón del piano: las del hombre
te condujeron desde que eras niño
y entre la fría luz de la patria angustiada
a la que no habías de volver.
Ya entonces intuiste la caediza
ráfaga del amor, la carrera del tiempo,
los impuros motivos del tambor y las armas,
la soledad en que, como con el regalo
de un dios inexorable,
se mueve nuestra vida hacia su término.
Ya retenías aquello en el sollozo,
más viril y más tierno, de las cuerdas.
Ya eras del todo y para siempre tú,
testigo y mensajero, condolido inventor
de una esperanza para los humanos
o de aquel llanto en luz con que creerla.
Polkas y baladas, las amargas
delicias de un nocturno, los estudios
por los que nieve y fuego, o muerte y vida,
se entrecruzan temblando,
eran emanación de aquella fuerza
con la que el corazón del universo,
cuan…

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