AL CIELO PREGUNTANDO

»Mi Poeta sugerido: Alberto Jiménez Ure

MI POEMA… de medio pelo Lee otros poemas ESPIRITUALES

 

Yo quise entender la guerra
y al cielo le pregunté,
te ruego, dime por qué
el hombre al suelo se aferra
y lucha por una tierra
pues saberlo yo no sé.

Por qué existe esa obsesión
en ser siempre diferente,
mejor, más inteligente,
soportando esta prisión,
preciso una aclaración
que alumbre a la que es mi mente.

Por qué con ser libre sueña
si el miedo que le atenaza
lo impide pues va a la caza
de su sueño haciendo leña.
Y sigue, dime, y se empeña
como un pobre hace a una hogaza.

Se emperra en ser trascendente
así que a Dios nunca ha visto,
por qué se emperra, aquí insisto,
en seguir siendo creyente,
y hace caso a algún vidente,
que a entenderlo no resisto.

No obedece a la razón
sus principios traicionando,
diciendo le vayan dando
solo atento al corazón.
Y así crea un socavón
cayendo y su mal pagando.

Le pido una reflexión
que las ideas me aclare,
y entretanto que les pare
a los hombres la ilusión.
Y si no hay explicación
que los errores repare.
©donaciano bueno

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MI POETA SUGERIDO: Alberto Jiménez Ure

Alberto Jiménez Ure

LUCUBRACIONES

(Poemas, 1991-1993. Primer Premio Consejo Nacional de la Cultura, Bienal «Tierra del Agua», 1993)

PRIMERA PARTE
(Contra Súcubo)

I
(Lóbrego Odia a Luzbel)

(Maquillado) oculto en la belleza, Súcubo me acecha
Y espera cual gato detrás de una columna de edificio;
Viste, como siempre, sus mejores ropas:
Su cuerpo se mueve frente a mí, desafiante, una vez más
Porque cree que su poder excede […]

El trampeador asume que los hombres debemos pagar
Un altísimo precio para penetrarlo:
Ignora –quizá– que aun transformándose en ella
Su poder no me instalará, bajo artificio, en la obscuridad.
Elije el nombre de Luzbel para no ser advertido Lóbrego,
Pero sus ojos no iluminan los caminos;
Busca maravillarme con exquisitos bailes y mediante pócimas.
(Este poema fue publicado por la revista «Barcarola» números 42-43, editada en Albacete, ESPAÑA, 1993)

II
(Dos Profetas)

No tengo que afirmarlo infinitas veces:
—No soy el impoluto y asceta hombre que,
Acosado por las pesadillas, la fatiga existencialista
Y el desafecto de quien físicamente se traslada,
Trama la contrición frente al «Poder milenario».

No porque rehúse vindicar al Demonio
Elijo enfrentar a las serpientes siamesas y bicéfalas
Fijadas en el desenterrado libro de quien no pesaba.

Hay dos profetas en el camino:
Uno que la luz lleva y otro cuya soberbia creadora,
Tras las cortinas que mantienen una verdad oculta,
Lo convierte en auténtica bestia.
(Aparecido por primera vez en «Barcarola», ESPAÑA, números 42-43, citada)

III
(En Divino Registro)

En los tiempos que vivo y en los que por venir están,
Antes o después del Big Bang por los científicos descripto,
Triunfo sobre «El Impostor» de femenino rostro.

El decurso y lo que depara a mi (existencia)
Movimiento en el espacio vacío están
Por la iluminación signados: «-Digo que la suma
De mis más fuertes acaecimientos es igual a otra
Que –en Divino Registro– la orilla metafísica habita»
(Inserto en la revista española «Ánfora Nova», números 42-43. Rute, Córdoba. ESPAÑA, 1993)

IV
(Súcubo Tiene Azules Ojos)

¿Qué hacer frente a hechos que me lastiman
Y no tienen alternativas?

—Súcubo me ofende, me humilla con su calculada frigidez.
En estos instantes he querido estar definitivamente lejos
De (él) ella, falsa diosa que ni aun adorando al «Demonio»
Podría admitirla e ignorar que me lesiona.

—Exhibe azules ojos pero su belleza no oculta
Su auténtica y abominable naturaleza.
(Incluido igual en la revista «Ánfora Nova». Córdoba, ESPAÑA, números 14-15).

SEGUNDA PARTE
(Contra lo Establecido)

I
(Antítesis de Poeta)

No concibo al poeta como un animal anodino,
Cual «Individuo de Número» de una imberbe academia
Frente a la libertad de invención;
No puedo asumir la exigencia oficial
Por burócratas promulgada y que dicta
Cuánto debo mantenerme callado en esta podrida sociedad:
seudomundo de elegantes y camuflados forajidos,
De seniles patriarcas que al talento anteponen
Las conveniencias de cualquier índole.

