AGNÓSTICO A SU PESAR

Adolfo Alonso Ares(Poeta sugerido)

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Bregando codo a codo con la vida
al borde del abismo voy luchando
implorándote, oh Dios, y al mazo dando
asido a lo punzante de una herida
que avanza poco a poco y desangrando.

Transitando en camino hacia la muerte
hoy te pido perdón si libertino
o inconsciente no más, fuera un cretino,
si en la vida no supe yo quererte
borracho de lisonjas y de vino.

Que he intentado saber donde te ocultas
alzando hasta las piedras de mi mente,
en los flujos que nadan bajo un puente
de los templos a próceres consultas
y respuesta no he encontrado suficiente.

Que un día tuve sed, no me saciaste,
ni acudiste si quise hablar contigo,
nunca supe de ti, si eras mi amigo
y aunque yo te busqué, no te acercaste,
sólo excusas yo hallé en ese camino.

Mas repito busqué, no era adivino.
Y aunque es cierto que fuera algo inconsciente
fuiste para mi la obsesión. Presente
te tuve y no te tuve. Y hoy termino
aún sin saber de ti, sin conocerte.
©donaciano bueno

POETA SUGERIDO: Adolfo Alonso Ares

Adolfo Alonso Ares

POEMA

Pasajes del otoño
Es el sabor del aire, la textura
Que vierte los milagros de la vida.
Garabatos que escribo en una tea que ilumina las noches.
Trazos en los colores que deshilan amaneceres viejos.
Intuiciones que forjan el abismo del mundo inexistente.
Son los gallos que amasan el centeno que guardó la memoria de los hombres.
Poemas que imagino en esos pueblos que aman las leyendas.
Porque en la piel anoto los colores que creó el universo
Y dibujo galaxias e infinitos
Que buscan la verdad de lo que somos.
Es el bestiario-sueño, el espacio de luz que dilapida
Sentimientos del hombre,
Esbozos de la pátina del frío.
Esta es la contienda que deseo
Para vivir inmerso en el paraje
Que guarda en sus caminos nuestras huellas.
Son los gallos que anuncian el otoño.

Donde los ojos miran

Tapiz que se adivina
Y pertenece
Al vaho de universo.

Rostro que no posee el color inerte
De la estatua del parque.

Piedra muda.
Rincón para las lilas.

VI
La pasión ha alcanzado a un sonajero
Y con él hace ruido.

Música de distancias en la huida
De ídolos de piedra.

X

Cuando mi nombre expresa ese silencio
Que oculta los estigmas
Del jardín sepultado.
Cuando todo procede del abismo
Que nunca comprendemos.
Cuando el cielo se rompe en el verano.
Cuando el sol que fermenta sobre el templo
Es una hoguera antigua que se apaga.
Cuando la voz condena al emisario
Nombrándole verdugo de las cosas
Que le fueron ajenas
Y tiene que saciar tanta venganza,
Con manos inocentes,
Y le duelen las manos,
Porque sudor y sangre se entremezclan
Formando una sustancia incandescente.

Cuando tú ya sabías que mi nombre
Se anotaría en mármol.
Cuando la sombra vieja no adivina
De quién
Es
Esa sombra.
Cuando los frutos mueren desangrados
Sin que nadie los coma.
Cuando la ausencia es leve, cuando el hombre
Regresa a su palabra
Y maldice el silencio que le acusa
De ser sólo mendigo.
Por todo, yo te nombro en el verano
Frente a la duda vieja que poseo
Guardada en este cántaro de arcilla.

XVII

Hombres viejos que rompen la memoria
De los pueblos lejanos, divididos.

Es la ausencia del hombre.

XXXIX

Un manantial que agota el lapidario
Y se esconde en el templo
Donde el musgo
Se hace madreselva.

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