APRENDIZ DE VIEJO

»Mi Poeta aquí sugerido: Inés Ramón

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Aquí estamos por azar,
porque lo quiso el destino
o el Señor,
dispuestos a terminar
nuestro incansable camino
sin temor;
ese cansino sendero
recubierto de chinitas,
de dolor,
duro se hace a este romero
y qué penosas  las citas
sin amor.

Sabios aquellos maestros
que enseñaban a vivir
sin dudar,
la de los amigos nuestros
aprendiendo a discutir
y a jugar;
inocentes peregrinos
colegiales inocentes,
el pensar,
te dirige a tu destino,
y con el sudor de tu frente
a trabajar.

Cuando nacemos, vivimos
sabiendo cuando nacemos
que el vivir,
es un tránsito interino
que sin rumbo recorremos,
sin fingir;
¡Cuan duro se hace al viajero,
siempre buscando su esencia!
estudiante,
¿dónde reside el misterio?
¿a qué sirven las creencias?
y el talante.

El tiempo persigue al tiempo,
y el antaño ya es pasado,
es ayer,
ahora ha llegado el momento
de sentirse atormentado
y saber
que ya triste y sin aliento
buscas de una institutriz
un consejo
que le dé respuesta al tiempo.
y al que subscribe, aprendiz
hoy de viejo.
©donaciano bueno

MI POETA SUGERIDO: Inés Ramón

Inés Ramón

Abandono

Dentro de la jaula se abre el aire.
Mira la extrañeza de esa única tierra hecha barrotes
y el sol se pone detrás de su mirada.
¿En qué otra voz,
en qué viento
quedaron las caricias,
todo el amor que cabía en una mano
irrepetible?
Dentro de la jaula no hay después. Sólo la inclemencia de unos días
vacíos,
la esperanza de un encuentro,
la sed donde se abreva el temblor hilvanado a esos dos ojos
de inmensa mansedumbre.
Dentro de la jaula se arremolina el viento y barre el olor más profundo
que le devora las huellas:
es nadie y nadie ya lo reconoce,
el aire
apenas lo sostiene.
(Poema con el que participo en el Proyecto “Capital Animal” en defensa de los derechos de los animales)

Un esqueleto cóncavo

Un esqueleto cóncavo
te convexa.

Un fósil ácido
comido de carcoma
tejido de harapos,
casi humo,
te sostiene.

Un vestigio, apenas,
lleno de cráteres
y nidos de serpientes
te soporta.

Mira
cómo avanzas
y te desintegras.
De “Un esqueleto cóncavo”, Códice de Barras, 2011

El café murmura la condena.

Bebo
y unas garras súbitas me crujen los recuerdos,
y un sabor amargo le quiebra
los huesos al insomnio.

Trago la duración de la culpa
y un líquido ataúd
me navega la garganta.

El café aúlla en su oscuridad de abismo,
devora
el silencio que acuchilla
y gime
dentro de una taza
donde cabe la noche.

Se retuerce, acecha
hostiga
los jirones de mi fuga,
me desclava la corteza del tiempo
y me esparce
-soluble-
en su infinita espuma.
De “Circular a veces” Lola, 2012

Y para qué el recuerdo,

la posesión feroz de un nombre
que desmenuzará la lluvia.

Para qué esa apetencia en la mirada,
la obstinación por engendrar al otro
e ir sorbiendo su amargura.

Si ya el silencio
calla.

Si ya la luz
no
te necesita.
De “Hallarse en la caída”, Olifante, 2014

Sólo es necesario un parpadeo

para verter en lo imposible
su propia transgresión.

Un ir y venir desde el asombro
hasta la otra orilla
siempre inconclusa:
en ambas transparencias
acontecerá el signo
sustraído a la palabra.

La oscilación, entonces,
para dejar de ser,
para deslizarse debajo de las piedras
donde se apacigua el vértigo.
(De “Hallarse en la caída” Olifante, 2014)

La última lluvia

La última lluvia
estremeció de sed
todo el jardín.
( De “Puente de Piedra”, Huerga y Fierro, 2013)

No ha quedado nadie en mí.

Ni la lluvia,
inaudible espacio por donde se vertía el cielo.

Ya no hay nadie en la mudez
de mis manos.

He olvidado el nombre,
completamente todos los nombres
deshechos en la niebla.

Hubo, también,
una palabra
que nunca alcancé a decir.
(De “Esquirlas”, Lola, 2015)

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