II
(Las Bogas Escriturales)

Frente a las bogas escriturales
Conduje la mía de acuerdo a un incorregible antojo,
Respondiendo a mi desacato y desobediencia intelectual
Ante todo cuanto pudiera castrar mis razonamientos.

Es la poesía para mí sólo el instrumento físico
Mediante el cual desahogo mis reflexiones en redor
De una Humanidad por el Big Bang lamentablemente parida.

En mi templo, proclamo que nada se le compara
En magnanimidad cuando retorna a su primitiva y ontológica
Naturaleza: el registro de síntesis filosóficas.

TERCERA PARTE
(Apologías de lo Impío)

I
(Sin Dios)

Me he quedado sin Dios:
Yo, que alguna vez fui su devoto.
Me he transformado en un hombre
Cuyo destino de sí mismo depende.

La oscuridad y el insomnio, una vez más,
Vuelven a hostigarme y precipitar
Cuanto a otros se presentó impío:
¿No será que debo experimentar
La redención mediante el desencanto religioso?
¿Por qué el evangelio ya no es mandamiento
A seguir en este pueril, secular y mediocre mundo?

II
(Divino Poder)

Si tan sólo me concedieras la dicha
De irme a otra tierra a vivir felizmente
Junto a mi inmaculada familia;
Si yo –por última vez– te rogara mi escape
Y tú, benévolamente, me nombraras tu confidente:
—¿No habrías –acaso– resucitado
Ante mi doloroso escepticismo?

—¡Oh, «Dios Padre» de todos los hombres,
Aun de aquellos que hemos pecado
Y que te defraudamos en nombre de nada!
(Publicado en «LA FACTORIA VALENCIANA» Nº 14, ESPAÑA, 1994, compilación antológica del poeta José M. Molina Caballero)

CUARTA PARTE
(Pronunciamientos sobre lo Doméstico)

I
(Mis Hijas)

Alguna vez pensé que nunca amaría de verdad:
Que semejante (emoción) «sensación psíquica»
A los frívolos correspondía. Hoy, después de verlas,
Admito que jamás experimenté «felicidad» y «dolor» mayores
Ante sus «alegrías» y «padecimientos». A ustedes,
Gretell Sally y Alejandra Linssey, las amo sin límites.

II
(Alejandra Linssey)

En otro tiempo, cuando tú crecías sin fin y vivías
Para mi goce espiritual, sufrí al pensar que
–De hecho– nos separaríamos durante días:
Porque –quizá absurdamente– tu presencia en el mundo
Se había convertido en mi única fuente de existencia.

QUINTA PARTE
(Desobediencias)

I
(Hombres de Ciudad)

Cualquiera pensará que detesto las plántulas,
Las montañas de una sierra todavía nevada que me envuelve;
Dirá que, si pudiera, aun póstumamente propugnaría
El imperio del concreto y lo desértico:
Del acero, el aluminio, el bronce, la plata y el oro
Cuasi metafísicos frente a estos andinos paisajes
Que percibo desde mi alcoba.

Cualquiera creerá que odio lo maravilloso que no puedo ser,
A las aves que picotean las flores y sobrevuelan
Las edificaciones de una ciudad ya no tan fría:
A los peces de un mar inmenso, agitado y profundo
Donde las pirañas ávidamente esperan por nosotros
Para lustrarnos los esqueletos ocultos bajo pieles de colores.

Lo cierto es que los hombres de ciudad somos falaces cuando
Prodigamos el retorno a la «vida rural» y «acientífica»:
Inmersos en las seductoras imágenes de una agonizante naturaleza
Condenada a la desaparición, a ser absorbida por el sol.

Los hombres de ciudad somos escépticos, finalmente
Adeptos de los venenos que la ciencia de la contaminación
Disemina por las metrópolis que dan forma a la civilización.

II
(Ciudad Arquetipal)

No admito hallar belleza en «paisajes bucólicos»,
En el vuelo uniforme de una manada de pájaros,
En un río que surca ferozmente el terreno
Atravesando las montañas que me impiden la percepción
Horizontal del mundo: de lo recóndito.

Es –para mí– una ciudad arquetipal
Aquella en la cual ninguno deja de ser un perceptor
De lo infinito, una criatura moralmente adherida
A tesis que propugnan una visión sin límites del espacio.

III
(Las aves)

No serán tan hermosas las aves
Que los poetas, la Historia mediante,
Exaltan: –yo he visto cómo
Entre sí se mezquinan
Cuanto mi antojo les echa por alpiste.

¡Miserables, por mendrugos
Son capaces de asesinar cual hombres!

IV
(Imbécil)

Eres quien –auténticamente– muere
Cuando imaginas el traslado del féretro
En el cual, con diligencia,
Me han presuntamente ocultado
Para –al final– depositarme en una fosa.

Eres quien ríe al proyectarme sin vida,
Inamovible, putrefacto, desactivado del mundo físico:
Empero, ignoras mi triunfo frente a ti.

Yo he partido hacia «lo desconocido», esa
«Inevitable verdad» ante la que todos sucumbimos.

Imbécil, una vez más, tu arrogancia
Te impide advertir que la muerte fue para mí
Liberación mientras tú continúas temiéndole.

SEXTA PARTE
(Tarde Poética)

I
(Ella 1)

¿Quién es ese ente que tu espíritu y Ser Físico
Con infinita avidez anhela hallar frente a si?
¿Por qué no alguien que –como yo, tu amigo– te admira y ama
Pese a tus «extrañas» y «largas» ausencias?

—Yo he deseado –y tú sabes lo terrible que es– besar
Lentamente tu cuerpo hasta sumergirme con mi rostro
En tu parte más profunda e inaccesible…

Esta es mi confidencia: –Cuando contigo estuve una noche
Que no olvido me sentí, lo juro, feliz: empero, experimenté
Que tú no me correspondías auténticamente.

—Me corriges y afirmas que mi piel emanaba luz
Y que el diamante «no es hermoso por rígido», por invulnerable.

II
(Ella 2)

Hoy he visto más explícitamente la delicia de tu cuerpo
Frente a mí: muy próximo –en extremo– para resistirlo.
—He deseado tocarlo cual si fuese indisoluble al mío.

Hoy he recordado las veces que te acaricié en mi alcoba,
Las ocasiones cuando –presa de una inenarrable felicidad–
Sin cortejo pueril falotré profundamente tu sexo.

He soñado incontables oportunidades que –luego de tenerte
Desnuda bajo mi Ser Físico– la muerte podría sobrevenirme.
Pienso que no es finalmente temible ni tan real como tu orgasmo
Y mi eyaculación, como el agua que purifica nuestras pieles
De la contaminación de un universo maldito y fuera del «Mundo Sacro»
III
(Ella 3)

Noche de copas y bailes, es cierto:
Fueron momentos en los cuales quise –parece mentira–
Vengarme de ti: de tu desparpajo posterior al profundo amor
Que comenzaba a sentir por tu existencia.

Quería abrazarte, besarte, pero, no debía mostrar debilidad
Frente a ti (una vez más). Una mañana comprendí que sólo
La «libertad absoluta» te haría feliz y que yo, para tu vida,
Era una especie de instrumento capaz de producir hermosas melodías.
Lo lamento porque –pese a que la chica de la noche de pócimas
No era abominable– me habría hecho feliz apartarme contigo
Hacia un confín donde nos respirásemos el uno al otro:
Y de esa forma demostrar que es probable comulgar sin límites.
IV
(Ella 4)

No quiero que me sepultes vivo y necesito
Saber si en el fondo de tu psique has registrado
Que podrías –perfectamente– dejar de amarme:
Abolir poco a poco ese sentimiento de quienes
Se fusionan más allá de la amistad auténtica.

—Estoy angustiado, presa de la ansiedad por ti.
E intentaré tocarte de nuevo, muchas veces, infinitas.

Me abruma advertir que, de algún modo,
Despierto en ti sentimientos hermosos: lo inimaginable poético.
—Pero, dime si es posible trasladar a la «verdad física»
Todo cuanto contigo anhelo y sueño…

V
(Ella 5)

Quiero transferirme a tu cuerpo, a tus ojos, a tu sonrisa,
A tu interioridad y fluir con tu goce durante tiempo
Indeterminado: similar a la luz, soy. Similar a esas partículas
O quarks que pueden fácilmente atravesar organismos vivientes…

Te confieso que no dejo de percibirte como una inteligente
Y apetecible mujer, cual «diosa» de un mundo sólo por mi mente
Explicable: análoga a la antítesis de súcubo, de la maquillada.

VI
(Ella 6)

Hoy es una «intelectual e inesperada tarde», un instante
Que seguramente tampoco olvidaré junto a tu hermosura.
—no eres como Súcubo, insisto: cual poderoso «demonio» capaz
De transformarse en atractiva dama para provocarme, incitarme
Y atraparme en una relación peligrosa y enfermiza…

—Simplemente, eres una encantadora mujer con la que podría vivir
Para tocar cuando mi antojo físico dictase: para convertirla
En confidente de mis tristezas y triunfos, de mis hallazgos y
Desasosiego; para –también– escucharla con «paciencia» y «ternura»
—Finalmente, eres un «mundo complejo»: tanto o similar al mío.
Aunque no llegues a pertenecerme, tu existencia disfruto.

VII
(Ella 7)

Debí suponer que tu reaparición era incidental
Que sólo cuando te sientes (asfixiada) abrumada de mundanismo,
De «fatuocircundante», buscas cuanto se presenta puro ante ti:
Transparente, cual cristal por maestro embellecido…

—Debí escucharte sin asombro, escéptico, sin apegos emocionales
Y elevarme por encima de mis obsesiones: de mis sentimientos.

—Repentinamente, experimento resignación: no volveré a evocarte
Cual diosa por ninguno aprehensible, Divina, insustituible […] Las mujeres han sido ideadas para ser admiradas y deseadas,
Para falotrar sin necesidad de previas sublimaciones.

SEPTIMA PARTE
(Cavilaciones de Receso)

I
(Sin Sentido)

La vida tiene tanto sentido
Como los balaustres de una desahuciada e inhabitable
Edificación que paso da a la ad infinitum modernidad…
Implacable, el tiempo cumple con informarnos
Que pronto físicamente claudicaremos
Para permitir un triunfo más a la muerte.

II
(Hipótesis)

Nunca fui hombre libre y siempre de libertad hablé,
De abominaciones también platiqué con algunos: pero,
Al verme reducido a cuanto Dostoievsky llamó
«Cobarde y animal de costumbres», frecuentemente entristecí.
Nadie podrá, jamás, serlo: porque se trata de una hipótesis
Para divertimento de personas inteligentes y depresivas.

III
(Conflagración)

Llovía partículas de metales radioactivamente contaminados»,
Una y sucesivas veces encima de una ciudad en sueños donde
Mis hermanos –Marcelo y Octavio– se preparaban junto a mí
Para sobrevivir a esa anunciada conflagración que nos abolirá…

Sólo yo supe que pronto despertaríamos a un mundo
Más próximo y recordable, a este que todos obstinamos en destruir
Mediante querellas terribles: odio, mezquindad, abominaciones…

IV
(Fuego)

Cual criatura del averno, siempre fuego he querido ser
Para no contaminarme jamás con cuanto podrirse puede…

V
(Percepciones Superiores)

Tengo tormentos mayores, lo admito:
Mi existencia emocional y profesional,
Salvo la consagrada a la «Literatura»,
Tomó un curso insospechado y extraño.

Mis sentidos, ganados para el «pensamiento»,
Claudicaron ante una realidad más dura
Que la naturaleza de la Filosofía: lo doméstico.

—Tengo, no obstante, percepciones «superiores»
E «ilimitadas» bajo extrema desesperación y angustia.

OCTAVA PARTE
(Aturdimientos)

I
(Desenmascaramientos)

Qué lamentable y hasta absurdo es odiar hoy
Cuanto ayer amamos: ello pese a la afirmación
Según la cual no existen argumentos para disfrazar
Inteligiblemente el «desafecto» y la «pendencia».

En el decurso de mi vida, no quise ser aborrecido
Por mi prójimo: pero, el precio de mi libertad
Es el falso sufrimiento de quienes sólo para ellos
La proclaman o entienden… No la defiendo en pro de la
Promiscuidad o licencia: –Lo hago por el bien de mi salud
Psíquica, constantemente amenazada, hostigada, enjuiciada…

II
(Pruebas de Tolerancia)

Quizá por mandato, soy sometido a distintas
Y crueles «pruebas de tolerancia»: sistemática, alevosa
E inagotablemente un engendro de «Elí» me golpea a su antojo.

La descendiente sabe que no soy capaz de responder
Con violencia a sus agresiones físicas, tan dolorosas
Y súbitas en un territorio indiscutiblemente mío.

—Entre mis placeres, no incluyo lastimar a las mujeres.

III
(Ninguna Cosa a La Nada Trasciende)

Para qué ser un lúcido perpetuo
Y mirar la vida cual predicador
De una profecía ininteligible.

Para qué abogar por la permanencia
Cuando ninguna cosa a La Nada trasciende.

IV
(Justicia Relativa)

Todo «delito» lo será siempre
En virtud de preceptos
Posteriores a su ejecución.

La «Justicia» no resiste indagaciones
Y sólo prospera en la psique ociosa
De quien la alude con múltiples fines…

V
(Venganza)

Vil e injustamente, has empleado tu poder para lesionarme:
Empero, ignoras cuán efímero es el mando… Que igual yo
Podría ocupar ese puesto que te ha transformado en imbécil.

Inmisericorde, sólo a ti fustigaría con o sin fundamentos.

VI
(Aristóteles yerra)

Aristóteles impresionó notablemente al inferir:
«Nada es en el entendimiento sin haber pasado por los sentidos»

—Digo que todo lo puedo comprender aun sin percibir,
Palpar u oír en un mundo tan «banal» y «obvio».

VII
(Lo Sagrado)

En el decurso de su efímera existencia,
El Hombre necesita establecer lo para él sagrado:
Madre, hijos, esposa, trabajo, libre albedrío (…)

—Confieso que mi única religión es la totalidad de cuanto
Mi vida encierra: es decir, mi privado y público (mando) mundo…

VIII
(Lo Recóndito de Mí)

Quizá sólo me embriague para de mi tiempo escapar,
Irrumpir en una dimensión en la que mi pensamiento se atrofia
Depurándome de su (carga) significación e infalibilidad…

Quizá no pierda lucidez cuando las pócimas me habitan
Y experimente alucinar territorios bajo tregua,
Todos regidos por la disolución de cuanto impera…

—Lo que vivo no es mi tiempo ni los acaecimientos
La materialización de mis proyectos: por ello, el exterminio acaricio
Y –en lo recóndito de mí– las «espadas» esperan una orden definitiva.

IX
(Prisionero)

Qué ocurre con mi vida a la mitad de su recorrido:
Constantemente, atrapado me siento…
—¿Soy presa de mi «Ser Físico» o –acaso– de la «Moral»?

X
(Nacer para el Enfrentamiento)

Toda criatura nace en parto abrupto y, por ello,
Propende al enfrentamiento.
Física y psíquicamente indefensa, primero encara
La hostilidad de una atmósfera contaminada:
De «virus», «bacterias», «desechos industriales»,
«Detritus» y «doctrinas» (religiosas o políticas)
Absurdamente, devenimos ulterior a la irracionalidad
De una concepción y necesidad de procreación que nos confina
A un mundo irremediablemente destinado a lo criminal…

XI
(El Determinismo)

Nada tenías y –cual exiliado– te confinabas
En un habitáculo que, por «próceres impresos»,
Una buena persona te había alquilado.

Ahora tienes poder, fama y bienes de fortuna.
Te veo igual triste y sospecho la causa:
Todavía los cuerpos a tu alrededor
Hieden a «codicia», «rapacidad» y «deslealtad».

Como si hubiesen sido «desosados»,
A tus pies hombres y mujeres se arrastran.

No querías vivir de ninguno de los descriptos modos,
Empero el determinismo no consulta a sus víctimas…

NOVENA PARTE
(Desasosiegos)

I
(Fascista Confeso)

El maestro –que no mío,
Aun cuando por mí admirado– ha dicho
Fascista soy. Hoy yo declaro –admito-:
Quizá no yerra porque pienso de la «igualdad»
Entre los hombres lo que de la «semejanza» y su «antítesis».

El maestro –que no mío,
Aun cuando por mí reverenciado–
Acertó al advertir que profeso la idea de «instauración»
De un poder que exceda la voluntad de todos los hombres
De «mediana inteligencia»: aquél capaz de fusionar la fuerza
Con la «devoción» hacia lo inidentificable, Supremo Desconocido.

II
(No soy Misógino)

No soy misógino: pero, he descubierto, al cabo,
Que no es común hallar a una mujer «auténticamente lúcida».
Durante años, la mayoría busca formarse no para ser sabia
Tanto como para exigir inimaginables sumas de «procures impresos»
Por dejarse falotrar: el «positivismo comteano» y la «publicidad»
Han castrado la intelección de la casi totalidad de las hembras.

III
(Meretriz)

En mi vida, he conocido numerosas e idiotas mujeres (cierto).
Pero, nunca vi una que elevase su condición
Al postulado bíblico tras implicar a Jesucristo en su fatuo
«Discurso religioso» y «enfermizo comportamiento sexual» ante mí.

Mal alude a la «prostituta pública» y pronuncia, a la vez,
Su deseo de ser representada por un hombre con fortuna…
Ella busca, desesperadamente, la consumación de la «Filosofía
Moral» Decadente tras la admisión del «Conductismo Watsoniano».

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